Al inicio no tenía miedo…(+audio)

Roxana Ramos Hernández es una joven matancera que ama la danza y algún que otro cafecito después de clases. Tiene por delante los mismos retos e inquietudes de sus compañeros de la universidad.

Ella, al igual que todos, no podría imaginar cómo la vida puede cambiar de un instante a otro. Una pandemia aplaza sueños y te obliga a crecer y madurar antes de tiempo.

“Al inicio no tenía miedo, pero a medida que pasamos a la segunda fase no solo temía por mi sino por mis familiares”, confiesa la estudiante. (Escuche el testimonio completo aquí)

Roxana tiene solo 23 años, está en quinto año de la carrera de Medicina  y a su edad es lógico las inseguridades. Sin embargo, se matuvo firme y es parte de ese batallón de valientes que en la primera línea de combate lucha cara a cara contra un enemigo invisible.

 “Pensaba que estaba preparada para realizar la pesquisa, ya que en otras ocasiones lo había hecho ante el dengue y el zika, pero me equivoqué pues la covid-19 requiere mucha más protección ya que en ocasiones las personas pueden estar asintomáticas y eso dificulta más el trabajo”.

No obstante, las dudas y temores se dispersaron con el tiempo.  Hoy recorre las calles y toca la puerta de los vecinos para conocer sobre su estado de salud y descubrir cualquier síntoma del nuevo coronanvirus. Los gestos faciales denotan una sonrisa escondida tras un nasobuco.

 “Mi familia me apoya en esta labor pues saben que de esta manera podemos detectar a las personas con síntomas”.

Ella vive en el municipio de Linomar, territorio con casos positivos al nuevo coronavirus y una zona en cuarentena.Ante esa situación se redoblan las pesquisas y se extreman las medidas higienicas-sanitarias.

Este contexto es quizás una de las pruebas más fuertes que tenga en el ejercicio médico, pero es optimista.

“Quiero enviarle un mensaje a todo el personal de salud que como yo se encuentra pesquisando y es que no podemos perder las esperanzas. Aunque el trabajo sea agotador no será en vano y con nuestro aporte podemos vencer la enfermedad”.

Su rutina diaria la aleja de la facultad, para mejores tiempos quedó el café compartido después de las clases y alguna que otra fiesta. Hoy Roxana Ramos Hernández tiene otros deberes que la formarán como doctora y mejor ser humano.

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