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Wednesday 18 September 2019
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Primero en el tiempo, primero en el derecho

En tiempos en que Cuba diversifica las formas de propiedad, vale la pena dirigir la mirada a la propiedad industrial, como el código que permite proteger nombres comerciales, emblemas, patentes, diseños y dibujos industriales, así como marcas y signos distintivos de las entidades estatales o no.

De esa cultura que debemos desarrollar Yoandra Aboy Noda, especialista del tema en el Centro de Información y Gestión Tecnológica (CIGET), de Matanzas, comentó

“La propiedad industrial protege al titular, contra tercero.”

¿Cómo se exige ese derecho?

“A la vez que se tiene un registro en cualesquiera de las modalidades de propiedad industrial, tiene un tiempo para ejercer ese derecho y es exclusivo de la persona en el territorio conde se protegió. Esto indica que terceros no pueden utilizarlo, ni reivindicarlo sin su consentimiento. Todos los derechos se transmiten a través de la línea hereditaria y después pasan a ser de dominio público.”

Casos como las patentes, explicó la especialista, tienen un tiempo de vigencia de 20 años y sus propietarios tienen el deber de pagar las anualidades correspondientes.

“En el caso de las marcas, es preciso actualizarlas antes de los diez años de vencimiento y en sentido general se debe hacer un  uso adecuado de cada propiedad”.

Sobre quién, cómo y dónde se realiza el registro de la propiedad Aboy Noda, detalló.

“Pueden registrar todas las personas naturales y jurídicas en el territorio nacional. En el caso nuestro, Matanzas tiene una sección provincial de la Oficina Cubana de la Propiedad Industrial (OCPI) que se halla el CIGET, entidad que perteneciente al CITMA, se ubica en la calle Jovellanos entre Medio y Río.

“La OCPI es en Cuba la oficina que se encarga de todos los registros, pudiéramos decir que es la análoga de la Oficina Mundial de la Propiedad Industrial”.

Un registro que sólo puede efectuar el titular de la propiedad.

“En el caso de las personas jurídicas que son las empresas y organizaciones estatales, si no es el director, éste emite una resolución designando a un representante para las actividades de la propiedad industrial y sería esa persona, previa acreditación, quien realiza los trámites, pero las personas naturales sí  tienen que acudir a la oficina, no se admiten poderes, ni terceros que los representen”.

Acerca de los riesgos que trae el no registrar una propiedad la especialista del CIGET de Matanzas comentó.

“En primer lugar el riesgo de que otra persona que se dedique  a  su actividad lo registre primero, si eso ocurre usted tendría que realizar un modificación de su objetivo para entonces registrar su propiedad.

“Segundo que no pueda reivindicar sus derechos, porque no está registrado y tercero que pierde la oportunidad de obtener beneficios económicos, a la vez que tiene un registro puede realizar alinzas, presentarlo como patrimonio,  como activo intangible personal o de la institución, puede licenciarlo para que otras personas hagan uso de él y usted reciba los beneficios.

“Y para el Estado cubano resulta muy importante registrar el mayor número de patentes posibles porque eso nos da independencia desde el punto de vista comercial ”.

Un comercio al que se incorpora con fuerza el trabajador no estatal.

“Como se registran los bienes o los servicios, los productos o los procedimientos, hoy todos los trabajadores por cuenta propia, asociados o no a cooperativas no agropecuarias, que deseen anunciar su negocio de una manera diferente a lo que dice su licencia, tienen que realizar una solicitud de servicio ante la OCPI ”.

Elementos muy válidos a tener cuenta para evitar situaciones de reclamos como la ocurrida entre una entidad estatal y una cooperativa no agropecuaria de la ciudad de Matanzas.

“En la calle Laborde, perteneciente al barrio de Versalles, la dirección de Comercio y Gastronomía abrió un establecimiento al que llamaron El Chiquirrín, por el nombre del área, pero no lo registró. Unos pasos más adelante un trabajador por cuenta propia estableció un restaurant y también lo nombró El Chiqurrín, pero sí lo registró.

“Al ser el primero en registrarlo ganó el litigio con la empresa estatal. Otro ejemplo fue el bar Gaviota Negra, instalado igualmente en esa zona por un cuentapropista. Aquí la oposición la presentó la marca Gaviota del Ministerio del Turismo.

“Es decir que mientras se dediquen a la misma actividad no se pueden llamar igual y primero en el tiempo, primero en el derecho. Quien primero registre el nombre lo hace valer hasta que desee, aunque los nombres prescriben si a los diez años no fue renovado”.

 




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