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Monday 21 October 2019
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Juré ser como el Che

Apenas amanece cuando mi sobrina y yo nos despedimos del resto de la familia. Ella toma su mochila y con pasos apresurados caminamos rumbo a la escuelita primaria donde un día aprendí a leer. Llegamos y suena el timbre. Busca su puesto en la fila de los niños de segundo grado y en posición de firme saluda la bandera.

El resto de los familiares aguardábamos en la puerta a que concluyeran las notas del Himno Nacional. Ya me disponía a continuar rumbo a la universidad, cuando un coro rotundo de vocecitas, revivió en mi pecho un compromiso que hice hace algunos años.

En un instante detuve el caminar, y a mi mente voló la vehemencia con que un día también juré ser como el Che, frase que desde 1968, convoca todos los días a ser mejores seres humanos.

Entonces recordé las palabras de Fidel Castro cuando enunciara “Si queremos expresar cómo aspiramos que sean nuestros combatientes revolucionarios, nuestros militantes, nuestros hombres, debemos decir sin vacilación de ninguna índole: ¡Que sean como el Che!  Si queremos expresar cómo queremos que sean los hombres de las futuras generaciones, debemos decir: ¡Que sean como el Che!

Había el Che dejado una obra tan grande que cada cubano aspiraba a hacer de ella palabra de acción. Lo que hoy constituye el lema de la Organización de Pioneros José Martí, trascendió de las filas de los niños para convertirse en la guía certera que necesitaba la naciente Revolución.

El ejemplo del Guerrillero Heroico más que un lema, debe ser hoy el accionar de cada hombre para hacer de su tierra un lugar mejor. Donde las buenas acciones, la calidad y entrega al trabajo, la educación y el amor de la familia cimenten los principios y valores de la sociedad.

Pensaba en todo eso y continué rumbo a la universidad. Allí me esperaba un inmenso mar de saberes. Por el camino saludé a mis vecinos, ayudé a unos ancianos, le di los buenos días a mis compañeros y me aseguré de que cada faena contribuyera a hacer de mí una mejor joven revolucionaria.

De regreso a la casa pasé por mi sobrina y le hablé de la figura del Ernesto Guevara de la Serna, ella me preguntó sobre la estrella de su boina y me recitó un pequeño poema que cada cubano conoce. Entonces le conté sobre el Yate Granma, la mochila de médico, el fusil, la Sierra Maestra y el primer trabajo voluntario.

Llegamos a la puerta y sus ojitos brillantes me revelaron la pureza de su sentimientos.  Me tomó la mano y con los cinco dedos bien unidos y ubicados por encima de la cabeza, como símbolo visual de que los intereses colectivos siempre deben estar por encima de los personales, juntas,volvimos a jurar ser como el Che.

Karla Alonso Leyva, estudiante de Periodismo.



Estudiante de Periodismo


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