Luego de los Villanueva….
Retrato de un niño llamado Pablo, de Teatro de Las Estaciones, La consagración de la primavera, de Danza Espiral y CCPC, la República Light, de El Portazo, merecieron Premios Villanueva de la Crítica Teatral en su más reciente entrega.
Pero, vale la pena regresar a los buenos ejemplos de la escena matancera para reafirmar la valía del arte de las tablas a nivel nacional e internacional.
La versión matancera de La consagración de la primavera es una apropiación inteligente que parte del mestizaje originario de Stravinski y Nijinski para ponerlo a convivir con la mezcla de raíces que conformó la cultura cubana.
Lilian Padrón concibió para la compañía que dirige, Danza Espiral, una novedosa visión sobre la propuesta, una relectura de la obra de Alejo Carpentier, una propuesta valiente y atrevida por lo riesgoso de volver a una de las piezas más valoradas del repertorio musical y dancístico con rotundo éxito.
Como un espectáculo diferente dentro de la producción escénica más reciente de Las Estaciones se puede catalogar Retrato de un
niño llamado Pablo. Con textos divertidos e instructivos para el público infantil, la obra aborda algunas de las complejidades a las que se enfrentan las familias cubanas contemporáneas.
“Cuando empezamos el proceso de montaje el elenco era un poco mayor. Entonces yo asumí dos personajes: el padre y, junto a Isabel Medina, a Pablo. Luego de que dos actores se separaran del colectivo me quedé solo con el padre.
“En principio fue un poco complejo para mí porque ni siquiera me lo imaginaba, no tenía la certeza de por dónde encauzar la interpretación porque la obra era bastante histriónica, hasta que logré encontrar un punto de partida.
“A partir de ahí se volvió muy especial para mí porque a los personajes más difíciles uno le pone un poco más de cariño”, resaltó el actor Iván García.
Con este reconocimiento Teatro de Las Estaciones llegará a sus 25 años de creado el próximo 12 de agosto, luciendo renovados bríos.
CCPC, la República Light en su segunda temporada destaca por la irreverencia del guión, el discurso sin medias tintas ni concesiones. La saga, que sumará cuatro partes, de las cuales ya se presenta la penúltima en el Biscuit, de Matanzas, ha demostrado que el arte también puede ser crudo, directo y crítico sin abandonar la dosis correspondiente de comprometimiento con la sociedad actual.
CCPC resulta una obra de choque. Desde que se estrenó la primera parte de este cabaret teatral los espectadores han sido testigos y conscientes de la intrepidez de una pieza que busca siempre romper esquemas, coquetea con los límites de la estética, la ética, lo socialmente permisible para, al final, constituirse en un canto a la Patria desde un discurso bastante instigador.
“Trabajar en CCPC, desde la primera entrega, siempre fue un reto muy grande porque es un espectáculo en el que tienes que cantar, bailar y actuar. Además, es una pieza que dura dos horas en directa relación con el espectador, por lo que siempre tiene un margen de riesgo muy alto porque uno nunca sabe cómo va a reaccionar el público al que estás atendiendo en la mesa”, valoró la dramaturga y actriz María Laura Germán Aguiar.
Luego de que la segunda parte de CCPC mereciera uno de los Premios Villanueva de la crítica teatral, El Portazo, ni corto ni perezoso, montó la tercera parte la cual, como las anteriores, se apoya en la cotidianidad de los cubanos para abordar las problemáticas sociales en la Isla, los hechos que marcan la vida del país, las preocupaciones de la ciudadanía.
“La tercera temporada es una continuidad de las dos anteriores. CCPC trabaja siempre con sucesos actuales, con la contemporaneidad nacional, por eso es que a veces cambian tan bruscamente los textos al tiempo que han cambiado situaciones a nivel nacional”, afirmó Iván.
Transgresora y polémica ha sido cada una de las temporadas de CCPC. El espectáculo tipo show de cabaret destaca por exigir un poco más de los actores en cada presentación, confesó Germán Aguiar.
“Hemos ido complicando las cosas porque estamos haciendo la obra en Working Progress. Desde la primera, a sabiendas de que tendríamos tres temporadas más, ejerció una presión diferente sobre el director, los actores y el dramaturgo porque sabíamos que al terminar 25 funciones teníamos que empezar a estudiar otros textos, coreografías, partituras.
“Lo maravilloso del reto es que se trata de un espectáculo que se mantiene fresco, sobre todo porque trabaja con la actualidad más inmediata del cubano y de un grupo como El Portazo, donde confluyen diferentes edades de actores, pero todos enfocados en trabajar sobre la historia de nuestro país.”
Diseño escénico y gráfico, banda sonora, coreografías, vestuario y luces se conjugan con actuaciones que desbordan autenticidad, baile exótico y provocador (tal vez un poco excéntrico en cuanto a palabras obscenas y gestos que rozan la vulgaridad) y divertimento reflexivo que sustenta, desde una propuesta renovada, los presupuestos estéticos de El Portazo.


