Carlos Verdugo, matancero e ¡Inocente!

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Carlos Verdugo, uno de los ocho estudiantes de medicina asesinados

El 26 de noviembre de 1871 el médico Pablo Isidro Verdugo se vio obligado a abandonar sus faenas habituales en la ciudad de San Carlos y San Severino de Matanzas.

Alarmantes rumores provenientes de la capital del país le habían instigado durante todo el día. Entonces no lo pensó más y dejó atrás los compromisos y partió al ferrocarril con rumbo a La Habana. Viajaba y apenas podía hilar sus pensamientos. Reinaba la confusión y solo aspiraba a que todo fuese producto de un malentendido, un error.

Carlos de Jesús Verdugo y Martínez, su hijo mayor, de tan solo 17 años, había partido el día antes con igual destino. Ya bien de salud optó por regresar a la Universidad de La Habana  para continuar sus clases del primer año de Medicina.

Pablo Isidro veía avanzar el vagón, pero aún así sentía una inmensa urgencia de trasgredir los límites, solo que con el tiempo comprendería que nada hubiese cambiado el final. Por ello lamentaría por siempre la tradicional despedida con su Carlos, a quien vio partir con esa expresión suya de muchacho simpático, apasionado, entusiasta y desprevenido.

Ya en la mañana del propio 27 el padre regresó a la ciudad yumurina con la agonía en la frente y en el alma, y en espera de la peor de las noticias que no por lejana dejó de aparecer puntual en la urbe matancera.

Entre las cuatro y las cuatro y media de la tarde de ese mismo día, ocho jóvenes estudiantes de medicina eran fusilados en La Punta por interés expreso de la metrópoli española.

En tal acción confluyeron el vano fanatismo y odio al cubano de los grupos de Voluntarios, la ambición y corrupción de determinados funcionarios fieles a la corona, y la cobardía y el deshonor de altos oficiales. Hecho que con el decursar de los años constituyó referencia obligada para los jóvenes de entonces, quienes aspiraban a una patria única.

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Cuadro de la época que representa lo ocurrido el 27 noviembre de 1871

Fueron fusilados bajo una acusación falsa, profanar la tumba del periodista español Gonzalo Castañón. Los estudiantes solo habían rayado el cristal que cubría la lápida del nicho y escrito frases revolucionarias en las paredes.

Cuatro de ellos habían subido al carro de transportar los cadáveres al anfiteatro anatómico de la Universidad, que lindaba con el desaparecido Cementerio Espada y desde allí vociferaron el grito insurreccional “Viva Cuba libre”. Además, uno de ellos arrancó una flor de los jardines de la necrópolis.

Todo ello ocurrió el 23, mientras el 25 Carlos llegó a La Habana. Unos minutos más tarde después de su arribo fue apresado junto a todo su grupo, 45 educandos, con la excepción de siete compañeros quienes estaban ausentes a clases.

Hubo un primer Consejo de Guerra donde los jóvenes resultaron multados, pero el rencor y sed sanguinaria de los Voluntarios, cada vez con mayores propósitos de violentar el proceso e interferir en las condenas, exigieron un segundo Consejo que los condenó por infidelidad a la Corona y concluyó con ocho penas de muertes, es decir, un quinto de los apresados.

Sin embargo, como solo eran cinco los que participaron en las acciones del cementerio, se decidió un sorteo para determinar los tres restantes. Explica el historiador Arnaldo Jiménez de la Cal que en un primer momento el matancero libró, solo que hubo una segunda ronda para desestimar a un joven cuyo hermano ya estaba condenado.

Junto a Verdugo fueron acusados varios yumurinos: Eduardo Baró y Cuní y Fernando Pérez Capote, a cuatro años de prisión. Alberto Pascual, a seis meses y fue absuelto el cardenense Octavio Smith y Guenard, de 14 años.

El capitán español Federico Capdevila, quien fungió como abogado de la defensa, apuntó lo detestable del hecho del que “en honor a la verdad no consta el delito de desacato sacrilegio”.

Una vez llegada la noticia a Matanzas, la calle Gelabert (hoy Milanés), donde residía la familia Verdugo Martínez, se colmó de carruajes. “Hasta allí concurrían cubanos y españoles sorprendidos, avergonzados y adoloridos”,  apunta la ilustre matancera Lola María Ximeno en sus Memorias.

Y el padre los recibía, agrega, con una expresión huraña que nunca más le abandonó. Se alejó de la vida social de entonces y murió doce años después a causa de una enfermedad “de carácter maligno, consecuencia del envenenamiento progresivo de la sangre”.

Una vez ejecutada la injusta condena, sus hermanos Pablo Eligio, estudiante de Derecho Civil, y Justo Germán, aspirante a la carrera de Medicina, se ausentaron del país para concluir sus estudios en Europa.

Una tarja matancera, para Verdugo y sus compañeros

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Casona natal de Carlos Verdugo. Detalle de tarja ilegible

Durante la década del 20 del pasado siglo el Colegio de Estudiantes de Matanzas consagra al 27 de noviembre una tarja conmemorativa en la casa nativa del joven Carlos Verdugo, lugar que con los años se convirtió en escenario para encuentros y propósitos revolucionarios, tanto en la época republicana como en la actualidad.

Es aquí donde estudiantes de la Universidad de Ciencias Médicas Juan Guiteras Gener, de Matanzas, abogan por intereses mundiales: la autodeterminación de los pueblos ante naciones opresoras y los derechos que asisten a Cuba y los cubanos.

Ubicada en la calle Isabel Primera, entre Vera y Navia solía sorprender a los transeúntes y visitantes por su inmensidad e hidalguía. Sin embargo, desde hace varios años Josefa Prado Gómez, una de las vecinas de  la cuadra, ha notado cómo los pequeños de las escuelas cercanas solicitan ayuda para leer con total claridad el texto inscrito.

“El paso de los años ha limitado la comprensión, no para los especialistas o historiadores, conocedores de nuestra historia, sino por aquellos que llegan o los más jóvenes”, destaca Laura Martín, especialista principal de la Oficina de Monumentos de la Dirección provincial de Patrimonio Cultural.

“Cuidarla corresponde a todos, pero recuperarla únicamente responde a profesionales especializados en el rescate del patrimonio, para realzarla y sumarla con todo su esplendor ante los cientos de estudiantes que en peregrinación llegan al sitio.”

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