Con la luz de los ángeles (+audio)

Duerme el verso convertido en susurro. La pluma y una hoja en blanco le arrullan las metáforas mientras la mujer lo vive, lo palpa, lo reacomoda y lo plasma en una libreta olvidada en la esquina de la mesa.

Una construcción sintáctica aún sin destino aguarda el soplo de aire que la traiga a la vida; van y vienen frases delatoras de los desmanes de una mujer que nace y muere en el borde del renglón, a la sombra de sensuales confesiones.

En sus palabras encontraremos poesía porque su vida misma se escribió entre rimas de amores, desamores y promiscuas miradas al interior de un ser capaz de arropar en nosotros los sentimientos que a veces creímos perdidos.

Casi recitaba Carilda al hablar y sus palabras se precipitaban desde el contorno de sus labios como si la luz no encontrara otro lugar donde anidar que no fuera en su boca demorada.

Ella lleva la poesía hasta en su nombre, sus apellidos y su cuerpo convertido en papel blanco, como si se entregara completa en alma, lágrimas y tormentas. Gracias a esta mujer, leal a esta Atenas que la reclama, muchos aprendimos a amar la poesía. Sin mayores presentaciones, porque ella es símbolo desde la poesía infinita de su adorada Isla, Carilda Oliver Labra fue acogida por la historia y en la historia misma se ha convertido.

La casa de Tirry 81 hoy permanece en silencio. Así es desde el momento en que su cuerpo quedó inerte y su alma levitó buscando la justa dimensión para tan alta poesía.

Este 6 de julio muchos le dedicarán ofrendas y homenajes en su 98 cumpleaños. Yo prefiero recordarla como siempre la vi: hermosa, maquillada, regalándonos con una sonrisa un discurso colmado de lírica.

Desde la paz de sus letras hasta la fogosa pasión encarnada en sus versos intemporales, Carilda es correspondida por una Cuba que venera a una poeta que irradia la luz propia de los ángeles.

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