Conciencia social vs covid-19

Hace tres meses solo salgo de casa por razones muy justificadas, ya sea por alguna consulta programada de mi bebé o de la atención prenatal que recibo en los centros asistenciales del municipio Los Arabos.

Por este motivo cada lunes en la mañana camino cerca de cuatro cuadras para llegar hasta el consultorio del médico de la familia y ese recorrido semanal me ha bastado para alarmarme con la escasa percepción de riesgo que se aprecia en parte de la población arabense, incluso cuando Matanzas es una provincia que recién inicia la primera fase de recuperación.

Soy consciente de que hay personas de las que circulan por la calle que se encargan de garantizar la comida del hogar, otros se dirigen a sus puestos de trabajo o a cumplir con algún trámite impostergable. Pero estoy segura de que ese no es el caso de todos los transeúntes.

En el punto medio de mi trayecto se encuentra el parque Camilo Cienfuegos, el sitio más céntrico de este territorio. Son escasas las oportunidades en que la mayoría de sus bancos permanecen vacíos. Todavía más peligroso es que en los alrededores del lugar otros tantos internautas se acomodan con muy poco espacio entre sí.

Muchos de quienes allí acuden tienen la necesidad de comunicarse con sus familiares y amigos; no obstante, algunos aprovechan la brisa matutina para conversar, tomarse un helado o simplemente descansar.

Todo ello no estaría tan mal si durante ese periodo de tiempo respetaran las disposiciones adoptadas por las autoridades sanitarias del país para contrarrestar el avance de la pandemia, como el distanciamiento físico y el uso correcto del nasobuco, una prenda cuya utilización queda en muchos casos relegada a los horarios diurnos.

Pero no ocurre así y en este punto llama la atención que, aun cuando la radio base comunitaria orienta e informa sobre las sanciones que podrían imponerse a quienes no respeten dichas medidas, los infractores prestan oídos sordos y siguen concentrados en sus tan importantes actividades, incluso más urgentes que preservar la salud.

Llama la atención que, inclusive con estas manifestaciones imprudentes, en el municipio solo exista hasta la fecha un caso positivo a la covid-19. Sin dudas, estos resultados se deben al esfuerzo del personal de la Salud y las autoridades del territorio. Sin embargo, dadas las características de un virus que se ha presentado con niveles elevados de propagación, esta realidad puede cambiar en cualquier momento.

Basta detenerse un instante a observar a los jóvenes que casi todas las tardes juegan fútbol frente a mi casa con el rostro descubierto o cómo se desenvuelven las “colas” en los escasos puntos de venta existentes en la cabecera municipal, donde se expende pollo, aceite, jabón, viandas, entre otros productos indispensables y a veces algunos no tan importantes, pero que igualmente convocan a un mar de pueblo a aglomerarse y sumarse a la indisciplina.

En mi opinión, únicamente cuando las multas dejen de ser advertencias y se apliquen esta y otras penalidades, los irresponsables que ponen en peligro, no solo su seguridad, sino la de todos a su alrededor, prestarán atención a la trascendencia del papel de cada individuo en la lucha colectiva que liberamos contra el coronavirus.

La guerra que hoy sacude el mundo contra un enemigo sin rostro demanda de nosotros mayor responsabilidad, conciencia social y disciplina. Entiendo que el confinamiento contribuye a disparar los niveles de ansiedad y estrés, pero permanecer en casa no solo es necesario, sino que resulta la única medida realmente efectiva para evitar contagios.

Únicamente con estas cartas de triunfo preservaremos lo más importante para todo ser humano: la vida.

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