… y líbranos del mal, amén

  Nunca había rezado con tanto fervor. Ni siquiera en las misas de cada domingo y mucho menos en los sábados de catequesis. Repetí decenas de veces el Padre Nuestro aquel noviembre de 2001. Yo estaba sentada en la cama de mi abuela y tapada con una colcha rusa bajo un techo firme, que no colapsó como la casa donde

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