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Friday 22 November 2019
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Abel vive entre nosotros

Un día como hoy 20 de octubre, pero del año 1927, nació Abel Santamaría Cuadrado en Encrucijada, antigua provincia de Las Villas. Hijo de Benigno Santamaría Vázquez, un gallego de la provincia de Orense que había emigrado a Cuba a principios del siglo XX, y de Joaquina Cuadrado, también emigrante española procedente de Salamanca, con quien se casó en 1912.

Su infancia y adolescencia transcurrieron en el ingenio azucarero Constancia, junto a sus hermanos Haydée, Aida, Ada y Aldo. Comenzó a laborar a los nueve años en la tienda del central, donde fue mozo de limpieza, despachador de mercancía y oficinista.

A los trece años conoció al líder azucarero Jesús Menéndez y esto lo impulsó por el camino de las ideas socialistas. Posteriormente viaja a La Habana en busca de mejoría y alquila un apartamento en el Vedado, sitio que se convertiría en centro de reunión de los jóvenes que reclutaba Fidel. Desde allí se forjaba la naciente Revolución.

Al producirse el golpe de estado de Batista el 10 de marzo de 1952, Abel estuvo entre los primeros en manifestar su repudio.  Junto a un grupo de jóvenes, entre ellos, Jesús Montané y Raúl Gómez García, edita el periódico clandestino Son los mismos, más tarde El Acusador. En este momento él y sus compañeros se incorporan al movimiento insurreccional organizado por el entonces abogado Fidel Castro.

Abel Santamaría y Fidel se conocieron durante los actos de recordación del primero de mayo de 1952 en el cementerio de Colón. Ahí Santamaría encontró a quien, como él, creía que:  “Una revolución no se hace en un día, pero se comienza en un segundo”.  Fidel, en cambio, conoció a quien catalogó “como el más generoso, querido e intrépido de nuestros jóvenes”.

A partir de ese momento quedó sellada entre los dos una extraordinaria amistad. Fidel confiaría en Abel los asuntos y tareas más importantes del incipiente grupo insurreccional. Por su modestia, confianza y disciplina, Abel Santamaría Cuadrado es elegido como segundo jefe del Movimiento de la Generación del Centenario.

En esta condición participó en actividades de adiestramiento militar, preparación de las células, propaganda, búsqueda de recursos económicos, compra de armamentos y uniformes. Asume, además, la preparación del cuartel general del movimiento en la granjita Siboney y del hospedaje de los revolucionarios.

La noche del 25 de julio Abel y Fidel se reunieron con los asaltantes para exponerles sus misiones en el combate, entonces Abel diría: “Es necesario que todos vayamos con fe en el triunfo; pero si el destino es adverso estamos obligados a ser valientes en la derrota, porque lo que pasó allí se sabrá algún día (…) Nuestro ejemplo merece el sacrificio y mitiga el dolor que podamos causarles a nuestros padres y demás seres queridos. ¡Morir por la Patria es vivir!”

Previo al ataque, Abel intenta una vez más convencer a Fidel de ir al lugar de mayor peligro para proteger la vida del jefe revolucionario, pero esto le fue negado: “No vamos a hacer como hizo Martí, ir tú al lugar más peligroso e inmolarte cuando más falta le haces a todos”.

Ante esta afirmación el joven abogado, comprendiendo la preocupación del segundo jefe de la acción, le pone las manos sobre los hombros y determinante le manifiesta: “Yo voy al cuartel y tú vas al hospital, porque tú eres el alma de este movimiento y si yo muero tú me reemplazarás”.

Abel Santamaría debía tomar el hospital civil Saturnino Lora, limítrofe con el Moncada, con 19 combatientes, entre ellos, su hermana Haydeé, Melba Hernández y el doctor Mario Muñoz Monroy. Pero la acción armada fracasó y cayó prisionero junto a varios compañeros, fue brutalmente torturado por los esbirros del ejército batistiano y finalmente asesinado el mismo día 26 de julio de 1953. Tenía solo 26 años y la tiranía batistiana apagaba su vida.

“Es mejor saber morir para vivir siempre”, dijo Abel a su hermana Haydée antes de ser ultimado.

Con esta premisa Abel vive entre nosotros por su ejemplo, por su amor a la Patria, por sus principios, por sus valores.




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