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Wednesday 23 October 2019
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¡Lorenzo Padilla, los pinceles, la vida!

Cuando se camina por la calle Jovellanos, entre Contreras y Milanés, en la ciudad de Matanzas, resulta imposible tornar la vista hacia el interior de los bajos del nuevo edificio de la Escuela de Oficios Daniel Dall’Aglio, porque allí los colores atraen la vitalidad y la buena vibra.

En el aire se percibe el olor a acuarelas y empastes para lienzos, desde la calle se ve al maestro Lorenzo Padilla en su taller, muchas veces se le ve, descamisado y pintando, siempre pintando.

Con respeto me abrazo a la reja de su local de arte e incrusto la cabeza entre los barrotes de manera atrevida, y le pido “otra” entrevista para Radio 26 con una sonrisa suplicante. ¡ Y me dice que sí, y me hace pasar como si me conociera de toda la vida! Padilla ama conversar…

Tras su regreso a la patria matancera, el artista plástico siente un profundo agradecimiento con la Oficina del Conservador de la Ciudad, institución que donó este local ubicado en la recién remozada Escuela de Oficio de Matanzas, con el objetivo de facilitar el proceso creativo al maestro Padilla.

En este local, Lorenzo pinta sus cuadros sin descanso, y abre las puertas cada mañana como quién invita al visitante de paso, al peatón curioso, al amante del arte, a todos los matanceros.

En este enclave, sueña Padilla instaurar una biblioteca con valiosos ejemplares que posee sobre artes plásticas: “Espero que acaben de montar la biblioteca, faltan algunos detalles, pero tengo muchos libros que deseo compartir con las personas, y los tengo todos en un desorden grandísimo, y yo con eso pienso contribuir un poco a elevar la educación y la cultura general de mi gente”.

“Después de su última visita he pintado muchos cuadros, yo trabajo todo el tiempo, no se me cansa la mano” –sentenció.

Máscaras, exposición de diversos artistas yumurinos enclavada en la filial de la UNEAC provocó la creatividad del pintor, quien en esta ocasión prefirió experimentar con el performance y la instalación: “Me invitaron a participar en esta muestra, y construí una máscara con materiales reciclables: una botella, guantes y algunas telas”.

Luego de su incursión en la Bienal Ríos Intermitentes, el maestro Padilla donó materiales de trabajo a la Escuela provincial de Artes Plásticas de la calle Río: “no me considero un buen maestro para enseñar a las nuevas generaciones, porque soy muy tradicional, y los muchachos nuevos tienen ansias de emprender el vuelo, de innovar y crear como debe ser en todos los tiempos, ya me siento viejito para esos encontronazos generacionales, si me piden un consejo lo ofrezco con la mayor disposición, es importante que también los jóvenes escuchen los consejos de los mayores”.

La Fundación Padilla, dirigida por su nieto desde París, procura además de sus habituales donaciones sostener la conexión con esta urbe de ríos y puentes, y así, con esta tendencia prevén construir un Museo a las orillas del río San Juan, quimera que aún depende de cuestiones organizativas y estructurales de las instituciones involucradas en ello.

Con respecto a su línea creativa el pintor dijo a Radio 26 que siempre realiza una búsqueda antes de producir su obra, busca en sus recuerdos, en el entorno y en la vida: “Reconozco que los cuadros que vendo en Europa poseen valores superiores a las posibilidades medias de los cubanos, por eso estoy procurando congeniar precios adecuados a nuestro contexto, para que los cubanos compren también los lienzos de Padilla, la cuestión es que los materiales que utilizo en mi trabajo, que utiliza cualquier artista plástico son caros y de difícil adquisición, por eso valoro a los creadores de nuestro país que trabajan contra todos los pronósticos e impedimentos para exacerbar y proteger la cultura en Cuba”.

De pequeño este señor soñaba con ser un ícono de las artes: “Anhelaba ser un gran pianista, mi padre se opuso, luego comencé a inclinarme por la pintura y ya soñaba con ser un gran artista de la plástica, a lo que mi padre se rehusó nuevamente y hasta me tildó de homosexual por ello, (nunca entendí qué relación tenía una cosa con la otra). No me quedaba otra salida que enfrentar los prejuicios de mi papá y asumir mi camino con entereza, para eso nací”.

Lorenzo Padilla se siente acompañado en Matanzas, aunque confesó sentir nostalgia por su otra patria: “Aquí yo me siento bien y tranquilo, vienen a visitarme personas de todas partes del mundo interesados en mi creación, pero pasé tantos años fuera que extraño bastante a mis amigos de “La Francia”, he perdido muchos amigos, a mi edad ya muchos se van, y yo todavía tengo la suerte de quedarme”, concluyó.




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