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Tuesday 15 October 2019
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Los sueños de Laura a través de su violín

Es imposible pasar cerca de la Escuela Profesional de Arte de Matanzas y no disfrutar las melodías que de su interior emanan. Es común escuchar las Quinta y Novena Sinfonías de Beethoven, los conciertos de Mendelssohn y Viotti, o las congas y trovas tradicionales interpretadas por la orquesta de la escuela.

Transgredir el umbral de la recepción es adentrarse en otro universo, es ver el mundo entre ritmos y partituras. Las paredes están tatuadas con los nombres de agrupaciones y figuras que marcaron hito en la música, como para mantenerlos siempre vivos. En medio de los inmensos cuadros y notas hay un sitio similar a un parque donde casi siempre los alumnos estudian o afinan sus instrumentos. Puedes sentarte y permanecer en silencio, pero quizás la música haga tu mundo de repente.

Es una escuela aparentemente igual a todas, pero encontrarse con estudiantes como Laura Esther Riverol Mitchel, puede hacer la diferencia para quien de música no conoce mucho. Su espíritu  de sacrificio, apreciable a simple vista, no pasa desapercibido cuando allí te encuentras. Semeja un escultor puliendo su mejor obra o un maestro impartiendo la clase de su graduación. Es constante, enamorada eterna del camino que escogió para su vida. El violín parece ser su primer amor y promete quedarse como el más fiel.

Laura, referido por sus profesores, es una de las mejores estudiantes del segundo año de violín. Cuesta trabajo conversar con ella sin que te regale una sonrisa amorosa e inocente propia de sus 16 años. Lo más usual es que te reciba frotando las cuerdas de su violín. Es dedicada y como ella misma confiesa no hay nada que disfrute más que la música. Tocando el violín es como mejor se siente. Estudiar no representa una obligación para ella, sino un placer y un eterno espacio para unirse a la pasión que llena su ser.

Comenzó en un coro con solo tres años de edad, a los siete frotó por primera vez las cuerdas de un violín y a los ocho años ya formaba parte de la Escuela Vocacional de Artes de Matanzas. Sueña con cursar estudios superiores en el ISA (Instituto Superior de Arte) y agradece en gran medida a los maestros de la cátedra de violín su exigencia porque los hace ser mejores alumnos cada día. Es un amor excepcional el de esta joven con su instrumento. Fidelidad a toda prueba. Dedicación hasta el punto de tocarlo en la calle o dentro de su casa, al salir de la escuela. Empeño en conocerlo profundamente como quien busca entenderlo todo sin perder ni un solo detalle.

Laura habla de lo mucho que  disfruta los pizzicatos, y en especial los de Leroy Anderson, como el titulado Plin Plan Plun. Ya esta un poco apurada, se alista para una clase de matemática y a pesar de que ahora no recuerda si hizo la tarea, su violín roba su atención y sobrepasa la importancia de los deberes.




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