Feria XIV Festival: Engaños que matan

Esta es la muestra de los aguates madurados con líquidos y expendidos en la feria de la Plaza XIV Festival. Foto: De la Autora

Esta es la muestra de los aguates madurados con líquidos y expendidos en la feria de la Plaza XIV Festival. Foto de la autora

Marcada por altibajos en términos organizativos, la Feria de la Plaza XIV Festival sigue enferma y pareciera estar lejos, muy lejos de su recuperación. Eso creo yo, que casi todos los domingos voy allí y siempre regreso a casa con la promesa de no voy más, de no repetir la experiencia y siempre, siempre retorno.

Vuelvo a pesar de los golpes recibidos en una feria demasiado desprovista de cualquier sistema sugestivo de orden, de respeto, de protocolos que protejan, que hagan sentir la lógica comodidad de saber que gastaremos los pesos sin tantos agobios, sin tantos estrés. La posibilidad parece allí misión imposible.

Comprar en la Plaza XVI Festival se ha convertido en uno de los más arriesgados actos. No exagero. No se trata ya del timo frecuente en la cantidad recibida según lo pagado. No se trata ya de permitir a revendedores administrando las colas para llevárselo todo. Ya no se trata de eso.

Se trata ahora de un problema mayor, asociado a la salud de quienes adquieren productos sin saber sus consecuencias. Y es que muchos concurrentes a la feria utilizan aún químicos para precipitar la maduración de las frutas y lo hacen sin ningún tipo de pudor. A fin de cuentas, solo importa el dinero. Lo demás no cuenta.

Qué estamos comiendo, me pregunté luego de comprobar que los siete aguates estaban con pintas negras por dentro y por fuera, a pesar de haber transcurrido solo tres días desde que los adquiriera verdes en la feria del domingo.

Ese día en la Plaza XIV Festival, mientras iba oronda con mi botín, un joven me preguntó la procedencia de los aguacates, cuando le indiqué, me aseguró: “estás embarcada. Se ponen negros por dentro y por fuera”. ¿Tú  crees? “Te lo aseguro, ya a mí me sucedió”.

Inmediatamente corrí a consultar al vendedor. ¿Su respuesta? “Son tumbaditos de la mata y sin químicos”. Le insistí que me dijera la verdad, que yo se los podía devolver y me dijo, “no, no lo hagas. Tienes aguacate de máxima calidad. Le doy mi palabra”, dijo y me marché feliz a casa, hasta que sucedió lo contado. Perdí el dinero y perdí los aguacates.

Lo curioso del asunto radica en la doble moral de estos tipos de “vendedores”, más bien, timadores. Esos aguacates que tuve que botar, el hombre los vendía a cinco pesos la unidad cuando el precio oficial por libra es de un peso con 95 centavos. Aunque los conseguí en su precio original, muchas son las personas que erogan una cantidad ilegal. Y, en este caso, el engaño es tan malo, porque enferma el cuerpo y la economía.

A los muchísimo entuertos por resolver en la feria dominguera debiera unirse este, el concerniente a proteger la salud de las personas. Cuidar la calidad de lo vendido pasa por las inspecciones que presumo pudieran realizar varios organismos, entre ellos, Higiene y Epidemiología. Que la Dirección de Salud tome cartas en el asunto sería una actitud muy oportuna, para evitar que los engaños de la Plaza XIV Festival enfermen y maten.

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