Cuando Salomé fue Manolito

Encienden las luces de La Taberna, en Pueblo Nuevo. Es jueves y ya las mesas están llenas mientras los “machos alfas” del barrio se asoman a la ventana porque el buen arte no entiende de estereotipos.

Sale una diva soberbia micrófono en mano y eriza la piel de los escuchas, en su desgarrada voz hay tanto sentimiento como belleza.

Salomé Montiel, nombre artístico, es toda una profesional, cuida cada detalle desde el vestuario, el peinado y la proyección.

No admite en su show en el Callejón de las Tradiciones, de Matanzas, faltas de respeto ni groserías. Ella se debe a su público que es heterogéneo y familiar.

Resalta por su figura y el exceso de lentejuelas, única vanidad que no ha superado quizás porque a esta altura de la vida ignora que brilla con luz propia.

Pero cuando termina la presentación la cantante regresa al camerino, se transforma y le asalta ese sentimiento que la hacía llorar sola por las calles de Matanzas.

Al cerrar la noche Salomé no es Salomé…, es Manolito.

Cuando la vida no te comprende

“Yo me llamo José Manuel Piqué Zamora, tengo 63 años y desde muy pequeño me sentí mujercita”. Así inicia la entrevista Manolito.

Originario del municipio de Unión de Reyes, con suma modestia me dice que fue un niño muy bonito, tanto que su padre tuvo que rasparlo porque lo confundían con una niña.

“Imagínate, criado por un padre muy machista que cuando le preguntaban si era hembra me bajaba los pantalones para que vieran que era macho. Mi madre siempre me consintió, decía mi abuela que eran tantos los deseos que ella tenía de tener una nena que por eso nací así yo”.

En el contexto de su pueblo natal Manolito no pasaba desapercibido. Fue adoptado dos veces hasta que su abuela lo regresó a la casa.

“Yo nunca en mi vida he olvidado las muñecas, quizás porque siempre me las negaron. Resumiría mi infancia como muy infeliz”.

Sin embargo, cuando creció las cosas no mejoraron para Manolito. Fue abusado sexualmente por mucha gente, entre ellas un familiar, cuyo nombre no quiere decir. Cambió múltiples veces de escuelas, de lugares y de manos, fue abucheado y violado.

Es casi una tragedia su historia y volver el tiempo atrás, a esa Cuba de los años 70 le nubla la mirada.

Cercano a los 20 fue sancionado a cuatro años de privación de libertad por ostentar en la vía pública.

“Yo me vestía normal, lo único que me gustaba cantar por la playa aquella famosa canción de Farah María: ¡No se bañe en el Malecón, porque en el agua hay un tiburón!” 

Con esa sandunga típica me tararea el estribillo, pero aquel tiempo recluido es inolvidable, trata de ocultar las lágrimas que le llegan hasta la mejilla y me miente:

“Periodista, más bien yo soy alegre y trato de irradiar la alegría a las personas que me rodean”.

¿Salomé o Manolito?

A veces me habla como Salomé, otras como Manolito. José Manuel Piqué Zamora es el resultado de la causa y efecto de la época que le tocó vivir.

Científicamente se pudiera definir como transgénero, término que hace referencia a las personas cuyas identidades de género son diferentes del sexo​ que se les asignó al nacer.

Entonces comprendo las luchas de Manolito. Tuvo que enfrentarse a la homofobia y discriminación de una sociedad, cosa que ha mejorado, me aclara, y a la lucha interna de no querer la identidad masculina.

“Hoy las cosas han cambiado un poco, al menos las personas saben y contamos con instituciones que nos apoyan”.

Le pregunto si a esta altura cambiaria de sexo. La respuesta negativa es tajante. Se viste incluso como hombre, aunque ostenta su rebeldía en sus cejas perfectamente delineadas y el largo pelo negro.

Una noche con la Montiel

Hace unos meses atrás lloraba solo por las calles de Matanzas. Vagaba sin rumbo en la ciudad. Mi entrevistado me lo confiesa y mi vecino me lo confirma.

Manolito, cuando jovencito, solo obtuvo trabajo en la Bellotex por un tiempo. En otros lugares le cerraron la puerta porque no se ajustaba al “hombre nuevo”.

Sin trabajo, es casi obvio que de vez en cuando recurrió al oficio más viejo del mundo. También cantaba en unas especies de clubes clandestinos de la urbe.

“Yo no tengo casi años de experiencia laboral acumulados para jubilarme”.   

A veces lo llaman de una tienda donde limpia y organiza las cosas. Ahí siempre encuentra algo para su show, lo transforma y diseña para lucir despampanante.

Hoy labora como recepcionista del Proyecto de Integración, Intervención y Transformación Sociocultural AfroAtenas, en el Consejo Popular Pueblo Nuevo. Se toma muy en serio su labor en el Callejón de las Tradiciones.

Supongo que es la primera vez que se siente socialmente útil. Está rodeado de gente que lo quiere y estima…, bueno y también lo regañan porque peca de exceso de bondad.

Aquí le dieron la oportunidad de presentarse los segundos jueves de cada mes y mostrar su arte al público.

Ese día es casi como un ritual. Hace reposo de voz, se arregla el pelo desde temprano, examina el vestuario cuidadosamente y se transforma.

Cuando se encienden las luces de La Taberna veo a la diva que ha llorado, reído y cantado durante su entrevista. Permítanme presentarles a Manolito, alias Salomé Montiel, Paloma San Basilio y Farah de Cuba.

Un comentario

  • Muchas gracias x tan magnífico trabajo
    X visibilizar a este grupo de personas discriminadas por la sociedad
    X mostrar parte de la vida de una mujer como Salomé que día a día da lo mejor de sí para ser una magnífica persona y ayudar constantemente a los demás sin importar nada

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