Ulises y el laberinto de las musas

 

Una entrevista al matancero Ulises Rodríguez Febles significa insertarse en un laberinto de ideas que se construyen a partir de su pasión por escribir. Cuentos, novelas, con preferencia al “único arte donde la humanidad se enfrenta a sí misma”.

Se le considera uno de los principales dramaturgos cubanos contemporáneos. Su don especial lo revela en la escritura, con obras que abarcan disímiles temáticas de carácter social, biográfico o reflejo de las relaciones familiares, pero su labor se extiende hacia la actuación, el asesoramiento y el magisterio junto a la dirección de la Casa de la Memoria Escénica en Matanzas.

¿Lo primero fue el teatro?

“Desde que aprendí a leer, cambiaba la voz en los diálogos, escribía juegos para mis amigos que llegaban al valle de Guamacaro y en quinto grado comencé a actuar. En la Secundaria armamos un grupo llamado Los Dacios, con el cual hicimos obras mías, con temas históricos y adolescentes. Quería ser actor. Luego cuando me tocó ir al ISA no abrieron la carrera de Actuación ni tampoco pude entrar en la de Teatrología ese año; pero la vida es larga y hay que persistir para alcanzar lo que uno sueña.”

¿Qué estudió?

“Estudié una de Humanidades, me enfilé hacia la Licenciatura en Literatura y Español. Sin embargo, no desistí. En la Universidad me incorporé a un grupo de teatro que obtuvo muchos premios. Escribí la obra “La semilla que no germina”, que se estrenó en el Pedagógico. Principal para mí fue el monólogo “El corcel verde”, dirigido por Carlos Manuel Betancourt, que trataba sobre la delincuencia juvenil vinculada al tráfico de dólares, con el cual alcancé más de 10 galardones en festivales nacionales de la FEU,  la AHS, la UNEAC y eso me llevó al teatro profesional.”

¿Cómo logró insertarse?

“Albio Paz y el asesor Pedro Morales me vieron actuar, les llamó la atención y me proponen la entrada al grupo El Mirón Cubano en el año 1992. A la vez me llama el maestro René Fernández al teatro Papalote para la obra “Disfraces” e interpreté cinco personajes, en un montaje de 25 días, con Mayda Seguí y Rubén Darío Salazar. Cuando emigro a Teatro D’ Sur continué con el personaje de “El corcel verde” por mucho tiempo y otros más, bajo la dirección de Pedro Vera.”

Entonces los inicios son como actor y escritor… ¿Y el trabajo de asesoría?

“Nunca he dejado de estar relacionado con el teatro y también con el magisterio como profesor de Historia y Apreciación del Teatro. Fue en el propio Mirón Cubano, que ejercí como asesor. No obstante,  mi vista no estaba puesta en el teatro callejero ni en el de títeres, por eso me cautiva tanto Teatro D’ Sur. Pedro montaba varias obras, que me atraían y hacia allí fui hasta 1996. Mientras daba clases, además dirigía Actus, agrupación universitaria y actué en 1998 de nuevo con René en el texto “Convocando a Carilda”, donde coprotagonicé con Lea Milagros Hernández.”

A Ulises le agrada hablar de sus dotes histriónicas, pero estamos, ante todo, frente a un escritor con plena conciencia del rol que le corresponde en la historia epocal de Matanzas y la nación, porque lo más revelador de su obra literaria, en mi opinión, es la profundidad que busca en el interior de los personajes, esa manera de desentrañar sus conductas junto a la esperanza que propone mediante el amor y la tolerancia entre los seres humanos.

Algunos críticos le aducen una vocación civil, natural, al valorar la necesidad de constatar el tiempo en que vivimos, como derecho y deber del intelectual.

¿Considera acertado ese criterio? ¿Cómo incorpora en sus textos teatrales las temáticas de corte social?

“Siempre he asumido una vocación social. Uno de mis primeros libros de cuento “El señor de las tijeras”  aborda ese contenido y fue promovido por los talleres literarios, cuyo movimiento taso de gran valor, conocí a grandes figuras como Armando Morales, César López, Eduardo Heras León, Sonia Bravo, Abraham Rodríguez, que premiaron mis cuentos y dramas, aprendí con ellos…

“Me preocupa la sociedad y he indagado, reflexionado su decursar y ha sido una marca en mi dramaturgia y en toda mi creación. Porque soy un ciudadano que camina por este país, un escritor que reconoce la vida y sus conflictos, las preocupaciones y responsabilidades que uno asume con esos hombres y mujeres que marchan a nuestro lado.

“Siento la necesidad de escribir sobre esta época y la sociedad en que me formé. Creo que es una responsabilidad del escritor, indagar en su realidad, desde la honestidad, con la capacidad de reflejar las circunstancias, en que estén las perspectivas y visiones de sus personajes, los traumas producidos por los conflictos en que viven. Escribir siempre, teniendo en cuenta sus tendencias, sus anhelos, colisiones, con el rigor de la verdad.»

Entre sus textos de corte social más conocidos y galardonados se encuentran “La Ventana Tejida”, “El Concierto”, “Huevos”, su obra más querida, “Oscurísima oscuridad”, estrenada por el cuadro dramático de Radio 26, “Béisbol”, en alrededor de una veintena, representados por grupos teatrales matanceros, nacionales y de países como México, Estados Unidos, Italia, Inglaterra y España. A esta profusa creación se añade una interesante vertiente, la relacionada con la música con la trilogía: “Yo soy el Rey del Mambo”, “Danzón” y “Lara”.

No se puede hablar del teatrista matancero Ulises Rodríguez Febles en este país, si no se nombra la Casa de la Memoria Escénica y sus 20 años de creada, en un último sitio mágico, donde ya no caben por la dimensión de sus fondos, de la cual expone el escritor:

“Es una de mis creaciones que defiendo a capa y espada, pues se trata del patrimonio cubano, no solo de la escena, sino de otras manifestaciones: artes plásticas, música, por donaciones e investigaciones que se han hecho de nuestra  identidad nacional, socavada y necesitada de protección y defensa. Veinte años cumplo en la casa, en este espacio alternativo desde el 2000. Auspiciado por Mercedes Fernández, presidenta del Consejo provincial de Artes Escénicas en esa etapa, en la propia sede. No existe en Cuba otra igual. Lo que guardamos aquí es incalculable. Esto lleva una especialización, en la labor de archivista de la escena.

“La Casa de la Memoria Escénica ya no cabe por la dimensión de sus fondos. Por ejemplo, hay 19 películas de Pérez Prado, donadas por mexicanos, únicas aquí, de escritores habaneros, de artistas yumurinos. Trabajamos constantemente en proyectos de carácter local, nacional e internacional. Somos conocidos por investigadores de todo el mundo, pero al cohabitar con el consejo, no logramos alcanzar una identificación particular.»

¿Se siente feliz con su vida?

“Sí, de manera integral, porque en mi hogar cuento con apoyo y solidaridad con mi entrega, por mi esposa e hijos, aunque sigo con sueños inalcanzados.”

Las aspiraciones no acaban…

“Sigo anhelando una Casa de la Memoria Escénica independiente en local y estructura. Todos está proyectado y engavetado. Pienso que Matanzas necesita de un memorial de la literatura y la cultura matanceras, donde confluya la obra de grandes personalidades como White, Milanés, Byrne, Faílde, Pérez Prado, Celina González, Cobo, Carilda… porque somos una potencia cultural inapreciable, y mucho más, aspiro a un sitio oficial donde se preserve el patrimonio nacional.”

(Cita de Arthur Miller)

*Foto personal del entrevistado de Ernesto Cruz

 

 

 

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