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Friday 22 November 2019
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Volvió a latir el corazón de la ciudad (+ audio)

Volvió a latir el corazón de la ciudad. Sauto es como el corazón de mi isla, esta pequeña porción de tierra rodeada de agua donde nací, crecí y aún persigo sueños. Cuna de románticos, de bardos y bohemios, trashumantes bebedores del Pon Pon. Matanzas es mi isla y Sauto su corazón.

Bañado por las cercanas aguas de Oshún y Yemayá: río y mar en eterna comunión, vuelve a latir en medio de la Plaza de la Vigía. Una lo impregna de la intensidad de sus sentimientos y la espiritualidad, la delicadeza, la finura, el amor… La otra le ofrenda todas las riquezas, de las que ella es guardiana, lo incita al mar, a las crestas de las olas

Anoche volvieron a abrirse, de par en par, las puertas principales del teatro; de nuevo se llenaron lunetas, palcos, tertulia y paraíso. Sauto vuelve a la vida artística matancera. Matanzas no era nada sin su teatro. ¡No hay Matanzas sin Sauto, ni Sauto sin Matanzas! (*)

Cuando sonaron campanas y las luces se fueron atenuando brevemente, la primera persona que vino a mi mente fue mi madre, porque gracias a ella yo amo tanto esta imponente arquitectura de madera que nos hace el honor con el nombre de Sauto.

“La noche en que el Teatro Sauto abra su portón principal y se enciendan las luces sobre el escenario, puede suceder, si aguzamos el oído, que se escuchen ruidos bajo la ciudad, cantos de fantasmas, susurros de poetas, violines que afinan las cuerdas, como el crujir de una vieja maquinaria que ha estado detenida largo tiempo y echa a andar.” (**)

Y así fue, en medio del espectáculo creí ver a Anna Pavlova danzando otra vez en el escenario y a Bola de Nieve tocando el piano de cola. Sobresaltado aún por la pérdida de su barreta, andaba por el lunetario el chino Justo Wong y desde el palco central Ambrosio sonaba la campanita llamando a la cordura.

Sauto ha retornado a lo que siempre fue: el viejo guardián de la ciudad, ícono indiscutible de la matanceridad. Todo vuelve a ser como antes.

Considerado el mejor entre los nueve teatros más relevantes del país (***), el italiano Dall´Aglio lo levantó con un benevolente sentido del espacio. Impresionan las decenas de puertas, mezzanines, escaleras y pasillos que hacen la maravilla de esta arquitectura de época: un teatro en forma de herradura con una simetría bilateral perfecta. Sin dudas, el más emblemático y conservado de los teatros cubanos del siglo XIX.

Aún le parece a uno mentira atravesar laterales del escenario hasta llegar a la sala principal en busca de su palco, el mismo que ha ocupado año tras año para disfrutar trabajando. Y cuando el telón de boca sube y se descorren cortinas, entonces se entrecorta la respiración y los recuerdos se desbocan. ¡Sauto, en mis soledades también estabas tú!

El caso es que volvimos a tener teatro. Retornan las noches de esplendor a la bella Yucayo. Reinarán las artes en el viejo entramado de 156 años, las maderas del escenario otra vez crujirán de júbilo y los citadinos desempolvarán sus mejores galas para asistir al templo. No es fácil creerlo, pero es verdad: Sauto abre puertas en honor a la ciudad y a sus hijos, a los artífices del milagro, los que están y los que una vez dejaron sueños y fuerzas para salvarlo del olvido.

Espíritus protectores lo resguardan. Al final, cuando todo quedó en silencio, como en un vacío, llamaron mi atención dos niñas que correteaban risueñas por los pasillos del teatro. En una me pareció ver el rostro amado de mi madre.

  • Fotos de Ramón Pacheco, Sergio Martínez, Ernesto Cruz y Facebook.

(*) Frase de Calec Acosta en las palabras de inauguración.

(**) Teatro Sauto: ¿y esta vez para cuándo?, de Dunielys Díaz, página web de Radio 26, 21 de octubre de 2016.

(***) ¿Dónde está Polimnia?, de Maritza Tejera, página web de Radio 26, 6 de abril de 2018.

La araña central, de uno de los salones de lujo del Hotel Nacional.

El hermoso telón de boca, restaurado por el artista matancero Rolando Estévez. En él se ven el abra del Yumurí, el río del mismo nombre, el puente José Lacret Morlot y la ermita de Monserrate.

El techo del salón principal con la araña central, ocho medio cocuyeras y también ocho musas.

Kalec Acosta Hurtado, director del coliseo.

Alpidio Alonso, ministro de Cultura, conversa con la prensa al término de la función.

 




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