Los mangos de la abundancia

foto portada mangosDesde la Carretera Central, cerca de Guanábana, se pueden observar los árboles de mangos de injerto Súper Hide. Una variante peculiar por la amplitud del frondaje, la abundancia de frutas y el  tallo pequeño.

Las casi mil 200 plantas pertenecen a la finca La Deseada, de Norge Zaldívar Quintana, productor  de la Cooperativa de Créditos y Servicios 17 de Mayo, del municipio de Matanzas.

«Este año parecía que no iba a haber mangos, pero fue al revés. Llevamos un mes y pico de cosecha y ha sido horrible. Lo aprovechamos todo, porque esto es una bendición de Dios», refiere Lourdes Rey, esposa del cooperativista desde hace 40 años.

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Variedades de la fruta como el Mango-Piña, el Reina-México, Bizcochuelo, Corazón, Toledo y Papelino se delinean en el paisaje. La calidad de las especies se refleja en su peso, los mangos aquí sobrepasan las cinco libras.

Norge, pequeño de estatura, recorre con rapidez la finca. En el 2015 se le echaron a perder los mangos en el campo porque la Empresa municipal de Acopio no podía recogerlos. Hoy su producción sobrepasa las 900 toneladas y el Estado contrató solo 800.

La minindustria no tiene precio

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«Esta es una opción que tenemos para el mango que se madura en la mata, dañado o que Acopio no recoge», insiste Zaldívar Quintana mientras muestra una minindustria artesanal.

En una máquina muelen la fruta, la pulpa la embotellan, sellan con chapas y cuecen en baño de María.

Algunos niños pasan sus vacaciones aquí y aprenden el arte de cultivar. Vecinos y amigos de la familia se congregan para ayudar al agricultor.

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«Aquí lavamos las botellas, las desinfectamos, pelamos las frutas. Ayudamos en lo que sea, porque trabajo sobra», refiere Juana Alarcón Rodríguez, quien cada año colabora en la tarea.

«Las medidas higiénicas son importantes, si no se hizo como era, la botella explota. A mí casi no me quedan pelos en los brazos de tanta candela», insiste el campesino.

«Pago al que me cuente en un día las botellas de pulpa de mango», sonríe pícaramente Norge. «Yo creo que hay cerca de dos mil, ahora las guardamos y cuando se acabe la temporada las vendemos.»

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Especialistas del sector agrícola vaticinaron en el 2016 una superproducción de mangos. Sin embargo, el municipio de Matanzas no cuenta con los recursos necesarios para procesar los volúmenes.

La instalación de minindustrias artesanales favorece el aprovechamiento de las frutas, pero no es la solución del problema.

La Deseada tiene dueño

«Esta finca todos la querían, de ahí su nombre La Deseada”, recuerda Norge Zaldívar Quintana.

Desde hace más de ocho años este guajiro, Ingeniero Agrónomo, labora en casi sus dos caballerías de tierra. El cuidado del campo es diario y aunque produce otros cultivos como las viandas y los granos, pretende especializarse en los frutales.

«El trabajo es difícil, lleva esfuerzo. A diario me proponen que venda mis producciones a particulares, pero lo contratado con el Estado es  para mí sagrado.

«Mi esposa y yo tuvimos que mudarnos para la finca, de otra manera no íbamos a lograr nada. Ella a veces extraña, pero respirar este olor a campo es bueno», comenta Norge.

El guajiro vuelve con avidez a la faena, no sin antes brindarnos una tajada de los mangos de la abundancia.

(Fotos de la autora)

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