Felicia, una maestra de verdad

María Felicia Ibañez Matienso no pensó ser maestra. La pasión de su padre por los laboratorios la contagiaron desde pequeña. Sin embargo, aunque tuvo en sus manos la beca para estudiar Química Industrial, se incorporó al Pedagógico ante el llamado a extender la enseñanza hacia todos los rincones de la Isla.

“Mi padre era clasificador de azúcar en la fábrica Arechabala. Su trabajo con los elementos químicos me llamaba la atención; además de que él era para mí un paradigma, una persona con la que se podía hablar sobre cualquier tema, porque leía mucho”.

“Sin embargo, un día me citaron a una reunión en la escuela, junto a otro grupo de estudiantes, donde explicaron la necesidad de maestros que tenía el país. Creían que teníamos las características para estudiar esa carrera”, cuenta la profesora.

“Así comencé en el Instituto Pedagógico Enrique José Varona. La enseñanza allí fue muy rigurosa. Tuve excelentes profesores como María Dolores Ortíz y Arzola… eran una institución.

Con marcadas exigencias en cuanto al vestuario, peinado y conducta, sin tiempo para pasear y siempre enfrascada en la lectura, Felicia Ibañez recibió una rígida formación que hoy agradece:

“En cierta ocasión una de las profesoras me requirió por ir al aula con argollas pequeñas. Según ella esos eran aretes de mujeres fáciles. Y como soy yo, aquello resultó una vergüenza muy grande””, sonríe mientras cuenta la anécdota.

Recuerda también cuánto les recalcaban que el profesor debe ser ejemplo y no solo en el nivel de conocimientos, sino en su modo de proceder. “Para mí esa fue una máxima””, agrega.

Primero selccionada como monitora y luego para impartir clases en Pino del Agua, la profesora mostró su compromiso con el magisterio cuando tuvo que enfrentarse a un grupo de estudiantes con problemas de conducta.

“Esa fue otra gran escuela donde tuve que crecerme como profesora y como persona. Aprendí que muchos de esos jóvenes lo que necesitaban era orientación porque arrastraban con problemas familiares”.

Más tarde llegaría también hasta Camagüey donde trabajaría en escuelas al campo y luego en una de las dos primeras Escuelas Experimentales del país:

“Allí en Las Cuabas, Camagüey, además de orientar a los estudiantes, también los ayudábamos en las actividades agrícolas. Jamás había llevado a cabo una labor de ese tipo. Y… yo me enamoré de mi profesión, mi profesión se convirtió en parte del sentido de mi vida””, confiesa.

Hoy, profesora del departamento de Marxismo- Leninismo de la Universidad de Matanzas es una de las Educadoras del siglo XXI, condición que recibiera durante la Jornada por el Día del Educador por parte de la Asociación de Pedagogos de Cuba en el territorio. Sobre su regocijo manifiesta:

““Creo que es un reconocimiento inmerecido, sin falsa modestia. Pienso que hay muchos profesores dignos de ese galardón antes que yo, pero lo agradezco y sin dudas me estimula a ser mejor cada día. El primer premio es el que hacen los estudiantes, mas cuando se trata de la Asociación de Pedagogos entonces la alegría es doble, porque ahí también está implícito el amor de los alumnos. Me siento feliz, orgullosa y comprometida””.

Sobre su consejo a las nuevas generaciones de docentes señala:  “”Siempre les digo a los más jóvenes que una de las tareas más complejas es educar. Los maestros son los constructores de la sociedad, son los encargados de moldear a los futuros profesionales en las diferentes esferas. Es por tanto una difícil misión, sobre todo en un periodo tan convulso como el siglo XXI. Educar es una tarea de gigantes””.

Pocos estudiantes de esta institución olvidarán a la profe “Fela”, como le llaman algunos de forma cariñosa, y muchos recordarán siempre con una sonrisa su típica cadencia al referirse a términos filosóficos como la concatenación.

No cabe dudas entonces de que uno los tesoros que hoy conserva la Universidad de Matanzas, es la sapiencia y disposición ante el trabajo de esta mujer que no pensó ser maestra, pero sin dudas llegó a convertirse en una de verdad.

6 comentarios

  • Edgar Borot Peraza

    Excelente profesional y ser humano. Su pasión por la enseñanza de la historia es reconocida por sus estudiantes y compañeros de trabajo. Ejemplo para las nuevas generaciones.

  • Dayron

    La recuerdo muy bien!! En mis clases de filosofía a Turismo!!

  • Andrés Felipe Sepúlveda Henao

    Saludo especial desde Colombia, recuerdo con gran aprecio sus enseñanzas, abordajes temáticos, orientación pedagógica y reflexión profunda generadora de aprendizaje significativo.
    Un verdadero gusto haber pasado por su aula de clase, felicidades Maestra Felicia, se le recuerda con mucho aprecio y cariño.

  • Dayan

    La profe Fela ha consagrado su vida al magisterio, sin dudas es de las profe que deja huellas en sus alumnos por su entrega, preparación y por sus cualidades humanas

  • Ismary Medina Dihigo

    Una excelente profesional con todas las letras.Le agradezco sus enseñanzas y ese premio si lo tiene merecido profe,usted graduó y aun lo sigue haciendo a muchos profesionales que hoy se desempeñan en disímiles puestos de trabajo y lo hacemos con grandeza.Gracias Miles por ser usted. Besos y cariños desde Argentina.

  • Joaquín Rodríguez

    Fela, como cariñosamente le llamamos es una Profesora Excepcional y para comentar de lo excepcional se requiere de buena capacidad de síntesis que no poseemos, por ello acudimos al vigente pensamiento pedagógico de nuestro Apóstol José Martí y cito : educar es depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido, es hacer a cada hombre resumen del mundo viviente hasta el día en que vive, es poner al hombre al nivel de su tiempo para que flote sobre él y no dejarlo debajo de su tiempo, con lo que no podrá salir a flote; es- en resumen – preparar al hombre para la vida. [ ]
    Esta labor ha sido desarrollada durante décadas por esta humilde, sencilla, abnegada Profesora con mucho amor y entrega y como fruto el haber contribuido en la formación de miles de profesionales.
    ¡¡¡FELICIDADES FELA POR TAN MERITORIA DISTINCIÓN RECIBIDA!!!

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