Dos hombres y una misma ciudad

Vivir en Matanzas es una suerte que no posee la mayoría de la gente, me decía hace poco un amigo poeta. Disfrutar del espectáculo naciente cada amanecer en la urbe de los puentes es el más impresionante regalo de la naturaleza y de la vida.

Así también lo siente el artista de la plástica Agustín Drake Aldama quien desde muy joven bebió del agua del Pompón.

“Nací en Juan Gualberto Gómez, pero llevo más tiempo viviendo en Matanzas que en mi pueblo natal, porque salí de Sabanilla cuando tenía solo once años y ya tengo más de 80.”

Para alguien que ha tenido la oportunidad de visualizar ciudades espléndidas en el mundo no debería constituir novedad alguna aquella en que vive hace varias décadas; sin embargo, la nostalgia es un sentimiento que siempre acompaña a quienes aman su terruño cuando los sorprende la noche en geografías distantes, tan diferentes de la maravilla cotidiana que a kilómetros los aguarda.

“He tenido la suerte de visitar varios lugares fuera del país, ciudades increíbles como Budapest, la primera que conocí cuando salí de Cuba, con el río Danubio, donde atracan barcos tan grandes como los que navegan en mi hermosa bahía. Estuve en otras urbes bellas, Praga, Moscú, pero luego del deleite siempre regresa la añoranza por mi Matanzas.”

Un matancero de nacimiento, empujado por el destino a residir en La Habana, volvió a caminar sobre los adoquines de La Vigía hace poco tiempo. Enrique Pérez Mesa se emociona solo al recodar el esplendor devuelto a la ciudad en la que creció como músico y como ser humano.

“Matanzas está en un excelente momento de euforia constructiva y cultural y hay que aprovechar. Me siento muy feliz y estoy convencido de que esta ciudad merece mejor suerte que la que tuvo hasta fechas recientes.”

El director titular de la Orquesta Nacional de Cuba reconoce el papel que debe desempeñar la cultura en la gestión turística, cree fielmente en la oportunidad de abrir las puertas para que el mundo conozca el vasto acervo que distingue a este pueblo.

“Hay que aportarle al turismo desde la cultura, específicamente desde la música y eso nos toca a nosotros. Matanzas es referencia en ese aspecto con exponentes como Nuestra América, Carmen Lidia Maden, el maestro José Antonio Méndez Valencia, que para mí es una de las cátedras en la dirección coral en Cuba.”

Singulares son los paisajes de Matanzas, su gente y su cultura…, pero existen secretos en el olor que desprende la ciudad, que también atrapan y seducen, como sucedió hace muchos años con Agustín Drake.

“Existe una extraña conexión entre los matanceros y el agua. Yo no puedo estar mucho tiempo sin ver los ríos, la bahía, sin sentir su olor. Una vez me preguntaron por el olor de mi ciudad y fue entonces cuando me percaté del peculiar aroma que nos perdemos día a día. Cuando pasas los labios por cualquier parte del cuerpo sientes la sal. Ya no puedo vivir mucho tiempo alejado de esa fragancia.”

Y el octogenario rememora sus años mozos, se niega a aceptarse a sí mismo como hijo adoptivo, porque en esta casa grande y hermosa ha transcurrido la mayor parte de sus más de ocho décadas. No puede concebir su existencia lejos de la bella Matanzas y dice en alta voz lo que con frecuencia muchos admiten cuando piensan lo que esta ciudad significa para ellos: “para mí es la gloria, el lugar donde he sido feliz…, es mi vida”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *