Si me lo permiten, volveré a dirigir a los Cocodrilos

Armando Ferrer creó un ambiente de camaradería y disciplina en el equipo. Foto: Ricardo López Hevia

Armando Ferrer creó un ambiente de camaradería y disciplina en el equipo. Foto: Ricardo López Hevia

Matanzas.–En la pelota, como en el amor, para llegar a puerto seguro hace falta una cuota de respeto y, por encima de todo, de afecto mutuo. Claro que eso solo es insuficiente para ganar un campeonato, pero no pocas veces resulta determinante.

De ello ha sido consciente Armando Ferrer, mentor de los Cocodrilos y quizá la persona más feliz ahora mismo en Matanzas.

Con una magia algo invisible, mucho de instinto y sin desmesura en el trato con los atletas, el debutante director llevó al equipo de la provincia a la conquista del título en la 59 Serie Nacional de Béisbol, luego de casi tres décadas de la última corona conquistada por Henequeneros.

Siempre supo, por demás, que era necesario evitar el desborde de pasión en los juegos decisivos, para que la presión no le nublara la capacidad de tomar las decisiones más apropiadas. Ahí radica quizá una de sus mayores virtudes como mentor.

Lo que más llama la atención de esta versión de Matanzas es que dio un salto tan grande como los del recordista mundial Javier Sotomayor, pues de un último lugar en la contienda anterior ascendió al primero.

–¿Cómo explica ese cambio?

–Lo primero fue escoger al colectivo de trabajo que me ayudaría en la preparación y dirección del conjunto. Insistí en que no interfirieran en la labor nuestra, que nos dejaran hacer las cosas y, por supuesto, nos propusimos trabajar mucho en aras de cohesionar al equipo sin inculcarle demasiada tensión. En fin, jugar para ganar y divertirse sobre la base de la disciplina.

–En el quinto desafío de la Final, cuanto todo parecía pan comido, delante en la Serie por 3-1 y con medio Matanzas en el Victoria de Girón, se vieron superados y obligados a regresar al Cándido González. ¿Eso no le dio mala espina?

–Jugar en terreno ajeno, ante una nómina tan compacta como la de Camagüey, con una dirección sólida, siempre preocupa, pero cuando hicimos el viaje de regreso todavía teníamos dos vidas. Yo confiaba además en el equipo y tenía esperanzas de que la ofensiva volviera a funcionar,
y así fue. Una de las estrategias era no desesperarse en el cajón de bateo, no hacer swing a los primeros lanzamientos para que Cousín acumulara la mayor cantidad de envíos. Y dio buen resultado. Por otro lado, nosotros teníamos a Yoanni Yera y a Freddy Asiel Álvarez para un posible séptimo partido.

–A inicios de la temporada dijo que iba por la clasificación, por ubicar a los Rojos entre los seis primeros, ¿nunca pensó en un triunfo así en su primer año como director?

–En honor a la verdad, me sorprendió. Pensé en un buen papel, pero no que llegaríamos tan lejos, teníamos fama de no saber ganar en los play off. Arrancamos muy mal, perdiendo dos frente a la Isla de la Juventud y dos con Mayabeque. De hecho, costó trabajo clasificar a la otra fase, pues tuvimos que conseguirlo en los comodines ante Sancti Spíritus.

–¿Y en qué momento de la Serie tuvo la idea de que podían luchar por el título?

–A partir de ahí pensamos que se podía, pues inclusive el elenco espirituano nos ganó el primer juego. Después vimos a un equipo que se levantó en los play off y de ahí en adelante mostró otra cara, con un desempeño convincente. Ya cuando le echamos mano a los refuerzos para cubrir las mayores necesidades nos lo creímos más todavía.

–Si tuviera que hacer una lista de las razones que determinaron la victoria…

–La primera razón fue la disciplina, colegiar con mi grupo de dirección todas las decisiones, algo que aprendí de Jorge Fuentes. Y en tercer término, haber confiado al máximo en los atletas, como es el caso, entre otros, de Erisbel Arruebarruena, bujía inspiradora.

–¿No cree que los refuerzos han modificado un tanto la competencia?

–Sin la menor duda, si de verdad quieren aportar a la causa. Por solo citar a dos, ahí está César Prieto, un joven pelotero muy talentoso que juega al 110 % y suele crecerse en los momentos difíciles. Su aporte fue decisivo.

“Está Yamichel Pérez, que ganó nueve partidos y salvó tres, sin la sombra de un revés. Fue el último que pedimos, estuvo a punto de irse a su casa. Y miren ustedes, fue el más valioso de la postemporada, un serpentinero muy trabajador e inteligente, que sabe colocar sus lanzamientos. A él, como a los grandes pitchers, de tanto pensar en la lomita, cuando concluye el juego le duele más la cabeza que el brazo”.

–Su amistad con Gerardo «Sile» Junco tiene como base el béisbol, ¿cuánto hay de él en su filosofía para dirigir?

–«Sile» tenía una forma muy peculiar de dirigir. Me enseñó a lidiar con los atletas, a saber cuándo apretar y cuándo ceder, algo que resulta vital para la cohesión en pos del triunfo.

–¿Existe algún hilo entre estos Cocodrilos y aquellos Henequeneros que dirigidos por «Sile» ganaron dos campeonatos consecutivos?

–No me gusta comparar dos épocas distintas. Los Henequeneros campeones tenían ya madurez deportiva, eran peloteros con diez y más series nacionales. Ahora, eso sí, ambos tienen en común la combatividad, la garra en el terreno.

–Equivocarse es de humanos, ¿cuántas veces se fue un partido por una mala decisión suya?

–Varias veces y creo que algunas fueron importantes, como cuando en el quinto juego de la final aprecié que era muy difícil descontar el 0-7 ante un lanzador como Lázaro Blanco. En ocasiones uno tiene que tomar una decisión en fracciones de segundo, no puede consultar con el resto del colectivo de dirección, y eso cuesta.

–A todo el mundo intrigaba el «maleficio» que arrastraban los Cocodrilos, ¿cuál fue el secreto para vencer ese hechizo? 

–Nada del otro mundo. Hubo quienes me metieron ruido para hacerme creer que podía volver a suceder lo de antes. Me dije, bueno, vamos a ver qué pasa y por suerte no ocurrió. Todo lo contrario, los muchachos jugaron muy inspirados y supieron ganar los partidos buenos.

–¿Le planteó algún problema la salida del receptor Ariel Martínez?

–Por supuesto que sí, fue una baja sensible. Afortunadamente se nos ocurrió solicitar los servicios de Andy Cosme. Noté que Ariel estaba recibiendo muchos golpes detrás del plato, en casi todos los desafíos lo impactaban.

«Contábamos con Andry Pérez, salido de los juveniles, un muchacho de excelentes condiciones y que lo hizo muy bien en la primera fase, pero ya para un play off era mucha presión y acordamos traer al artemiseño, con mayor experiencia».

–¿A quiénes no omitiría en la relación de los muchos que se destacaron?

–A Yamichel Pérez, Eduardo Blanco, un pelotero que sale al terreno en todos los partidos y con una formidable disposición; Javier Camero, Andry Pérez, Aníbal Medina, Yoanni Yera, Jefferson Delgado… Bueno, en realidad fueron otros muchos, algunos de los cuales sobresalieron por su experiencia y oficio.

–Dirigir la pelota supone un esfuerzo constante y no pocos sacrificios, ¿volverá el próximo año?

–Si me lo permiten estaré de nuevo con los Cocodrilos, esta vez para defender el título. Es lo menos que podemos hacer en respuesta a una afición que con su respaldo abrumador contribuyó a la victoria.

*Tomado del periódico Granma

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