Matanzas deviene pieza esencial de la cultura cubana

La fuerza creadora de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en Matanzas torna suya la celebración por la Jornada por el Día de la Cultura Nacional. Su rúbrica se siente en los hogares, talleres, instituciones y plazas. Prolifera como estallido de luz y convierte a esta urbe en sitio distintivo de la nación.

Precisamente sobre las perspectivas de la UNEAC conversamos con su presidente, José Manuel Espino, desde la sede de la filial. ¿Cuál es el sentir manifiesto en torno a esta fecha?

“Es difícil hablar de Matanzas y no verla reflejada en sus artistas que se tornan esencia de lo cubano. Tanto la provincia como su capital. Si una ciudad posee un arte que constituye una mirada distinta, esa es la Atenas de Cuba, elevada como referencia, porque uno siente que estar a la altura del artista matancero no es fácil.

“La misma urbe está construida a partir de su arte, desde la concepción urbanística, de una modernidad perfecta, la suma de sus tradiciones, entre estas las rumberas que parten de los esclavos para arribar a la nueva interpretación danzonera que salva lo concebido a principios del siglo XX. Vale poner a dialogar esos arranques expresivos. Y se patentiza igual en las artes plásticas, en las tertulias literarias y artísticas, en el auge escénico, en los medios audiovisuales.”

-¿Cuál es la nueva visión que envuelve con aire renovador a la Ciudad de los Puentes en el siglo XXI?

“Si observamos con una distinta mirada, la arquitectura, las creaciones, sin obviar las condiciones sociales, es difícil verla como se divisaba en siglos anteriores, indica Espino. «Ahora creo que somos una Atenas contemporánea. Eso se aprecia en la transformación de la ciudad por su aniversario 325, la belleza del centro histórico, el rescate del teatro Sauto y las obras en el hotel Louvre.

“A esto se suma, en mi opinión, el compromiso del matancero por cuidar lo que se ha logrado; ese empuje cultural que ha existido ante la fundación de esta región y en homenaje a nuestros símbolos nacionales.”

Sobre los lazos existentes entre los creadores y esta tierra bendecida, el multipremiado escritor nos confirma:

“Creo que, en particular a los artistas y escritores, Matanzas nos compensa con un lujo y es cómo sus habitantes reciben el arte. Hay un público conocedor, personas que aman lo que se les entrega y se muestran agradecidos. Y se ha buscado un diálogo con la comunidad para contribuir con la evolución espiritual de los matanceros. Eso lo apreciamos, por ejemplo, al retomar el pasado en la calle Narváez y replantearla desde cánones actuales. No tiene que ver con lo anterior, pero si con este habitante de ahora en un entorno con hálitos renovadores.”

Son desafíos en una ciudad que vive un nuevo momento histórico. No son las mismas aspiraciones materiales, dirán algunos, pero permanece indestructible el anhelo de creación, esas ansias de cultura que signan la personalidad del matancero así pasen mil años.

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