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Sunday 22 September 2019
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Camerata José White y Atenas Brass: ensemble de lujo

Y el sueño se hizo realidad, pero, así y todo, la tarde se volvió sueño desde que se escucharon los primeros acordes de la Camerata José White y el quinteto Atenas Brass Ensemble, en la Sala de Conciertos matancera, en una Odisea al Espacio, de Strauss, digna de recordar.

Magnífica idea la de unir dos agrupaciones de probada ejecución musical en una tarde de verano para interpretar temas de películas, de ahí el título del concierto: La música en el cine. Propuesta que abarrotó la pequeña sala, muestra, una vez más, del gusto de los matanceros por las artes, sobre todo si de buen arte se trata.

Y meritoria también la apoyatura del proyecto musical con la proyección de fragmentos de los filmes, cuyas bandas sonoras se interpretaban, lo que recabó, lógicamente, un acucioso trabajo de producción.

Y aunque el programa parecía largo, el tiempo se fue volando entre conocidas y selectas piezas como El fantasma de la ópera, ópera rock de Weber; el inolvidable El mago de Oz, de Arlem; La pantera rosa, de Mancini; y La lista de Schindler, del famoso John Williams, cuyas bandas sonoras han acompañado parte de la filmografía de Spielberg: Tiburón, ET, Atrápame si puedes, Encuentro de tercer tipo, Parque Jurásico y la propia Lista de Schindler, por citar algunas.

Pero la obra de Williams también ha musicalizado una de las más reconocidas sagas de ciencia ficción, de George Lucas, como La guerra de las galaxias, con la que las dos agrupaciones cerraron el concierto en un ensemble de lujo.

Y aunque no formó parte del programa, punto y aparte para la banda sonora de las cuatro partes de Indiana Jones, compuesta por Williams, producida por Lucas y dirigida por Spielberg, lo que les valió el título de “la Santísima Trinidad de Hollywood”.

Por un momento cerré los ojos, mientras escuchaba Smile, del querido Chaplin; el tema de James Bond, de Norman; La batalla, de Las crónicas de Narnia, de Gregson Williams; la suite de El señor de los anillos, de Shore; y la suite de Piratas del Caribe, de Badelt y Zimmer…, para pensar este concierto en un lugar más amplio, como nuestro Sauto, que igual se hubiera llenado.

Loas para los directores de la camerata, Bienvenido Quintana; y de Atenas Brass, Rodolfo Horta; para la directora invitada, Ivette Burgois, y para el joven violinista, productor general del concierto y arreglista de la mayoría de las piezas interpretadas por la José White, Héctor Luis Cabrera.

Deliciosa tarde de verano que bien pudiera repetirse con el mismo programa, tal vez en el Velasco, con mayor capacidad para un público ávido de propuestas de este tipo.

No quiero obviar la idea, que me pareció muy bien, de recibir a los presentes en una sala oscura con un “Jack Sparrow” alumbrando el camino. Punto para la originalidad.

Solo acotar algo. Se agradece la gratuidad, pero cuánto hubiera recaudado la José White con esa sala repleta y ¿por qué no  dejar pasar al público a medida que vaya llegando, media hora antes del concierto? Así evitaríamos la aglomeración a la hora de entrar a la sala, sobre todo de un público mayoritariamente mayor.

De todos modos, me sentí feliz por Matanzas y por los matanceros. Sentí que mi ciudad, quienes la habitamos y hasta sus amados fantasmas, volvíamos a disfrutar del milagro de la música. Poco a poco retomamos el orgullo de vivir en una urbe conocida con ese entintado título de Atenas de Cuba.

  • Fotos del muro de Facebook de Mario Sabines




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