Yo quiero mambo

Decir mambo, palabra africana del dialecto congo, es recordar al músico matancero que convirtió el ritmo en uno de los más populares dentro y fuera de Cuba. Dámaso Pérez Prado provocó que millones de personas bailaran con este  estilo musical, marcado por movimientos de hombros, manos y pies.

Su orquesta hizo exitoso la nueva sonoridad nacida en la década del 50 del pasado siglo y aunque natural de Matanzas, fue en México donde se inspiró para componer sus más famosos temas.

Rico Mambo, Mambo No. 5, Pianolo, Caballo negro, El ruletero, Mambo en saxo, Mambo No. 8, surgieron en tierra azteca para enriquecer  la cultura latinoamericana e insertarse por siempre en el panorama musical.

Pérez Prado, coronado como el Rey del Mambo, comenzó sus estudios con Rafael Somavilla y María Angulo en Matanzas, ciudad donde inició su carrera artística con la charanga de Senén Suárez.

El pianista, compositor, arreglista y director orquestal  tuvo marcada preferencia por la música de origen africano, en especial por las células rítmicas que acompañaban las marchas de los cultos Iyessá y Arará, elementos que utilizaría más tarde en la creación del mambo.

Especialistas aseguran que en su sonoridad coinciden la rumba, el jazz y el danzón, y aunque es controversial si le pertenece o no la autoría de este género musical, lo cierto es que supo ponerle un sello personal.

El Rey del Mambo, nacido un 11 de diciembre en Matanzas, será siempre recordado por su aporte al folclore cubano e internacional. El ritmo que tanto popularizó seguirá haciendo historia en quienes canten o bailen algunos de sus estribillos: Sí, sí, sí, yo quiero mambo, mambo.

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