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Tuesday 22 October 2019
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Cuando cobre mi nuevo salario

El runrún y sentimiento de retorno al Período Especial en Cuba se esfumó de golpe cuando el gobierno anunció el incremento del salario del sector presupuestado. Lógico. La medida, que de tan largamente esperada todavía suena increíble para el oído común, es la jugada más osada de las autoridades en materia de política salarial y financiera en mucho tiempo. De tan audaz, preocupa. Inevitablemente, anticipa reformas más profundas en la economía, si aspira a ser sostenible.

Aunque insuficiente para las necesidades acumuladas en el pueblo desde la década del 90, el salto supera por amplio margen la decisión de elevar el salario mínimo de 100 a 225 pesos en el año 2005. También el crecimiento conseguido gradualmente desde 2014 en el ingreso medio de los trabajadores de las empresas estatales.

Cuando la nueva medida entre en vigor al cierre de julio, el salario mínimo casi se duplicará en Cuba -de 225 a 400 pesos-, y el salario medio de los trabajadores del sector presupuestado aumentará en más de 400 pesos: de los 643 pesos en que se mantenía desde 2017 hasta 1067 pesos.

Sectores que no inciden directamente en la economía pero son fundamentales para el desarrollo recibirán el beneficio: educación, cultura, prensa, administración pública, justicia, servicios comunales, salud. Aunque algunas especialidades –los médicos, por ejemplo- percibieron los primeros aumentos hace unos años, el personal de sectores fundamentales se contrajo ahuyentado por salarios sin ningún atractivo. La pérdida de profesores golpea actualmente a las mejores universidades. ¿Puede un país desarrollarse sin una academia que multiplique el conocimiento en la sociedad y en los núcleos duros de producción y servicios? ¿Puede la economía avanzar sin estructuras jurídicas y de gobierno fuertes que garanticen el timón de la sociedad? ¿Cómo hacerlo en una coyuntura que apuesta a una descentralización que otorgaría mayor autonomía y protagonismo económico a los municipios?

Casi un millón y medio de trabajadores, todo el sector presupuestado, recibirán el beneficio. Y más de 1.2 millones de personas acogidas a la seguridad social cobrarán igualmente pensiones mayores. La primera medida implica la erogación anual de 7.050 millones de pesos y la segunda, otros 700 millones.

Las dudas quizás debiera planteármelas después que reciba y celebre mi primer salario de cuatro dígitos. ¿Soportará la economía cubana una inyección de cientos de millones de pesos en el circulante cada mes? Medidas semejantes despiertan de inmediato el temor a la inflación. Si los precios suben, se evaporaría de inmediato el beneficio del salario real.
La medida, arriesgada en cualquier contexto, llega en un año, además, de presiones y enredos acrecentados, de acuerdo con informes analizados en la reciente sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Entre tantos datos uno preocupa: el Ministerio de Turismo prevé que el arribo de visitantes caiga un 10 por ciento en 2019 en comparación con el año previo, debido a las presiones incrementadas contra Cuba por el gobierno de Donald Trump.

Fallos a inicios de 2019 en la oferta minorista de alimentos y otros bienes y en la importación de combustible, agravados por trabas mayores del bloqueo económico de Estados Unidos a Cuba, habían revivido el fantasma del Período Especial en los primeros meses. Con tales antecedentes son previsibles ahora tensiones en el comercio minorista para asumir la fuerte inyección de circulante que se avecina.

El gobierno, sin embargo, escogió un momento oportuno para aplicarla: en medio del verano, cuando se disparan en Cuba las fiestas, el consumo de bebidas y alimentos. Las ofertas de playas y otras alternativas de recreación vacacional pueden absorber parte grande de la liquidez. La gente gozará y las cadenas de tiendas tendrán un respiro momentáneo sobre otras ofertas del consumo cotidiano. Solo cabe esperar que los organismos y empresas vinculadas con ese comercio tengan preparados los almacenes para asumir la ola de consumidores que llegará a las playas… y a las tiendas.
En las primeras declaraciones y análisis públicos, las máximas autoridades reconocieron el riesgo de inflación, y comentaron políticas para enfrentarlo. “Ante un incremento salarial existe un alza de la capacidad adquisitiva y, por tanto de la demanda. Si eso no se respalda con una mayor oferta puede provocar un efecto inflacionario, o un aumento del desabastecimiento”, dijo el ministro de Economía y Planificación, Alejandro Gil Fernández en la televisión cubana.

Para mantener estable la embarcación, el gobierno cuenta con la posibilidad de control de precios sobre la oferta estatal y el ojo censor que mantendrá, con apoyo popular, sobre los revendedores, la oferta privada y otros indicadores de la inflación.

La amenaza, sin embargo, no solo cabe esperarla desde las tablillas de precios. La economía arrastra también otros desequilibrios monetarios y el déficit presupuestario, por ejemplo, permanece dentro de una olla de presión desde hace años. Los riesgos son múltiples. Aunque para controlarlos, el ministro de Economía no descarta la aplicación de medidas administrativas, como un reajuste de presupuestos en todas las entidades y organismos, parece más inclinado por instrumentos financieros afines a la ampliación y diversificación de la oferta.

Áreas como el turismo y las telecomunicaciones anticipan las primeras tentaciones para los consumidores que contarán tres veces –y algunos todavía no lo creerán- el salario que cobren en los primeros días de agosto. Pero también debieran dirigir los radares en este verano y en próximos meses hacia otros espacios de la red minorista vinculados con viejas necesidades. Los materiales de construcción para reparar y pintar viviendas, otros productos y servicios para el hogar y los clásicos alimentos de cada día son ámbitos ideales para absorber estos primeros incrementos salariales.

¿Y después, qué?

El desafío real vendrá meses después porque no se trata de un regalo por ocasión única, sino de una inyección de miles de millones de pesos programada permanentemente mes tras mes, año tras año. ¿Lo soportará una economía con tendencia rutinaria a la irregularidad en el suministro de tarimas y vidrieras de mercados? Bajo las reglas en que ha funcionado durante décadas la economía cubana veo poco sostenible esta jugada. Pero tampoco creo que el gobierno no haya calculado cuidadosamente el movimiento. Entonces, tengo que suponer que se trata apenas de una operación que anticipa otras transformaciones más osadas, e igual de esperadas, en el corto plazo.

De hecho, algo anunció el propio Presidente, Miguel Díaz-Canel, en Pinar del Río, en una de las primeras intervenciones para explicar exhaustivamente la decisión de ponerle un suero a los salarios del sector presupuestado, pero este primer asunto absorbió la atención del gran público y nubló otras medidas que comentó el mandatario cubano.

La sostenibilidad principal de la mejoría salarial del sector presupuestado depende de la fortaleza que posea la columna vertebral de cualquier economía: el sector empresarial. Para contrariedad de los trabajadores de empresas esta vez las campanas sonaron lejos de la ventanilla donde cobran su salario, pero el beneficio, que pronosticó también Díaz-Canel, debe llegar hasta ellos por una razón: no es lógico que el salario medio del sector presupuestado, que asciende ahora a 1067 pesos, supere por amplio margen al salario medio del sector empresarial, que había cerrado el 2018 en 871 pesos.

La primera señal es la decisión simultánea del gobierno de elevar en las empresas el límite máximo de pago mensual a estos trabajadores. “La empresa que sea eficiente, que tenga utilidades y pueda repartir utilidades, no se va a tener que limitar a tres salarios, puede pagar hasta cinco salarios medios en utilidades”, comentó Díaz-Canel.

A la par, otras medidas anunciadas, 22, apuntan a fortalecer a las empresas estatales y pueden propiciarles mayores montos de utilidades. Me recuerdan fórmulas que le dieron muy buenos réditos a la economía cubana en los 90 pero que años después el país lanzó por una ventana por ser el sofá donde detectó mal manejo de fondos estatales. La recuperación de instituciones financieras, como FINATUR, puede imprimir mayor dinamismo a la actividad crediticia y al financiamiento en divisas de proyectos de inversión y desarrollo en las empresas, sin tener que aguardar por asignaciones de la Caja Central u otros mecanismos de la rígida centralización vertical.
Otras disposiciones crearan oportunidades para que las empresas retengan total o parcialmente los ingresos que logren por el sobrecumplimiento de exportaciones planificadas, para invertirlos en su desarrollo, sin depender de voluntades superiores.

El gobierno apuesta, en palabras de Díaz-Canel, por “ir estableciendo mecanismos económicos financieros que vayan sustituyendo, poco a poco, el exceso de mecanismos administrativos que nosotros tenemos para conducir la economía”.

La novedad real sobre los años 90 será si las puertas de FINATUR y las instituciones financieras anunciadas se abren para ofrecer capital de trabajo o inversión también a las cooperativas y empresas privadas con presencia en la economía cubana.

Por lo pronto, en el paquete de medidas anticipado se insiste en eliminar restricciones a las relaciones entre entidades estatales y formas de gestión no estatal, a fin de lograr mejores encadenamientos productivos dentro de la economía. Y hasta se le han prometido oportunidades a las formas no estatales para exportar y retener los beneficios de esas ventas, aunque quedan sujetas a hacerlo a través de empresas estatales dedicadas a la exportación, que no suelen ser bien vistas ni siquiera por las empresas estatales de producción amarradas a igual intermediación.

Las medidas comentadas por el Presidente cubano, que abarcan otras actividades conflictivas vinculadas con el abastecimiento del mercado interno y el comercio minorista, ponen la mirilla también en objetivos de alta complejidad, nudo gordiano donde se ha trabado la transformación del modelo económico emprendida hace diez años: la reforma de precios, la unificación monetaria y cambiaria y la eliminación de subsidios. Y junto con ello, una reforma salarial real, que todavía no ha llegado; las autoridades aclaran una y otra vez que la movida presente solo es un alza de salarios. La reforma debiera reordenar definitivamente el sistema de pago de los trabajadores en las empresas y otras entidades, y reivindicaría el valor del trabajo en el socialismo cubano.

Sobre la mesa pública, el gobierno cubano no solo puso un sobre más abultado con el salario mensual de los trabajadores del sector presupuestado. También colocaron una carpeta de medidas igual de voluminosa. ¿Cuánto tiempo les tomará aplicarlas? Me arriesgo a creer que veremos pasos concretos en poco tiempo.

Cuando a inicios de agosto reciba mi nuevo salario, iré a celebrarlo con unos amigos y unas cervezas, convencido de que el programa de transformaciones de la economía cubana está a las puertas de una nueva etapa. De lo contrario, el actual incremento salarial correría el riesgo de desinflarse. El año 2020 puede reservar otras noticias igual de esperadas desde hace mucho tiempo.

(Por: Ariel Terrero/ Tomado de Cubadebate)



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