Antojos de playa

f¿Se ha preguntado usted por qué muchas personas se sienten compulsadas por las playas? Es como una pasión sin limites que ataca a quienes viven en esta bella Isla.

Ver las arenas blancas de Varadero o las de la playita de la ciudad bañadas por el mar, que invitan al descanso y al relajamiento, acunados por una mezcla perfecta de tibieza y frescura, provoca deseos intensos de acudir a la playa, aunque los slogans digan que daña la piel.

En realidad, nos pasamos el año suspirando por el momento en el que podremos irnos de vacaciones, porque eso implica no tener un horario fijo para levantarse, ser dueño de cada minuto del día para disfrutarlo como queramos y poder descansar de todo.

Obviando todas las recomendaciones de la primera y segunda fase de recuperación de la pandemia o del conocido mensaje que el sol es “perjudicial” a determinadas horas, muchos llegan a la orilla exactamente en el momento en que deberían estar marchándose, pero como expresa un amigo, da igual, están de vacaciones y trajeron protector. Así está colmada la arena, lleven nasobuco, se coloquen a dos metros del humano más contiguo y eviten el toca-toca, cumplirán con las medidas preventivas y luego se lanzarán al agua.

¿Qué ocurre ante la inmensidad marina? 

Ivón Fernández, 69 años: “Es emocionante, me paro frente a la ansiada playa y observo a mi alrededor la arena y el mar, un sol terrible, pero no desisto sino que enfilo resueltamente con mis nietos por delante.

“Busco un sitio donde colocar las jabas, despliego las toallas, instalo mi sombrilla y miro con envidia a quienes pueden traer mesa, sillas y nevera.

“Existe una forma de instalar un espacio de sombra y es con cuatro palos de metro y medio y una sábana, que se amarra por las puntas, como un techito. Es muy eficiente y caben más”.

Si uno analiza bien no importa que el espacio sea pequeño, la competencia es ganar terreno al de al lado, sobre todo si no tienen niños.

Mientras la madre, la abuela o la tía se dedica a untar al que se le pone delante con un líquido blanco, los mayores inflan a puro pulmón la balsa y los salvavidas para quienes aún no saben nadar.N aturalmente, cada año esto será uno de los objetivos. Enseñar a nadar a la prole.

Una amiga me contó, en un análisis profundo del tema, que cuando todo está listo para meterse en el mar de una vez, surge el dilema de quién se queda al cuidado de los bultos y tras un rato de discusiones, se organizan turnos para ir al agua y cuidar de paso a los pequeños en la orilla.

Pasa una gaviota y se admira de como todos están llenos de arena y corren de un lado a otros mientras los adultos se tumban en la caliente arena. Es posible que llegue la hora de construir castillitos o enterrar al más gordo. También están los que prefieran las caminatas por la orilla o conversar con el más próximo en el agua o en la duna.

Recomiendan las abuelas que al salir del agua hay que enjuagarse inmediatamente, aunque por otra parte los abuelos aconsejan que dejarse el salitre en la piel es sano.

Arriba entonces el horario de la merienda o el almuerzo, que se devora con prontitud. Los más miedosos esperan un par de horas y el resto sale de nuevo a revolcarse entre las olas.

Al final, al momento del retorno al hogar, se aprecia un grupo exhausto, caracterizado por el aroma peculiar a protector, comida, arena, salitre y mar. Pero, a ¿alguien cree que estos veraneantes escarmentaron, qué será la última vez que irán a la playa?. Error. Me juego la vida que, por la noche, abrasados de calor sobre la cama, pensarán: “¿cuándo vamos a volver?”

Beneficios decla playa

La playa beneficia la piel y tonifica el cuerpo. El agua marina aporta altas cantidades de oligoelementos como el sodio, yodo, zinc, potasio, que cuentan con efectos curativos.

Es por esa razón que cuando el cuerpo entra en contacto con el agua salada, estos elementos son absorbidos por nuestra piel y se produce una renovación de los mismos; este proceso es conocido como ósmosis.

Una de las principales propiedades beneficiosas del agua marina es su poder curativo sobre eccemas, reacciones alérgicas, descamaciones, y otras. Y es que la concentración mineral ayudará a luchar contra las bacterias por sus propiedades antibióticas y acelerará la curación.

Gracias a la sal y el cloruro de potasio, el agua marina tiene grandes propiedades antisépticas que resultarán apropiados para curar pequeñas heridas, cortes, rozaduras, arañazos. Es por eso que en ocasiones podemos sentir escozor en las heridas al bañarnos, pero no por ello debemos creer que resulta perjudicial.

Por otro lado, los minerales garantizarán que nuestra piel se mantenga nutrida, de forma que conseguiremos una piel más elástica y con mejor aspecto. Asimismo, la sal del agua de mar funciona como exfoliante, por lo que eliminará las toxinas de la piel.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *