Honor al primer pionero mártir en el centenario de su natalicio

Hoy 19 de octubre, pero del año 1919, nace en el antiguo barrio de Pueblo Nuevo, en La Habana, Francisco González Cueto, conocido por familiares y amigos como Paquito; era el menor de seis hermanos.

Para que Paquito pudiera estudiar su madre trabaja en una zapatería o en una fábrica de cigarros, enfrentándose a diario con la difícil situación de tener que mantener a sus seis hijos. Comenzó sus estudios en la escuela No. 33 de Monte y Pila; cuando se mudaron para Correa entre San Indalecio y Rabí, se matriculó en la No. 41, sita en Calzada de 10 de Octubre y Cocos, donde cursaba el sexto grado cuando fue asesinado.

Era un niño inquieto, de carácter jovial, siempre de buen humor; le gustaba mucho el cine y, como la mayoría de los muchachos de su edad, jugaba a la pelota y bailaba muy bien, principalmente el son, que estaba de moda en aquella época. Jugaba durante largo rato con niños pequeños del vecindario y era muy aficionado a los animales.

Una de las cualidades más sobresalientes de Paquito era la generosidad. A pesar de vivir en extrema pobreza siempre encontraba lugar para compartir lo que tenía con otros que estuvieran en peores condiciones. A pesar de ser de carácter alegre y compartir normalmente con los niños de su edad, tuvo una formación ideológica precoz.

Empezaba a ser un joven (un hombrecito, como diría su madre) cuando ingresó en la Liga de Pioneros, allá por el año 1933, poco después de ser fundada por el Partido Comunista. Su ingreso le abrió nuevas posibilidades. Ahora Paquito leía, además del periódico, la propaganda de la juventud que llegaba a sus manos.

Ese mismo año, 1933, habían llegado a Cuba las cenizas del gran líder antimperialista Julio Antonio Mella, asesinado en México. Los trabajadores, al frente de los cuales se encontraba el Partido Comunista, le rindieron guardia de honor.

Paquito participaba activamente en los trabajos pioneriles y no faltaba a ninguna de las manifestaciones, huelgas y otras movilizaciones populares, aunque para recibir la autorización materna tuviera que realizar grandes esfuerzos. La madre, sabiendo el peligro que los acechaba en aquellos momentos de lucha, trataba de disuadirlo, pero Paquito era resuelto, valiente y decidido, y estaba dispuesto a cumplir los compromisos con su organización y con su patria.

Esta actitud se evidenció el día que se iba a efectuar el entierro de las cenizas de Mella al pie del monumento levantado en el Parque de la Fraternidad. En el momento en que Paquito y su hermano Julio bajaban las escaleras,  la madre les dijo: “Hay que tener cuidado, esa gente son capaces de matar hasta a los niños” y Julio le preguntó “¿Quieres ir, Paquito?”, este contestó resueltamente: “Mella ha muerto por la Revolución y mi deber es ir, aunque me maten.”

En Reina No. 403 hizo guardia de honor junto a otros pioneros, pero cuando los dirigentes de la Liga los sacaron del local hacia una casa donde no corrieran peligro, Paquito se fue sin ser visto y portando un cartel donde se leía: “Abajo el imperialismo” y se situó frente al lugar de donde saldría el entierro.

Allí encontró la muerte, frente al local de la Liga de Pioneros a la que tanto amaba, el 29 de septiembre de 1933, cuando apenas contaba con trece años de edad.

Así murió aquel niño ejemplar. El recuerdo del pionero-mártir Francisco González Cueto, su entereza, responsabilidad y valentía, son y serán siempre ejemplos para la Organización de Pioneros José Martí, que tienen en este niño un paradigma para todos los tiempos.

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