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Saturday 14 December 2019
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Modesto Martín Díaz Díaz, un cubano de Fidel

Sentado en el balcón de su casa me contó Modesto Martín Díaz Díaz que escondido en un barco llegó a la tierra de Bolívar, exiliado ante la persecución constante de los esbirros de Fulgencio Batista, porque el dependiente del Club 66 en la calle del Medio de Matanzas fue partícipe en actividades revolucionarias que fueron desde la ruptura de vidrieras hasta la Huelga del nueve de abril de 1958.

“Allí me integré a una organización que encausó las ansias por liberar a la patria lejana, grupo identificado como Movimiento 26 de Julio Sección Venezuela; desde la distancia, fue tarea primordial recaudar fondos y dar a conocer la realidad sobre el proceso emancipador liderado por Fidel Castro”, rememoró el combatiente de la lucha clandestina con decanos bonos y tickets alegóricos a José Martí en las manos.

“Me preguntaban si era cubano de Batista o de Fidel -afirmó-, y no fueron pocos los que me abrieron la puerta ante la respuesta, así fue hasta que, cuando trabajaba en la construcción de la base naval de Puerto Cabello, escuché el himno de Bayamo y el grito ¡Se cayó Batista! Abandoné la faena y regresé a mi patria.”

El cubano que nació el siete de mayo de 1934 en la ciudad de Matanzas, integró la cédula del Movimiento 26 de Julio (M-26-7) dirigida por Félix Ponce para conspirar contra las injusticias sociales de la dictadura batistiana, y resaltó por su labor desde el Club 66, centro de comunicaciones del Movimiento 26 de Julio en la urbe.

Tesoro para Martín eran sus memorias vinculadas a líderes como Enrique Hart, Ricardo González Trejo y Caridad Díaz, y guardaba con orgullo las fotografías junto al Comandante Fidel Castro, al que afirmó hizo sonreír en una ocasión.

El tres de agosto reciente Díaz Díaz se llevó para siempre muchas historias consigo, como esas de las torturas que sufrió en el Cuartel Enrique Estrada, actual Museo de Bomberos, donde existe la recreación del espacio donde intentaban con desgarradores e inhumanos procedimientos arrancar información a los revolucionarios.

En la dirección provincial de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) en Matanzas, organización que dirigió Modesto Martín durante 25 años, le rindieron tributo hoy familiares, amigos, colegas de lucha y trabajo, y ciudadanos prestos a reconocer la impronta de un revolucionario cabal.

Allí, cerca de las flores frescas y el ánfora, no podía faltar esa foto donde Martín y Fidel estrechan sus manos.




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