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Tuesday 17 September 2019
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Matanzas merece un Coppelia mejor

En platos llanos sirven un helado prácticamente derretido.

Dos obras capitales dejó fuera el Programa 325 de reanimación de la ciudad de Matanzas. Dos obras que a mi juicio nunca debieron ser excluidas.

Ninguna, sin embargo, fueron tenidas en cuenta en un plan que, para ser justa, se concentró en el centro histórico de la urbe yumurina y eso de alguna manera pudiera justificar el hecho de que el Ateneo deportivo y el Coppelia, el principal Coppelia de Matanzas, hayan sido obviados en la reparación de mayor envergadura que se recuerde en los últimos años por aquí.

Como si esto no fuera suficiente, el uno y la otra siguen sin aparecer en plan de inversión alguno.

El Ateneo, colapsado hace ya diez años (18 de mayo de 2009),  no solo continúa reducido a escombros, sino privando de espectáculos del músculo a la población de una provincia ávida de volver a vitorear allí a su equipo de baloncesto.

Y una pudiera llegar a entender que la economía escasea, que a veces se elige entre esto y aquello y termina aceptándose la prioridad de una cosa sobre la otra. Pero cuando se analiza un poquito, cuando se compara el monto de dinero demandado para reconstruir el Ateneo contra lo necesitado para poner bonito el Coppelia, ahí sí tendría que resistirme yo a escuchar justificaciones, porque las finanzas de este sí son menores.

Nadie podría negar esta certeza: El Coppelia de Matanzas es hoy unas de las instalaciones más feas de esta occidental provincia. Y lo digo con propiedad. Feo por dentro y por fuera. Con poca estética y cultura del detalle.

A esa cuestionable imagen, “sin siquiera  un toldo para protegernos de sol”, como cuestionan tantos clientes, habría que añadir aspectos subjetivos perjudiciales para el prestigio de la unidad perteneciente a la Empresa municipal de Gastronomía.

El intenso sol demanda la existencia de un toldo que proteja a los clientes mientras esperan su turno.

En un monitoreo de una semana, durante seis días Coppelia cerró entre las 7:00 y 8:00 de  la noche por falta de helado, cuando su clausura oficial está fijada para las 10 y 45 pm, lo cual irrespeta su horario, muy notorio en una época de tanta demanda como en verano, etapa estival, cuyas elevadas temperaturas mueven cientos de personas hacia la heladería.

Pero vayamos por paso. ¿Qué justifica el cierre temprano? Según la administración, varios factores influyen. Primero, solo suministran 220 cajas de helado, insuficientes para mantener el servicio en el plazo pactado. Segundo, no siempre llega en tiempo el carro transportador del helado, que viene desde Cárdenas donde está la fábrica. A eso habría que añadirle su poco estado de congelación al momento de ser servido al Coppelia. Ese inconveniente obliga a endurecerlo para luego poder trabajarlo.

Al inconveniente se suma el mal estado de las cámaras frías del Coppelia y de sus neveras pequeñas, dos factores determinantes en el malestar generado a los clientes, por lo general muy inconformes porque pagan por helado y reciben batido.

Los desperfectos de las neveras afectan el grado de congelación del helado.

Hace poco más de un mes la falta de insumos, vasos fundamentalmente, impidieron el funcionamiento del área de la terraza donde se ubican más de 16 mesas. Ello supuso largas colas y una excesiva demora. Por suerte, el asunto está resuelto, no así el de las vasijas del helado. En vez de haber canoas, u otro tipo de envases, lo que hay son platos llanos. Bolas derretidas en platos llanos. Nadie escapa de embarrarse.

Tampoco posee identidad propia el Coppelia, ni colores, ni uniformes, nada que lo distinga y es hora, digo yo, de mejorar las cosas en la casa principal del helado en esta provincia. Invertir en él. No darle una pasadita de pintura. No, eso no. Invertir en grande, ampliarlo, hacerlo de dos pisos, subirle el muro para que acabe el desorden de entrar y salir por donde no se debe.

Y ya que estamos soñando. Cuándo volverán las verdaderas ensaladas, de dos, tres, cuatro o cinco sabores, para no seguir pagando como mezcla de sabores algo que no lo es.

Muchas cosas deben comenzar a cambiar en el Coppelia, a sabiendas de que cualquier transformación debe iniciar desde dentro. Desde la posibilidad de dar un mejor servicio y eso depende de los propios trabajadores y sus jefes.

Lo que no depende de ese colectivo son las inversiones. El Coppelia de Matanzas merece un cambio profundo. Quizás haya que comenzar por colocar la P que le falta al cartel de la entrada, la primera evidencia de la dejadez padecida por un sitio del que mucho esperan los matanceros.

  • Fotos de la autora

Tan mal está el Coppelia que hasta la P le falta al letrero.




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