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Sunday 22 September 2019
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El bache de mi barrio

En todos los barrios cubanos existen baches que llaman la atención a los residentes, son motivo de comentarios y hasta de programas humorísticos. Pero, cuántos desde una postura personal nos hemos puesto a buscar solución o al menos atenuar ese problema.

Quizá la primera respuesta que viene a la mente es: yo no soy trabajador de Obras Públicas, Viales, Comunales ni nada que tenga que ver con ello. Primera equivocación, porque ese hueco es causante de roturas y desajustes de los vehículos, sin hablar de los accidentes que provoca.

Cuando hablo de este asunto me viene a la mente mi infancia allá en el barrio de El Marey, en Aguacate, en la provincia de Mayabeque. Entre Aguacate y Caraballo hay una distancia de 17 kilómetros, hoy desconozco como está esa carretera, pero en aquel momento era mejor transitar por las cunetas que por ella.

Varios grupos de niños nos dimos a la tarea de rellenar los huecos con piedras, cocos, tierra y cuanto material encontráramos. El trabajo no tenía como objetivo hacer una obra de buena voluntad, sino la de buscarnos unos kilos.

Centavos que obteníamos de los diferentes choferes que transitaban por esa arteria, los que al ver las mejoras nos obsequiaban con algunas moneditas, las que eran bien recibidas, ya que vivíamos tiempos de miseria, porque todavía no había triunfado la Revolución.

No propongo retornar a esa modalidad, ya que, en primera instancia, no es necesario en la Cuba de hoy que niños hagan semejante trabajo. Me refiero a los adultos que en oportunidades vierten los escombros de los arreglos de las viviendas en cualquier lugar, creando dificultades a los trabajadores de Comunales y contaminando el entorno.

Esos desechos, bien vertidos, pudieran ser una solución temporal para los baches que en oportunidades tienen profundidades que provocan gastos, tanto a particulares como al Estado, por romper vehículos. En mi barrio hubo uno muy popular y con un aval destructivo digno de récord, por suerte hoy ya no existe.

Estuve investigando y la producción de mezcla asfáltica no cubre ni un tercio de la necesidad de la provincia, por lo que la exhortación a todos es para convertirnos en miembros activos de la reparación de calles con recursos propios. Algo así como un patronato. Por cierto, leí un libro que tiene por título Patronato pro calle, patrocinio que tenía como objetivo reparar o hacer las calles de la ciudad de Matanzas. Si quiere podemos tener hasta un slogan: “Mi escombro al hueco”.




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