Cara a cara 24 horas

Reflexionando sobre los apremios que provoca la COVID-19 en  los hogares,

cuando conviven a toda hora la mayor parte de la familia, vale señalar que

muchos conflictos se presentan porque hay padres que creen que los hijos

no tienen nada que enseñarles y no pueden variar sus opiniones.

 

Escuchan poco a sus retoños o si lo hacen, es de una manera inquisidora, en

una posición impermeable respecto al contenido de los argumentos de la

prole, sobre todo si se trata de adolescentes. Entonces estamos ante uno de

los errores más frecuentes en las relaciones paterno filiales y es creer

que con un discurso puede hacerse cambiar a una persona.

 

Cuán difícil resulta a veces conversar, sí, simplemente conversar entre

nosotros, los padres y los hijos.  Hay mayores que, con la mejor de las

intenciones, procuran crear un clima de coloquio e intentan verbalizarlo

todo. Esa actitud puede llevar a convertirlos en interrogadores o

cuestionadores, no sé cuál peor actitud.

 

Los hijos acaban por no escuchar o se escapan con evasivas. En esos casos,

se confunde el diálogo con el monólogo y la comunicación con la enseñanza.

 

Dicen que los mejores amigos son los que saben escuchar, y creemos

que es verdad. Junto con el prudente silencio debe estar la capacidad de

atender lo que le exponen. Aproveche y oiga a sus hijos, a sus familiares,

mucho más cuando deben estar estresdos junto a usted por el aislamiento

social a que nos somete la pandemia.

Evitar posiciones egoístas

¿A usted no le ha pasado que por educación o afecto escucha a su padre,

hermano, esposo, amigo o hijo, y cuando quiere contarle lo que a usted

mismo le preocupa, este no le oye?

 

Hay quien da sus opiniones, sin oír los criterios de los demás. Cuando eso

sucede, el interlocutor se da cuenta de la indiferencia del otro hacia él y

acaba por perder la motivación por la conversación.

 

Porque es bueno interesarse, pero también expresar lo que uno piensa. Por

tanto, si eso ocurre se actuó de forma egoísta.  Quiere el otro o usted que

lo oigan,  pero no es capaz de atender a su prójimo. Y Cuando eso sucede,

al ignorado le embarga una profunda tristeza.

 

En conclusión, a través del diálogo, podemos conocernos mejor,  aprender

sobre todo cuáles son las opiniones que existen y la capacidad de

verbalizar sentimientos, Aunque debe saber, que  nunca, la información

obtenida mediante una conversación, será más amplia y trascendente que la

adquirida a través de un ambiente de armonía.

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