Envejecimiento: sin abusos, ni maltratos

Ante al espejo, el rostro no el mismo. Las arrugas que ahora surcan su frente hablan de asombros y de penas, mientras el pelo blanco y quebradizo devuelve la añoranza por la sombra de una larga cabellera. Pero lejos de lo que podrán pensar otras mujeres del barrio, para ella el rostro de los años es también hermoso.

La admiración y el respeto hacia una vida que crece más allá de las seis décadas y devuelve en retoños los golpes de los días, debería devenir en consigna para quienes apenas transitamos una parte del recorrido. Sin embargo, si siempre se cumpliera esa máxima no existiría un Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. Por eso, cada 15 de junio se convierte en denuncia contra todos aquellos que someten a la violencia o el olvido a este grupo etario.

Entre 2015 y 2030 se prevé, en todos los países, un aumento considerable de población de personas mayores de 60 años, crecimiento que será más rápido en las regiones en vías de desarrollo. Como explicara la página oficial de las Naciones Unidas, el maltrato a los adultos mayores es un problema social mundial que afecta a la salud y los derechos humanos de millones de personas y requiere atención debida por parte de la comunidad internacional.

Aunque las ofensas o la privación de derechos elementales constituyen algunas de las  manifestaciones más conocidas de ese maltrato, existen muchas formas de lastimar las esperanzas de un adulto mayor sin llegar a levantar las manos o la voz.

El menosprecio hacia aquellos, que aun jubilados, encuentran en el trabajo las fuerzas para seguir, la indolencia ante sus necesidades y hasta el despojo de sus posesiones o libertades, son formas de maltrato que, por desgracia, cobran fuerzas en muchas familias.

Sin embargo, no se equivocan los abuelos cuando repiten la frase popular: “como me ves, te verás”, vivencias que experimentaremos algún día; cambios biológicos, psicológicos y sociales que nos harán comprender a cabalidad cuánto mata también la discriminación y el abuso.

La pérdida del cónyuge y amigos, cambios en el estatus social y disminución de las facultades físicas, son algunas de las realidades que deben enfrentar quienes arriban a esta etapa, lo que exige consideraciones esenciales que combatan la tristeza, la irritabilidad o el desánimo.

Más allá de los conflictos que enfrentan los adultos mayores, resulta vital que tanto ellos como el resto de las generaciones no consideremos el envejecimiento como un problema, sino un triunfo de la vida, la posibilidad de disfrutar más años, la oportunidad de intercambiar saberes, experiencias y habilidades.

Entonces, ¿cómo no enfrentar a aquellos que sin piedad entristecen a nuestros ancianos? ¿Cómo no apoyar las estrategias desarrolladas en nuestras comunidades para su inclusión social y salud física?

Nuestro país desarrolla varias acciones en función del bienestar de las personas mayores. Desde la atención médica gratuita, hasta los cuidados ofrecidos a los abuelos como parte de un programa de prioridad para el Sistema de Salud Cubano.

El municipio Pedro Betancourt, por ejemplo, cuenta con dos instituciones sociales en función del adulto mayor. En el hogar de ancianos se atiende hoy a 46 personas internas y seis seminternas, mientras en la Casa de Abuelos reciben cuidados 18 longevos.

Protegerlos contra la indiferencia y el olvido, brindarles allí el cariño que precisan y velar por cada una de sus necesidades, son los principales retos que asumen los trabajadores de estos centros en una lucha por preservarles la vida.

Sin embargo, muchos ancianos permanecen en sus viviendas bajo la tutela de los hijos o nietos, y no siempre encuentran la paz y el amor que necesitan. Por el contrario, las consecuencias de una familia disfuncional convierten los conflictos, la mala conducta y hasta el abuso en la cotidianidad de los abuelos.

Y es que la fórmula no se halla en el lugar donde convivan, sino en la atención que se les brinde. Resta valorar entonces nuestra actitud diaria hacia ellos. En lugar de darnos golpes de pecho porque los mantenemos a nuestro lado, debemos repensar si en realidad logramos librarlos de angustias y maltratos, para que sean más felices.

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