Colas que no parezcan cubanas

Las colas, esa expresión cubanísima del apiñamiento social, siguen siendo el punto flaco en la prevención de la Covid-19 en #Cuba; prevención que ha sido, que es EJEMPLAR, para suerte de quienes habitamos esta islita tozudamente socialista e independiente.

Pero las colas se nos siguen colando. Persisten colas en los puntos de venta de la TRD, CIMEX, en los Mercados Ideales cuando los surten y en las placitas.

Realmente no hay algo que reprocharle a nuestras autoridades. Somos testigos de cómo se ha descentralizado la venta de productos, de cómo los trabajadores de las tiendas y la Policía Nacional Revolucionaria contribuyen a organizar las colas.

Quienes hacen cola hoy en Cuba buscan dos cosas: productos cárnicos o de aseo. La primera necesidad llama. Entonces, ¿qué hacer con las colas, ese flanco que nos va quedando abierto? ¿Podrán hacer algo más que descentralizar o regular nuestras autoridades?

Ya lo están haciendo. Varios productos de los que comercializa el Comercio Interior en Cuba serán normados por la libreta de abastecimiento.

Pero en el caso de las tiendas pertenecientes a otras cadenas, de las conocidas todavía como “recaudadoras de divisas”, no nos engañemos, las colas solo disminuirían con más disponibilidad de productos. Si estamos informados sabremos que es casi imposible que eso suceda en medio de esta crisis que agrava nuestra propia crisis.

De hecho uno se pregunta cómo están haciendo para que haya al menos una pequeña oferta porque ya esos productos que hoy perseguimos eran deficitarios antes de la entrada de la Covid-19. Ni los países más poderosos han logrado estabilidad en la oferta en estos momentos. Imagino que todos hayan visto anaqueles vacíos en naciones como Estados Unidos o España.

Pero pongamos las cosas en perspectiva: los que nos interesa ahora mismo por encima de todo es cortar el contagio del nuevo coronavirus, evitar que se convierta en una epidemia dentro de Cuba. Claro que nos interesa también alimentarnos y asearnos. ¿Conclusión? Si no nos queda más remedio que hacer la cola, tratemos de hacerla sin que esta se convierta en una puerta de entrada.

Hagamos las colas con disciplina. ¿Por qué tenemos que permitir que haya personas sin nasobucos? ¿Por qué tenemos que permitir que alguien se nos pegue, que nos toque, que nos hable de cerca?

Piensen que las colas son caldo de cultivo, no solo para la Covid-19, sino para cualquier virus. Cuando estamos en una, cuando nos pegamos, cuando hablamos, cuando nos tocamos, es como si estuviéramos catalizando el virus, como si le dijéramos: dale, riégate, camina, avanza…

Por favor, contribuyamos desde la responsabilidad personal a parar la transmisión del dichoso coronavirus. Hay autoridades que no descansan, hay médicos y personal de apoyo arriesgándose en estos momentos…

Hace falta alimentarse y asearse, ya lo sé. Pero ahora mismo la prioridad tiene que ser cuidarse, tiene que ser vivir… No se trata de tener miedo. Pero si por fuerza mayor a usted le toca hacer una cola, hágala con toda la responsabilidad que pueda.

Es verdad que una cola sin barullo, sin molote, sin colados, no parece una cola cubana. Pero, caballero, ya habrá tiempo para volver a nuestras típicas colas. Por lo pronto, burlemos al virus con corona, seamos disciplinados y hagamos colas que no parezcan cubanas.

Un comentario

  • Juan Carlos Subiaut Suárez

    La cola no es un invento cubano ni su presencia habitual en nuestro entorno hace que solo exista en Cuba. Muchas de mis amistades que por una razón u otra han viajado al exterior las han encontrado en otras latitudes. Pero ninguna tiene el sabor de las nuestras. Que ahora forzosamente implican ordenarse (separación entre los coleros), no han hecho desaparecer el resto de sus características, que entre nosotros las hacen tan peculiares, y extrañas para los visitantes foráneos. La preocupación incrementada se origina en la cantidad de personas en la calle, no solo haciendo cola para la adquisición de alimentos y productos de aseo, sino también por , si acaso, entra algún producto en cualquier tienda, sea Panamericana, TRD, Caracol o Ideal, bodega, cárnico o placita del barrio. La gráfica se queda chica ante la realidad. El gran esfuerzo estatal para hacer llegar a todos la mayor cantidad de productos posibles con una distribución equitativa choca a veces con la concentración de los productos en un lugar u otro, en el que las colas se vueven interminables. Le pongo un ejemplo. En el Reparto Iglesias llegó el pollo (población y dieta) el pasado sábado, para su distribución normada (libreta). Este cárnico, del Combinado Vista Alegre, debe superar los 3000 consumidores. La cola, con sus características folklóricas que conocemos, duró el sábado, el domingo y el lunes hasta tarde. El producto vino en cajas, congelado. El cárnico no tiene equipamiento de frío, solo un pequeño freezer, y había calor. Puede imaginarse el resultado. Si fuera este un caso aislado; pero ha sido repetitivo y ahora, se agrava. Esta vez, la diferencia, todo el mundo con nasobuco, mayor separación entre las personas, la gente haciendo (marcando) a la vez cuatro o cinco colas, la del pollo, la de la galleta (en la bodega), la del yogurt (en el punto de pan y leche), la del módulo agropecuario (en la placita), la de la farmacia (para los medicamentos que sacarían al día siguiente) y la del punto-combinado TRD (pues se esperaba que llegaría productos cárnicos). No es exageración, así ocurrió.

    No se asuste, como usted dice; si por fuerza mayor a usted le toca hacer una cola, hágala con toda la responsabilidad que pueda. Protéjase, por usted y por los que le rodean. Y, pida el último.

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