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Thursday 21 November 2019
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Playas, costas, arena…, protección

En junio de 2012, en la Cumbre de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, efectuada en la ciudad brasileña de Río de Janeiro, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, expresó que Cuba había iniciado la adopción de medidas para enfrentar  las serias consecuencias que traería, especialmente para las costas del archipiélago, las actuales tendencias del cambio climático.

Así se daba a conocer lo que el 25 de abril de 2017 el Consejo de Ministros aprobó como Tarea Vida.

Este Plan de Estado, comprende el diseño y ejecución de inversiones progresivas a corto, mediano, largo y muy largo plazos hasta el año 2100 para reducir las vulnerabilidades en las zonas proclives a inundaciones por elevación del nivel del mar y salinización de las tierras fértiles y el agua potable por penetración de la cuña salina.

Con ello se establecieron como prioridades la seguridad física y alimentaria de la población, así como el desarrollo del turismo en zonas costeras.

Y es que en Cuba las playas o zonas de baño constituyen un elemento fundamental en la actividad recreativa del verano, pero los procesos de erosión que experimentan con retrocesos en la línea de costera ya promedian 1,2 metros por año.

Como esa degradación provoca la pérdida de superficies útiles para la distracción y un correspondiente impacto negativo en las actividades turísticas, en Matanzas provincia donde se ubica el mayor polo turístico de sol y playa del país, Tarea Vida, favorece programas como la rehabilitación de las playas arenosas.

En Varadero, el vertimiento de arena, la conformación del perfil de las dunas y la demolición de instalaciones ubicadas en la línea costera ha permitido el rescate de más de dos kilómetros de frente de costa.

A estas acciones se suman la construcción de pasarelas para acceder al mar, el control de especies exóticas invasoras como la casuarina que lleva a la pérdida de arena y la reforestación de la duna con plantas nativas como la uva caleta y el boniato de costa.

También se trabaja en la jardinería de las instalaciones turísticas para sustituir las plantas no autóctonas de esos ecosistemas por los altos niveles de agua que se necesitan para su riego.

El conjunto de estos programas permiten aumentar la resiliencia de la playa, disminuir la vulnerabilidad de las infraestructuras ante los eventos extremos y mejorar el uso turístico de la playa.




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