¡Llamen a Lazo y díganselo!…, ¡Matanzas campeón!

-¿Y tú crees que él no estaba viendo el juego? Ese es matancero ciento por ciento y anhelaba este triunfo más que nadie.

Esas fueron las palabras que en medio de la algarabía que se formó en mi barrio, Versalles, -como sucedió en todos los rincones donde existe un matancero amante de su terruño-,  intercambiaron dos de mis vecinos, que por cierto ya peinan canas.

Porque tantos años de espera también se reflejan en el rostro y el cabello, incluso hasta en las ausencias de los mortales que no alcanzaron a vivir estos tiempos, pero que igual soñaban con este regalo que llegó en la 59 Serie Nacional.

Esteban Lazo, el presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, siempre que estaba en su casa o intercambiaba con algún coterráneo suyo reclamaba esa deuda que teníamos con él y aquí está la corona para mostrarla en nuestras vitrinas.

Tiempo muerto 

Tras aquellas contiendas en que dos equipos de esta occidental provincia cubana, nombrados Citricultores y Henequeneros, alzaron la copa de la victoria en cinco ocasiones, la pelota en Matanzas cayó en un largo letargo de desmotivación, indisciplina, desunión y ausencia de liderazgo, entre otros factores negativos que alejaron a los matanceros que aman este deporte y en el mejor de los casos muchos se hicieron seguidores de otros equipos cubanos.

El Victoria de Girón, con su capacidad para recibir a unas 20 mil personas, se volvió entonces un gigantesco coliseo lleno de fantasmas y con gradas vacías.

A pesar de la labor de directores de reconocida valía en el juego de las bolas y los strikes, los conjuntos de pelota de Matanzas sólo generaban decepciones en uno y otro campeonato doméstico a pesar de contar con figuras de altísima calidad que ocupaban puestos en los equipos Cuba.

Punto y a parte…  

Pero tras una convocatoria llegó Víctor Mesa, polémico, dinámico, excelente conocedor de las potencialidades de ese béisbol matancero heredero de los Sánchez de Jovellanos, de Isasi (el hombre de la bola escondida) y del estelar Rosique, entre otros que le dieron honor y gloria a la pelota de Matanzas y Cuba.

Llegó VM32 pidiendo que asistieran al estadio, que llegaría la clasificación para la post temporada, la televisión y el juego de las estrellas, factores estos prácticamente negados para Matanzas.

Y así como los matanceros regresaron al coloso de la avenida Martín Dihígo, se logró todo lo demás. Comenzamos entonces a soñar en grande.

Liderazgos en cantidad de juegos ganados e individualidades que fueron conquistando popularidad permitieron que los aficionados -incluso aquellos pertenecientes a una generación que nunca había ido a ver un juego de pelota-, apostaran por los de casa.

Tanto que aparecieron frases como, “Matanzas campeón”, “este año sí”, “este es el año de Matanzas”, “Cocodrilos campeones”…, y con ellas pregones y hasta canciones.

El Victoria de Girón se transformó en el hospedero de miles de matanceros y seguidores de los equipos contrarios que disfrutaban del espectáculo deportivo y las ofertas recreativas y gastronómicas que se brindan (hasta la actualidad) en lo que dieron en llamar La Salsa de los Cocodrilos.

Así el estadio de Matanzas llegó a ser lo que es hoy, el de más vida del país, con una marea roja de pueblo que sigue y apoya a sus Cocodrilos hasta el final.

Pero los discípulos de Víctor Mesa tenían que madurar, aprender a jugar y ganar los topes decisivos, por ello se aplazó la victoria, aunque no el coqueteo con el segundo y tercer lugar del campeonato.

Al fondo nuevamente

Tanto ir y venir, la “Explosión Naranja” terminó su compromiso con la provincia y poco tiempo después los Cocodrilos tocaron fondo otra vez en la serie número 58.

Entonces apareció en la escena un ex Henequenero Campeón de 1991 y engrasó la maquinaria, imagino que al estilo de la escuela de Gerardo Sile Junco, director de aquellos ganadores que siempre los matanceros recuerdan.

Ferrer de principio a fin…

Armando Ferrer organizó la tropa y dijo: -Vamos a clasificar. Juego tras juego en cada subserie fueron creciéndose, ganando estabilidad con el protagonismo de todos, unas veces del pitcher y otras de la defensa o la ofensiva.

Los números reflejaban gobierno en varios departamentos durante la campaña. Luego llegó la clasificación entre los ocho primeros, que se les puso un poco difícil, pero lo lograron.

Y ya entre los cuatro que debían discutir la corona, Ferrer tuvo el tino de redondear un equipo prácticamente perfecto con los refuerzos solicitados en la primera y segunda vueltas.

Lo demás fueron los play off, primero con los Leñadores de Las Tunas, equipo campeón defensor del primer lugar al que venció en el propio Victoria de Girón y después a enfrentar a los Toros de  Camagüey en la gran final, tal como ocurrió en el ‘91.

Para nadie es un secreto que Matanzas, a pesar de los números que mostraba, no era el favorito, pero… ganó y en buena lid.

Yurisbel Gracián y Erisbel Arruebarruena, los bateadores de fuerza con que se conformó una alineación de hombres buenos para embasarse y después ser remolcados, no rindieron lo que se esperaba.

Pero una vez más otros como el pimientoso César Prieto, el jovencito Eduardo Blanco y Rayco Santos, Jefferson Delgado, así como Javier Camero asumieron el liderazgo ofensivo que junto al pitcheo de Yanmichel Pérez, Yoanni Yera, Noelvis Entenza y Jonder Martínez, entre otros…, pararon a Leñadores y Toros.

Ferrer demostró que se podía. Y aunque deseábamos la victoria en el Pantano de los Cocodrilos, el play off se trasladó hasta la valla de los Toros para darles allí la mordida mortal.

Cuando muchos veían debilitado el pitcheo yumurino el manager le entregó la bola a un Entenza que lanzó el juego de su vida, quien recibió el apoyo de Jonder, su compañero, cuando el marcador era 8×0, pero con bases llenas.

Tan sueltos se mostraron los yumurinos al bate que llegaron a pisar la goma once veces por dos los de la llanura camagüeyana.

Y aquí estamos los matanceros que para creernos esto que esperamos durante 29 años y que varias veces vimos diluirse entre las manos, no cesamos de celebrar con congas, carros que suenan sus bocinas y algarabía en los barrios.

Con esta hermosa realidad ya se puede afirmar que la provincia que tiene dos equipos ganadores de campeonatos domésticos, ya posee un conjunto de béisbol que con el nombre de Matanzas, es campeón nacional.

3 comentarios

  • César Gómez

    Muy buen comentario, salido del corazón, sin olvidos ni discriminaciones. Otra victoria matancera

  • Noemi Quirós

    Muy valioso y sensato sin omitir casi nada solo la labor de Santoya que también se mostro grande, pero eso pasa, son muchos los protafonistas de esta maravillosa hostoria como los que no se ven en el terreno, muchas, muchas gracias por el alegrón, Cocodrilos de Matanzas, CAMPEON

  • Yirmara

    Qué buen trabajo. Lo disfruté

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