Edmundo Amorós, del Palmar de Junco a las Grandes Ligas

Atrapada de Amorós.
Entre los grandes beisbolistas nacidos en la provincia de Matanzas
ocupa un lugar destacado Edmundo Amorós Isasi, quien triunfó en las
décadas de los años 40 y 50 del pasado siglo en las categorías para
menores de edad, en el deporte aficionado de mayores y en el
profesionalismo.
Sus primeros pasos como jugador los dio en el estadio Palmar de
Junco, del barrio de Pueblo Nuevo, en la ciudad de Matanzas, donde
llegó al mundo el 30 de enero de 1930. En sus primeras visitas a la
instalación algunos especialistas no le daban posibilidades de
éxito, teniendo en cuenta su baja estatura; otros, como el reconocido
jugador y técnico Paco Luján quedaron asombrados por la potencia de
su brazo, la velocidad de sus piernas y el poder de sus muñecas, que
no abundaban en niños de su edad por aquellos años.
Con esos atributos y su condición de zurdo, Edmundo Amorós integró
rápidamente el equipo de la Escuela Pública # 8 de su demarcación, de
la que fue su director el eminente pedagogo José Tomás Rodríguez.
Entre los años de 1944 y 1945 ese equipo lideró el certamen nacional
denominado Fundación Cubana del Buen Vecino en el que junto a él
militaban otras figuras que posteriormente triunfarían también en el
béisbol cubano, entre ellos Marcial Rionda y el receptor Enrique
Izquierdo.
En 1949 integra el primer equipo campeón nacional de la categoría
juvenil, el Pueblo Nuevo, conducido por el experimentado Miguel Ángel
“El Negro” Vento y juega con apenas 18 años en la fuerte Liga de Pedro
Betancourt, para mayores, como jardinero derecho del Central Dolores.
Esa etapa del mencionado año fue importante en su carrera, ya que es
seleccionado para el equipo de la liga betancureña, que por primera
vez en la historia era admitida para discutir plazas en el equipo
Cuba a los Juegos Centroamericanos y del Caribe que tendrían lugar en
Guatemala, en 1950.
Para ello este equipo debía eliminarse con los elegidos de la Unión
Atlética Amateur de Cuba en 5 encuentros a ganar 3. En los dos
primeros triunfaron los matanceros en el estadio José Jacinto
Trasanco, de Perico, y el tercer choque, con sede en la Universidad de
La Habana, fue la victoria definitiva. Nueve jugadores de la Liga
pasaron al equipo nacional, entre ellos Amorós.
Paso al profesionalismo.
En el torneo de Guatemala, su último como amateur, Amorós Isasi
rompió la marca de jonrones para citas centrocaribeñas con 6,
contribuyendo al triunfo cubano en calidad de invicto con 7 y cero.
Al regresar a Cuba es contratado por Miguel Ángel González, dueño
del equipo Habana, de la Liga Profesional y logra la distinción de
Novato del Año.
Finalizada la contienda de 1950 marcha con el cubano Alejandro
Pompez hacia Estados Unidos para jugar con los New York Cubans, de las
Ligas Negras, donde promedió para 328 al bate con 14 jonrones
conectados.
Algo destacado en Amorós es que desde entonces no dejó de jugar en
Cuba hasta el último campeonato de 1960 a 1961, cuando al poco tiempo
se prohibe el profesionalismo en nuestro país. Jugó 6 temporadas con
el Habana y 5 con el Almendares en las que conectó 648 inatrapables,
de ellos 49 jonrones, con 312 carreras impulsadas y promedio ofensivo
de 281, sin olvidar su liderazgo de bateo en 1953, con 373 de
promedio.
Participó en cuatro Series del Caribe, tres con el equipo Habana y una
con el Almendares. En 1952, en Panamá y con los Leones obtuvo el
título de bateo con 450, además fue líder en hits con 9 y en dobles
con 4. En esas cuatro Series acumuló promedio ofensivo de 338. Fue
campeón con el equipo habanero en 1952 y con los llamados Alacranes,
en 1959.
Al finalizar el campeonato de 1961 y a solicitud del Gobierno cubano,
la mayoría de los jugadores de los equipos tradicionales (Habana,
Almendares, Cienfuegos y Marianao) permanecieron en Cuba ayudando ese
año a la preparación de los nuevos peloteros que echarían a rodar el
Primer Campeonato Nacional Revolucionario de 1962.
Con ese fin fueron enviados a las provincias a entrenar a los
muchachos que competirían en las llamadas Series Regionales para
buscar su clasificación a la Nacional. Edmundo Amorós estuvo
trabajando en la provincia de Camagüey. Terminada esa labor el
matancero, al igual que la mayoría de los profesionales, se trasladaron
a cumplir los contratos que tenían fuera de Cuba y otros decidieron
quedarse como técnicos en el INDER.
De las Grandes Ligas y su gran momento.
Antes de llegar a las Grandes Ligas, el yumurino, conocido también
por Sandy Amorós, jugó tres años en las sucursales del Brooklyn en las
ciudades de San Paul y Montreal. Con los primeros ganaría el título
de bateo con 337 y en la urbe canadiense tuvo altos cocientes de 353 y
352 por lo que fue llevado al equipo de las mayores, los Dodgers, en
1952.
Con ese conjunto estaría hasta 1957, convirtiéndose en el primer
cubano en asistir a tres Series Mundiales, en las que ganó el anillo
de campeón en 1955. Después la franquicia pasó a Los Ángeles, en los
años 1959 y 1960 y terminaría su etapa de Grandes Ligas con el Detroit.
Es recordado por la espectacular atrapada que hizo en el Yankee
Stadium en el juego decisivo de Brooklyn frente al New York en la
Serie Mundial de 1955, la cual ayudó a preservar la victoria de su
equipo 2-0 y que le dio su único pergamino en la MLB.
Con un corredor de los Yankees en primera y ante las ofertas del zurdo Johnny
Podres, el receptor Yogi Berra disparó una línea peligrosa que
amenazaba con entrar en las gradas del jardín izquierdo. Amorós se
desplazó rápidamente y capturó el batazo en el último momento, de ahí
disparó la bola al torpedero Pee Wee Reese, quien la devolvió al
inicialista Gil Hodges para completar una doble matanza salvadora.
Esa formidable jugada del matancero, junto a otra realizada por el
Willie Mays, en el Polo Grounds, de New York, se conservan como dos de
los grandes momentos de las Series Mundiales de Béisbol en Estados
Unidos.
Luego de quedar cesante en las Grandes Ligas, Edmundo Amorós
finalizó su vida como jugador en México y Venezuela.
El 27 de junio de 1992 falleció en la ciudad de Miami a los 62 años
de edad, víctima de una neumonía esta gran figura matancera del
béisbol, quien era un ídolo en Cuba y en el barrio neoyorkino de
Brooklyn.
Por sus méritos deportivos su nombre aparece en los Salones de la Fama
del Caribe, que radica en Puerto Rico, y ocupa espacio destacado
entre los Inmortales del Palmar de Junco, de Matanzas, donde se formó
como pelotero.
Comentarista-narrador deportivo en Radio 26. Matanzas. Cuba.
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