La verdad es una espada que no se mella por mucho que taje

Hace casi cuatro años, cuando llegué al aeropuerto de Maiquetía, en Venezuela, como colaborador de ese gran ejército de batas blancas que integra la Brigada Médica Cubana en ese hermoso país, yo estaba impregnado de cierta esperanza, de un cierto júbilo sublime que no tenía medidas ni magnitudes –como decía el Ché- pues cada minuto, cada hora que permanecí en esa histórica terminal aérea antes de trasladarme hacia el Estado de Portuguesa, donde definitivamente fui ubicado para cumplir mi misión, no pude evitar la respetuosa aproximación a mis 24 compañeros esgrimistas asesinados el 6 de octubre de 1976 en el sabotaje perpetrado contra una nave de Cubana de Aviación en pleno vuelo frente a las costas de Barbados.

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