El premio: una vida a la Ginecobstetricia

Naranjal, 11:00 a.m. Llueve. Observo el techo de mi habitación en busca de alguna señal. No encuentro tema para escribir. Llevo dos semanas de prácticas y, al parecer, desaparece mi creatividad. ¿Qué hago? Me pregunto repetidas veces. Una crónica de mis vecinos, un reportaje del curso escolar, un comentario… ¡Ay! No sé.

Suena mi celular. En la pantalla aparece el nombre de mi tutora. Cojo la llamada:

-Gisselle, buenos días. Es Maritza Tejera.

-¿Qué tal profe? Dígame.

-Te llamo porque quiero recomendarte un trabajo. Jesús Hernández Cabrera, especialista en Ginecobstetricia, ha recibido tres premios en lo que llevamos de año. Tal vez te interese entrevistarlo. Es una persona extraordinaria. Te envío un mensaje con su número de teléfono y su dirección.

-Gracias profe. Lo llamaré para coordinar cuándo verlo.

Así lo hice. El encuentro está pactado para la tarde. Anoto, emocionada, una guía de preguntas en mi agenda. Doy gracias por tener qué hacer. No me gusta la monotonía.

Cesa la lluvia. ¡Por fin, justo a tiempo! Aunque un manto gris cubre el cielo plenamente. Las calles parecen espejos. Un olor a humedad inunda el ambiente. El aire sopla frío y cortante. Clima perfecto para que reine el calor de una conversación. ¿No creen?

5:00 p.m. Emprendo la marcha hacia la residencia del doctor Jesús. En el camino siento cosquillas en el estómago y me sudan las manos. Debe ser el nerviosismo ante la responsabilidad de entrevistar a un consagrado hombre de ciencia.

Toco la puerta de una casa antigua. Inmediatamente, alguien abre.

-Buenas tardes, ¿aquí vive el obstetra Jesús Hernández?, pregunto confundida.

-Sí, soy yo.

-Médico, soy Gisselle, la estudiante de Periodismo que habló con usted.

-¡Ah, sí, sí! Adelante.

Sigo sus pasos. El asombro se apodera de mi rostro. Una barra de ballet, una tarima entablada, fotos de una bailarina alrededor. ¡Estoy en el universo equivocado! Comento en el silencio de mi mente. Como si me hubiese escuchado, Jesús me aclara, para que no me asuste, que su hija es profesora de ballet. Ahora sí, eso tiene sentido.

Sin más preámbulos, nos sentamos en la sala, habitación contigua a la del salón de baile. Pude visualizar a un hombre de más de 70 años, con una mirada tímida, pero agradable, como si soñara despierto. Blancos, los cabellos de la cabeza y la barba, como las nubes que les faltan al cielo en un día de invierno.

-Doctor, ¿cuáles fueron los premios que recibió este año y qué significado confiere a cada uno?

Primeramente, recibí el premio Armando Carnot, personalidad conocida como el médico de los pobres. Lo otorga la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). Pues, los estudiantes consideran las cualidades del profesor, así como su trayectoria. Me sentí muy honrado cuando los jóvenes me lo entregaron, porque siempre existe el temor de cómo llegarles, pero cuando se logra se establece una especie de lazo, un vínculo muy positivo.

Entrecruza los dedos. Baja la mirada intermitentemente. Por momentos, parece que su modestia le impide hablar de sus galardones.

La segunda condecoración vino de la Sociedad Científica Cubana de Ginecobstetricia,  de la cual soy presidente aquí en Matanzas. Es un premio a la obra de la vida, dedicado al trabajo científico, a publicaciones en revistas, etc. Resultó importantísimo para mí el reconocimiento que me hizo el gremio de las ciencias, específicamente en mi provincia, a la que me debo en cuerpo y alma.

Por último, me concedieron la medalla Jesús Menéndez, otorgada por la Central de Trabajadores de Cuba (CTC). Cumplo 50 años en mi profesión y, como obstetra, toda la vida. Ese es mi mayor premio. Cuando era alumno de cuarto año de Medicina, aprendí a dar puntos y me involucré enseguida con la dinámica del salón de operaciones.

Respira profundo como si acabara de hacer un examen. Se mece tranquilo en su sillón mientras me comenta el honor que simboliza para él ser el único obstetra que ha recibido las tres premiaciones.

-¿Qué requisitos considera pertinentes para ejercer la Ginecobstetricia?

Amar el estudio, el trabajo digno y desinteresado. Respetar el derecho de todas las mujeres a la maternidad, a sentirse protegidas por un sistema médico que las valore, ya que poseen el don de engendrar la vida.

-¿Qué proyectos contempla en el presente y futuro próximo?

Por ahora, la docencia representa mi gratificación más cercana, al igual que mis consultas en el hospital materno José Ramón López Tabrane. Además, estoy enfrascado en el proceso de mi tesis de doctorado, cuya culminación se ha visto interrumpida por el impacto del coronavirus en nuestro país. En ella abordo una temática que defiendo hace muchos años, la posibilidad de embarazo en mujeres entre 35 y 42 años.

Continuamos la charla por más de una hora, acerca de los diferentes pasajes de su vida y obra como estudiante y profesional, anécdotas que marcaron su ejercicio, pero lo podrán leer más adelante, en otra ocasión.

2 comentarios

  • Dr. Gerardo Robaina

    Honor a quien honor merece. Merecidísimo reconocimiento a este profesor de profesores.

  • Ha sido emocional leer este trabajo especial por parte de La Periodista (porque para mi, Ella se ha comporatdo más más que u a estudiante de periodísmo) y porque se ha hecho un honor enorme y gratificante a un super señor de persona e especial…querido Profesor Eterno como Profe Jesús Hernández. Simepre digno e emocional sobre su pasión. Muy merecidos premios. Le deseo lo mejor con la tésis. He estado en esa casa querida y sí tiene mágia. Abrazos Profe. Se le quiere profúndamente. Thank you so much.

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