TV cubana: ¿sentido del humor o humor en los sentidos?

A los cubanos el humor nos viene inyectado en la sangre. No es de extrañar que haya llegado pronto al teatro nacional, a la radio y la televisión, con la incursión en los programas de situaciones cómicas casi primero que el resto del mundo.

Un actor y músico de origen cubano, Desi Arnaz, fue el creador de la superclásica serie norteamericana de comedia I love Lucy, que se emitió durante la década de los 50, en cuatro temporadas.

Por los años 60, Casos y cosas de casa deleitó a los espectadores con José Antonio Rivero, «Coqui» García, Martha del Río y Ana Lasalle. Un popular programa humorístico cubano de corte satírico, con excelente factura, apareció en los 60 y 70. San Nicolás del Peladero se mantuvo en la preferencia del público por dos décadas.

La serie de televisión Detrás de la fachada se desarrollaba en un edificio de apartamentos, con distintas parejas, donde se satirizaba el acontecer diario. Los elevados «ratings» mantuvieron el programa al aire por casi 30 años.

Vivir del cuento es la propuesta humorística actual con mayor nivel de aceptación entre los cubanos, dentro y fuera de la Isla. Luego de varios años en el aire, persiste en renovar su imagen con nuevas propuestas y retos, ahora en manos de RTV Comercial.

Quienes recuerdan su nacimiento en 2008 saben que en esa primera parte había competencias con dramatizaciones, de ahí que Omar Alí, un excelente actor con un diplomado de dirección, fungiera como codirector. Entonces, numerosos guionistas engarzaron las historias. Por ahí pasaron Baudilio Espinosa, Alianis Jáuregui, Onel Peña y Antonio Berazaín.

Hoy Vivir del cuento es el mejor programa humorístico de la televisión cubana. Pánfilo es un personaje como un su época lo fueron Melesio Capote o Plutarco. Luis Silva ha modelado a un cubano de la tercera edad que sueña, se pelea con su mejor amigo, pero sobre todo camina entre el público que lo reconoce como parte de su entorno.

Otros títulos que distinguen por su buena factura y aceptación son los clásicos Si no fuera por mamá, Deja que yo te cuente, ¿Y tú de qué te ríes? y Punto G.

Pero esta es la parte feliz de la historia. Los programas humorísticos en la televisión actualmente están muy distantes de las propuestas inteligentes y atractivas que necesitan los espectadores, una realidad cada vez más apreciable en la pequeña pantalla cubana, con ejemplos como 25 por segundo, En humor a la verdad, Donde hay hombres no hay fantasmas y Tres por uno estrés.

Para comprender la inefectividad de intentar hacer reír desde propuestas donde lo banal y lo vulgar son el principal ingrediente, baste mencionar A otro con ese cuento, bajo la dirección de Delso Aquino. Se trata de un programa que se ha mantenido en la televisión bajo no sé qué concepto estético e intelectual.

Lo que en sus inicios se anunció como una propuesta “cargada de humor”, hoy no es más que una sarta de chistes facilistas, cámaras ocultas importadas, personajes malogrados hasta llegar a parecer tontos y pocos frutos en cuanto a hacer reír a un público medianamente inteligente.

En su fallido intento por seguir el camino de Pateando la lata, éxito humorístico de finales de los 90, A otro con ese cuento se conforma con mostrar al público discursos demasiado machistas o extremadamente feministas, donde las mujeres se exhiben como productos de tienda, atacan a los hombres cual guerra campal por demostrar quién es más tonto o la homosexualidad sirve como diana a las burlas sociales. Una larga lista que puede usted consultar con solo sentarse frente al televisor una tarde de domingo.

Dentro de un guión carente de cualquier chispa de ingenio se pueden salvar algunas pocas apariciones de actores con experiencia que tal vez logran arrancar una sonrisa donde debería estallar una sonada carcajada.

En sentido general, los programas humorísticos de la televisión cubana han sido un reflejo fiel de la idiosincrasia del cubano, tan dado a burlarse, sin dañar sensibilidades ni renunciar al respeto humano, de las situaciones cotidianas.

Chistes perspicaces, cargados de doble sentido e inteligentes, a manera de los de la tropa de Pánfilo, deben permanecer en la pequeña pantalla cubana como la suave brisa que nos refresca ante propuestas, cuya poca creatividad y desmedida para herir se sienten cual mazazo en medio de la cara.

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