Entre la magia de los lienzos

Guiado por sus padres el pequeño lograba efectos con los colores y pintaba sueños. Ahora, a sus 30 años, Odelvis del Sol Reyes, con las técnicas y saberes propios de un instructor de arte, aprovecha el confinamiento desde el hogar en Bolondrón, para compartir sus obras en las redes, como un regalo de esperanza ante la Covid-19.

El joven, profesor en la Escuela Secundaria Básica 20 de Enero, del poblado Güira de Macurijes, confiesa que por estos días su principal empeño es mantener esos tonos de alegría que hasta ahora ha logrado. “Me esfuerzo por engrandecer aún más el contraste entre los elementos, la iluminación, la limpieza y despertar emociones, principalmente en aquellas personas a las cuales este virus ha afectado de alguna manera”.

Sin embargo, aunque tiene más tiempo para sus proyectos, el artista reconoce que también ha sentido los azotes de esta pandemia, ante la imposibilidad de salir: “Sin motivación no se puede crear algo con calidad y para ello es necesario comunicarse, observarlo todo… No obstante, me esfuerzo en la búsqueda de  información, lucho contra el sedentarismo, dedico tiempo a autosuperarme y veo muchos documentales, lo que me ayuda a ampliar la imaginación”.

Pero también las circunstancias actuales le hacen recordar aquellos inicios, cuando mientras cursaba el noveno grado, dibujó en la pared de la Secundaria Básica la figura de una persona con varios animales alrededor y luego del fuerte regaño, el propio subdirector casi lo obligó a realizar las pruebas para matricular en la Escuela de Instructores de Arte, opción que en aquel momento no se encontraba entre sus planes.

“Esa institución me aportó mucho. Pude ver las artes plásticas como algo más que imágenes sobre un lienzo o cartulina. Me hizo viajar a la historia del arte, contemplar aquellas formas de representar la vida gráficamente de acuerdo con sus temáticas sociales y políticas. Aprendí técnicas que no conocía y comencé entonces a observarlo todo desde su forma y color, hasta los más pequeños detalles”.

Odelvis en Venezuela.

Luego, el destino le impuso el reto de compartir su talento en la República Bolivariana de Venezuela, donde cumplió misión por tres años desde 2014. En las comunidades del estado de Táchira trabajó con diferentes grupos de edades y logró despertar en ellos el interés por el dibujo, a tal punto que de sencillos ejercicios, llegaron a hacer retratos. Allí también asesoró a venezolanos sobre las técnicas y procedimientos para planificar y ejecutar un taller de artes plásticas.

Durante el tercer año prestó colaboración en el Estado de Yaracuy, en una comunidad de extrema pobreza, donde se desempeñó como asesor integral y representante de la Brigada José Martí. Además de la plástica, trabajó en el teatro y el audiovisual. De conjunto con otra colaboradora, actriz profesional, creó la Colmenita Bolivariana de Yaracuy y llevó el talento de estos niños a diferentes lugares, donde la calidad, sencillez, humildad y empeño de los pequeños logró captar la atención de muchos y desde entonces constantemente recibieron invitaciones para actividades dentro y fuera del territorio.

“Pero la experiencia más impactante fue al inicio de la misión. En un centro de cuidados a pacientes con leucemia realizamos una actividad con títeres, payasos, pintacaritas y juegos prácticos. Ahí fue cuando me di cuenta del verdadero objetivo de nuestra labor. Se notaba la alegría en los ojos de esos niños, padres y profesores, el deseo de aprender y de que volviéramos. Fue de verdad muy emocionante. 

 “Venezuela significó para mí más de lo que en ocasiones comprendo. Me hizo valorar el talento natural de aquellas personas desde edades tempranas y su inmenso interés por adquirir nuevos conocimientos. Al recibir preparación artística demostraban tanta gratitud como ante un médico por su consulta. Me siento muy orgulloso por eso”.

Desde su regreso a Cuba, Odelvis del Sol recurre a la fantasía también por medio de manualidades confeccionadas con materiales naturales como coco, yaguas y otros elementos de la naturaleza, cuyos resultados han merecido premios en la Feria provincial y municipal de Artesanía Popular y Tradicional, en el Festival de Tradiciones Campesinas de Pedro Betancourt y en el salón municipal de aficionados.

“Mi preferencia por las artes visuales quizás se deba a que he crecido en el campo. Por eso la vida natural, con la rica gama de colores del entorno, están siempre presentes en mis obras. Trato de lograr, de la forma más real posible y sin exagerar, cada efecto, aunque me gusta sobresaltar los tonos cálidos”.

Hoy, en medio del aislamiento por el nuevo coronavirus el artista extraña a sus alumnos y la celebración de actividades culturales como aquel Carnaval Infantil de los municipios de Bayamo y Manzanillo, en la provincia de Granma, al que fuera invitado como miembro del jurado en el año 2017. Sin embargo, reconoce la importancia de cumplir las medidas de enfrentamiento a la enfermedad y aunque a veces parece interponerse la carencia de algunos materiales, él combina técnicas y busca soluciones.

“Pienso realizar, junto a otros compañeros que también trabajan en sus hogares, una exposición en la Casa de Cultura para mostrar las obras producidas durante el confinamiento. Además, quiero retomar los Talleres de Creación y Apreciación que desarrollaba antes del aislamiento en la ESBU y en la comunidad con los diferentes grupos poblacionales”.

Así, con la añoranza del retorno a la normalidad, Odelvis del Sol Reyes escapa del encierro entre la magia de sus lienzos; recorre las calles de La Habana en el rojo almendrón de su cuadro, respira el aire puro al pie de las montañas, y con la corriente del río nos regala la calma de un mañana sin pandemia.

En Venezuela.

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