Los abrazos que están por venir

¿Qué diría mi abuela si supiera que en pleno siglo XX! una gripe detuvo al mundo? ¿Qué podrían las pócimas de mi bisabuela, yerbas aromáticas endulzadas con miel de abeja, ante la fuerza arrasadora de la epidemia? Es algo inimaginable, increíble.

Recuerdo los cuentos de mi abuela de cuando tuvo tifus. Decía que la metían en una tina llena de agua para bajarle la fiebre, que se le cayó el pelo lacio y le salió crespo. Así justificaba aquella melena, que siempre vi corta y ensortijada.

El silencio se aviene bien con los matanceros de ley: de espíritu lánguido, melancólico… y hasta la soledad armoniza un poco con los nacidos entre ríos, en una ciudad cruzada por puentes que la sostienen. Sin embargo, este encierro obligado, la ausencia de voces y ruidos cotidianos, oprime lastimosamente eso que te queda como corazón.

Las fotos familiares de allende los mares traen calles y plazas desiertas. Desde la cocina de su apartamento en Luanco, Frank Enrique me envía una imagen de un banco solitario bajo una farola. Y me dice que es el refugio diario de un señor que se pasa de tragos, pero es muy buena persona. (¿Lo extraña…?)

Enriquito y Jonathan ponen luces en los canteros del patio para iluminar las noches, como si fuera fiesta. Al menos se ve bonito. A mí se me antoja que con ello ahuyentan la soledad.

Rolando escribe desde Aragua donde junto a otros médicos cubanos hace gala del heroísmo de los paisanos y cada día acude al CDI (Centro de Diagnóstico Integral) a identificar posibles casos de la epidemia.

El imponente escenario del Bolshoi trasmite para el mundo por Internet un Lago de los Cisnes inigualable, como solo los rusos lo saben bailar. Es un regalo para los que pueden acceder en cualquier parte del orbe a esta joya de la danza universal, sin costo alguno, sin taquilla agotada. Es la ofrenda de los bailarines del famoso teatro europeo en este trance que vive la Humanidad. Es una tregua en medio del desastre.

El Papa abre las puertas del Vaticano y eleva su plegaria a Dios, solo, ante una Plaza de San Pedro desierta.

Mientras chinos y rusos se afanan por llegar a la Luna y hasta un “loco” como Elon Musk envía a la órbita de Marte un automóvil eléctrico de su propia compañía, a los humanos se nos desgarra el alma en la lucha contra un estado gripal. Parece ciencia ficción, fantasía, karma…

En casa, Ian sube y baja escaleras, mira hacia afuera por las ventanas, quiere cantar de madrugada, asume como una moda lo que todos llevan para taparse nariz y boca… No sabe, a ciencia cierta, qué es lo que le pasa al mundo al que hace días no puede asomarse.

Yo, con mi oficio de ermitaña, que amo tanto estar en el hogar junto a los míos, me siento amenazada y eso me asusta. Tengo prohibido besar y abrazar, algo inherente en mí. Me siento extraña y hasta sugestionada. Y me agrede el egoísmo de algunos pocos que no ven más allá de su propio lugar.

Mi alivio es mi hijo, enfrentándose a las calles para sustentar a la familia. Mi alegría es esa canción nocturna que en medio de la noche Ian “entona” para, según él, dormirme. ¡Bendita la madrugada que trae consigo la vocecita más amada!

Mi esperanza es Venecia, único lugar del mundo adonde un día quisiera ir. ¡Ay del que no sueña! Y sus canales, sin góndolas cobijando amor, sin navegantes, cuyas aguas han recobrado su esplendor y hasta sus peces se dejan ver.

Mi ilusión es que, como en Venecia, la Humanidad haga un concilio con la Naturaleza y pare ya. El Universo se cansó de ser atropellado y hoy sufrimos la maldad.

Cuando esto sea solo recuerdo –uno que no podremos olvidar-, cuando la Humanidad recobre el equilibrio, abrazaré a todo el que me encuentre, hasta a los desconocidos, será un abrazo largo, fuerte; saldré a bailar a las calles … ¡Le habremos arrebatado la corona al virus más agresivo de la historia!

4 comentarios

  • odalys

    Esto me hacía falta ya! Qué aliento me da en días tan estremecedores y con la responsabilidad de no flaquear. No me apena decirte que siento más tranquilidad al tenerte en casa, eres unos de mis troncos de sabiduría que dan el oficio y los días vividos. Cuida a los tuyos y nuestras letras web como quien se aferra al fusil del vencedor. Tus nostalgias las comparto, me alegra te animes a hacerlos, claro que cuando te da la gana, ay esa irreverencia innata y respetuosa! Enhorabuena Ian, Frank, Matanzas y el periodismo para una de mis “muchachas más cuerdas”. Un beso

    • Esa cuartilla en blanco cada día ante mí, es un reto necesario. Si el encierro sirve para rescatar apuntes e hilvanar ideas, solo así se justifica. Como siempre, te agradezco los halagos, viniendo de ti me hacen muy feliz. Te lo repito, Radio 26 es mi trinchera. Para ti también serán los abrazos.

  • Yirmara

    Qué crónica más linda!!!!!!! La disfruté… la leí con una sonrisa en los labios… Solo un detalle, para qué quieres ir a Venecia, si tú vives en Venecia???? Cuídate

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