El debut de Cuba (V)
Cuba constituyó el primer país latinoamericano en los Juegos Olímpicos modernos. Sucedió en París 1900 y lo hizo con gran éxito, al finalizar en el lugar doce del medallero por países.
Cuando apareció el nombre de Cuba en París 1900, muchos desconocían la existencia de la Mayor de las Antillas. En ese entonces, figuraba como una ex colonia de España en poder de Estados Unidos.
El joven esgrimista de 17 años Ramón Fonst acudió como único representante cubano. Nacido el 31 de agosto de 1883, en La Habana, falleció en esa ciudad el 19 de septiembre de 1959. De origen burgués, desde niño se educó en París. Allí realizó los estudios fundamentales y dio los primeros pasos en la esgrima, donde sobresalió en la modalidad de espada. Además, practicó varias disciplinas deportivas, destacándose en tiro y boxeo francés. A los once años se tituló campeón de florete en Francia, uno de los países de mayor desarrollo en ese deporte de orígenes remotos. A los dieciséis se proclamaría campeón mundial.
Sin embargo, a Ramón Fonst nunca se le ocurrió competir por ese país. Sentía el orgullo de ser cubano de estirpe y toda la gloria se la dio a su patria. No solo se convirtió en el primer campeón olímpico cubano, sino también puso en alto el nombre de Latinoamérica en el casillero dorado de los Juegos.
En la cita de París, Fonst venció en espada y perdió ante su profesor, el francés Ayat, en la final de espada para profesionales y amateurs. Causó asombro la notable habilidad y destreza de ese adolescente zurdo, muy alto, con gran alcance de brazos, poseedor de una fuerza y resistencia extraordinarias.
Ramón Fonst Segundo fue seleccionado entre los Diez Atletas del Siglo XX en Cuba, como un esgrimista excepcional que practicó varias disciplinas y logró una longevidad envidiable. Sin duda, un paradigma del deporte cubano de cualquier época. Único que, reconocido en vida, ocupó altos cargos en la antigua Dirección General de Deportes y en el Comité Olímpico Cubano.


