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Sunday 8 December 2019
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José Raúl Capablanca, un talento inigualable

José Raúl Capablanca nació en el Castillo del Príncipe, instalación militar de La Habana , el 19 de noviembre de 1888. Fue el segundo hijo de José María Capablanca Fernández y la matancera María Graupera Marín.

José Raúl aprendió a jugar al ajedrez a los cuatro años y con doce ganó el campeonato de Cuba. Desde temprana edad demostró su talento para el ajedrez, que aprendió mirando jugar al padre, al cual derrotó en 1892, a la edad de cuatro años, noticia que se difundió por el mundo, siendo catalogado como el segundo niño prodigio, pues el primero había sido el norteamericano Paul Charles Morphy, el cual murió cuatro años antes del nacimiento de Capablanca.

La partida más antigua que se conserva de José Raúl data de la edad de cinco años y fue jugada en el Club de Ajedrez de La Habana el 17 de septiembre de 1893 frente a Ramón Iglesias.

En 1921 se celebra en La Habana el Campeonato Mundial de Ajedrez donde se enfrentaron el alemán Enmanuel Lasker y José Raúl Capablanca. El encuentro comenzó en marzo y terminó en mayo: cuatro victorias, diez tablas y sin derrotas.

Lasker abandonó el encuentro, pactado a 24 partidas, cuando aún quedaban diez partidas para que terminase. De esta forma se convertía en campeón del mundo.

En 1927 Capablanca perdió su título ante el gran maestro ruso emigrado Alexander Alekhine, en un encuentro que duró tres meses. Confiando menos en la teoría que en percepciones intuitivas, concentración intensa y análisis preciso de las posiciones.

Más tarde, jugó torneos internacionales en Europa y derrotó a varios de los mejores jugadores, adquiriendo la categoría de Gran Maestro. Capablanca fue un buen ejemplo de lo que se ha llamado un jugador natural.

Durante su reinado como campeón mundial de ajedrez (1921 y 1927) Capablanca no defendió el título nunca y jugó muy pocos torneos: Londres 1922; Nueva York 1924 (que ganó Lasker y Capablanca perdió su racha de imbatibilidad ante Reti); Moscú 1925 (en que él se hubo de conformar con la tercera plaza); Lake Hopatcong 1926 y Nueva York 1927, en el que ganó a Alekhine.

Capablanca se consideraba invencible, particularmente ante Alekhine, contra el que nunca había perdido en sus doce encuentros anteriores al Campeonato Mundial.

En 1922 Capablanca había puesto las condiciones que debía satisfacer un aspirante al título mundial, que se conocen como el «Protocolo de Londres». El encuentro por el Campeonato Mundial se jugaría a seis victorias y las tablas no contarían. Se jugarían cinco horas diarias y seis días a la semana. Se tendrían que hacer 40 jugadas en dos horas y media. Los jueces y árbitros serían elegidos por los contendientes.

El campeón del mundo estaba obligado a defender el título en el plazo de un año desde que fuera retado. No estaría obligado a poner el título en juego si no hubiera una bolsa de diez mil dólares, aparte de viajes y estancias. Se habría de entregar el 20 por ciento al campeón y el resto sería de premios, el 60 por ciento para el ganador y el 40 para el perdedor.

Una vez aceptado el desafío el aspirante debía poner una fianza de 500 dólares. A pesar de estas normas tan claras no puso nunca el título en juego.

Pierde el título de campeón mundial en 1927, ante el ruso-francés Alexander Alekhine, el resultado cerró con seis partidas ganadas por Alekhine, tres por Capablanca y 25 tablas. Su vencedor dijo que le daría la revancha en menos de dos años, pero esto resultó incumplido, pues nunca aceptó volver a jugar con él.

Entre 1927 y 1936 jugó 14 torneos de los que ganó siete y quedó segundo en cinco, pero ya no era un mito. En 1928 comenzó a tener problemas de salud (hipertensión) y a decaer físicamente. Vivía entre Cuba y Nueva York. Cuando todo el mundo le consideraba acabado volvió a surgir con su genio más espectacular.

Capablanca tuvo una vida relativamente breve y su final fue junto a un tablero de ajedrez. Solía visitar todas las noches el Club de Ajedrez de Manhattan situado justo frente al Central Park de Nueva York. A eso de las 9:00 de la noche del día 7 de marzo estaba observando la partida que jugaban dos aficionados. Al parecer estaba de buen humor, bromeaba con todo el mundo y comentaba la partida que estaba viendo, de repente se levantó y dijo:

“Ayúdenme a quitar el abrigo…”

Y cayó sobre los brazos de las personas que allí se encontraban.

Fue trasladado rápidamente al Hospital Mount Sinaí, en estado de coma, del cual no pudo sobreponerse, a causa de una hemorragia cerebral, consecuencia de los graves desarreglos de hipertensión arterial que había padecido durante mucho tiempo. Murió a los 53 años de edad, el 8 de marzo de 1942, a las 5 y 30 de la mañana.

Los restos fueron trasladados a La Habana y sepultado con grandes honores en la Necrópolis de Colón, como él había solicitado, donde se levantó un majestuoso Rey de mármol, realizado por el escultor Florencio Gelabert.

Cuba tuvo la gloria de aportar al mundo una figura como José Raúl Capablanca, que ostentaba el título de campeón mundial cuando nació Fidel, y para orgullo de los ajedrecistas su máximo líder también fue un cultor del intelectual deporte.




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