Crónica antigua para una abuela ausente
Te has quedado dormidita en el sillón… Mira que no querer dormir los mediodías en la cama, sino ahí, en el viejo sillón de la bisabuela, donde se han arrullado los primeros sueños de cuatro generaciones, desde la tuya hasta la de mi hijo.
No has sentido mi llegada y no he querido, como otras veces, despertarte. No he seguido a tirar las cosas en la cama, como de costumbre, en cambio, me he sentado a tu lado para mirarte.
¿A qué no adivinas qué fue lo primero que recordé? Cuando mis hermanos eran pequeños y dormían mucho rato, tú, inquieta, levantabas el mosquitero que los cubría para ver si respiraban o no. ¡Loquita! Y ahora he tenido la misma sensación, te he mirado al pecho fijamente…
Te ves tan indefensa, como un niño. Me gustaría que fueses mi hermana y no lo que eres. Te tomo una mano, flácida, venosa, áspera por el trabajo…, pero no lo sientes.
(Te extraño tanto, que sólo mi hijo calma tu ausencia; cada día te veo, paseas en tranvía por la ciudad y me saludas contenta cuando pasas por mi lado; cada día te hablo un poquito, te cuento lo mejor, te pido consejos y también consuelo. ¡Estás linda loquita, con el vestido de guin-gan azul que te mandé a hacer por tu cumpleaños!)
En un instante he creído verte encorvada ante un mar de ropas; o llevándonos de la mano al colegio; meciéndonos en ese mismo sillón; conversando entre nuestros amigos; escogiendo el arroz con espejuelos, porque “si no, lo dejo sucio”; preocupada en la larga espera de una sala de hospital; recogiendo los libros regados en la sala; y hasta airada, con todo el peso de la energía que te caracteriza.
(Me quedé endeudada contigo. No me diste tiempo para darte palabras que no te dije ni escribí, regalarte más flores, sentarme nuevamente en tus piernas, leerte las páginas de un libro, enseñarte a bailar, poner entre tus manos un ramito de nomeolvides…)
¡Estás tan dormidita! ¿Qué vuelo habrá alcanzado tu sueño mientras yo a tu lado te miraba? Si te digo todo esto, te vas a asombrar. Loquita, tú que siempre creíste poco lo que nos dabas. Pero yo, yo que te conozco, te voy a pagar con la mejor de las recompensas, la que más añoras: ¡un beso al depertarte, mima!



Pingback: Old chronicle to a nonpresent grandmother | Radio26.Cu – Matanzas, Cuba