El “profe” Vidal, fe de vida

Fotos: Adrián Juan Espinosa.

Siempre he encontrado un paralelismo entre los doctores Vidal y Ángel Arturo Aballí. Tal vez porque los dos se dedicaron a la misma especialidad, a la sanación de los niños, o porque ambos compartan el mismo segundo nombre: Arturo. Y así como el mito del Rey Arturo ha pasado a la iconografía popular como sinónimo de inteligencia, honor y lealtad, el Arturo de esta historia es un manantial de enseñanzas.

El doctor Vidal estudió la carrera de Medicina en la Universidad de La Habana. Cursó el quinto año y regresó a Matanzas para comenzar las rotaciones hasta que se graduó. Realizó el internado vertical en Pediatría, trabajó en el Hospital de Colón y en el policlínico de Los Arabos.

Entre los estudios de posgrado realizados por él se encuentran las Maestrías en Ciencias de la Educación Superior y en Infectología y la Especialidad en Segundo Grado de Pediatría.

-¿Por qué Pediatría?

-Los profesores que tuve influyeron en que escogiera la especialidad en Pediatría. Me gustaba la clínica en general, la cirugía no me gustaba tanto, pero la clínica sí. Algunos de los profesores matanceros que me motivaron mucho fueron Sergio Álvarez Mesa, María de Jesús Oliva, Jorge González. También debo mencionar a la doctora Gilda Martínez Furé, de La Habana.

-¿Cuáles son sus vivencias como internacionalista?

-Salimos para Angola en el año 1976. Supuestamente la guerra en Angola había concluido. Nosotros fuimos la primera brigada civil que fue a trabajar en Angola. Realmente fue una experiencia heroica. Cuando nos despidieron en el aeropuerto nos explicaron que había muchas probabilidades de que no regresáramos. Íbamos para la zona sur, exactamente a Huambo, lugar muy reaccionario que era donde radicaba Jonas  Savimbi, líder máximo de los angolanos en el sur.

-Tales eran las circunstancias que los trabajadores del hospital pertenecían a la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA). Si las Fuerzas Armadas Populares de Liberación de Angola (FAPLA) te detectaba que tenías un carnet de la UNITA te mataba. Aun sabiendo eso, ellos lo tenían encima por el respeto que le tenían a Savimbi. Sin embargo, era totalmente reaccionario a los intereses que tenía Angola cuando nosotros fuimos allá.

-Recuerdo muchas anécdotas, pues nunca me imaginé ver niños que morían por tuberculosis o sarampión, ni asistir a niños con parálisis de miembros inferiores debido a la poliomielitis o atender bebés desnutridos. Desde el punto de vista médico, esto fue una escuela.  Nunca pensé que me iba a encontrar con estas enfermedades alguna vez en  mi vida. Realmente eso está muy alejado de la realidad cubana. La estancia en Angola marcó mi vida.

-¿Cómo valora su entrenamiento en la República Democrática Alemana?

-Estuve dos meses de entrenamiento en un hospital pediátrico en Alemania en el año 1986 y fue muy instructivo. Confrontar el desarrollo de Alemania con lo que yo conocí en Angola fue completamente distinto. Un país socialista en aquel momento con muchas posibilidades de desarrollo, altos niveles de educación y disciplina. Algo llamativo en Alemania es que no había acompañantes, los niños ingresan solos, los hospitales no tenían guardias de seguridad. Usted sabía que la entrada al hospital era a las 3:00 de la tarde y a esa hora entraba y a las 4:00 de la tarde se iba y el niño se quedaba solo con la enfermera y con el médico.

-¿En qué año comienza a trabajar en el Pediátrico de Matanzas?

-Terminé la residencia en el año 1979 y desde esa fecha hasta ahora he estado trabajando en este Hospital Pediátrico porque cuando me gradúo de especialista me quedo aquí. Estuve un tiempo pequeño de director del Neumológico, que era un anexo del Pediátrico. También me vinculé con la Universidad en una etapa de aproximadamente ocho años, allí me desempeñé como vicedecano de la Universidad. Nunca perdí el vínculo con la Pediatría. Yo venía por la mañana, pasaba visita, en la tarde me iba para la universidad y luego, hacía guardia.

-¿Cómo considera el trabajo de la Sala Miscelánea, hoy Sala A?

-Ha sido un trabajo dedicado a atender al paciente y como docente, no se puede desvincular un trabajo del otro. También se puede calificar como un trabajo regular y sistemático, como es lógico superándome. Hoy no soy el mismo que cuando empecé en el área clínica. Además, no basta con el deseo de ser docente o tener ciertas aptitudes para la docencia. Tienes que utilizar un grupo de herramientas que si no las tienes, se hace muy difícil. Uno tiene que dominar conocimientos de didáctica, de pedagogía, de metodología de la investigación, sino te quedas detrás.

-¿En qué consiste el método clínico?

-El método clínico es la aplicación del método científico en el trabajo con el paciente. Por eso a veces uno no concibe que un estudiante que termine la carrera de Medicina no sea capaz aún, sin conocer metodología de la investigación, de enfrentar un problema científico. Cuando tienes un paciente, que lo ves por primera vez y aún no conoces el diagnóstico, lo primero que como médico debes hacer es analizar su situación problémica y extraer lo más importante; hacer un resumen sindrómico. Vas de lo singular del paciente a lo particular. Esto con el objetivo de reducir las posibilidades diagnósticas.

-De ahí llegamos al diagnóstico presuntivo que no es más que la hipótesis de una investigación. Es entonces cuando comienzas a buscar las vías de cómo confirmar el diagnóstico.  En este momento comienzas a preparar los exámenes complementarios que te llevarán a confirmar o no el diagnóstico. Una vez confirmado este tienes dos caminos: comunicarlo en el colectivo de trabajo y por otra parte, si es un caso interesante, lo publicas.

-Resulta muy contradictorio que alguien se gradúe y que no sepa enfrentarse a un problema científico, porque eso te da la idea de que durante su etapa de formación esto no se interiorizó, lo vio desde lo externo y por lo tanto le cuesta más trabajo. También puede ser que se vaya adquiriendo esta forma de trabajo, en la medida que estudies la metodología de la investigación.

-El método clínico se puede definir hoy como ciencia con eficiencia. Es decir, aplicando el método científico, logres llegar al diagnóstico de la entidad y tratar al paciente con los menos recursos posibles, pues utilizaste un método adecuado. Si logras interiorizar eso, cuando eres estudiante de Medicina, lograste uno de los objetivos fundamentales en la formación, de lo contrario, terminas la carrera, te haces médico, pero con un grupo de deficiencias importantes. También se puede ir ganando con los años de trabajo, pues cualquier graduado universitario necesita la superación y el estudio constante.

-¿Qué ha significado la doctora Xiomara Casals para usted?

-Estudiamos la carrera juntos y en cuarto año regresamos a Matanzas. Xiomara hace Microbiología y yo Pediatría. Hace unos días cumplimos 50 años de casados. Tenemos una familia muy bien estructurada.

-¿Qué le gusta leer a Vidal?

-Autobiografías de personajes importantes de la historia y soy lector de todo lo que sea bueno o, mejor dicho, que yo considere bueno.

-¿Qué películas le gustan?

-Me gusta mucho el cine cubano, primero porque uno de sus objetivos esenciales es recrearte y pasar un buen rato. El cine cubano permite al público dar diversas lecturas y llegar a la esencia de lo que quiere el director o el guionista. Hay películas clásicas, que marcan un antes y un después. Este el caso de Fresa y Chocolate y muchos otros filmes de esa época que están comprometidos con la realidad cubana.

-¿Qué virtudes valora más en las personas?

-Responsabilidad, honestidad, la amistad. Esas amistades que se forman a lo largo de la vida, que aunque se ven poco, pero un día se ven y siguen siendo las mismas personas, porque están ahí, tú sabes que están. Los vínculos familiares te tocaron, sin embargo, la amistad es otra cosa, tú la buscaste, llegó y te comprometiste con esa persona de una manera sin tener en cuenta sus ideales, su posición política. Tú puedes tener una posición política diferente a la mía y, sin embargo, ser mi amigo, ahí entra la diversidad, aceptar la diversidad, porque si no se acepta la diversidad, no puedes entender muchas cosas.

-¿Qué le gusta hacer en el tiempo libre?

-Leer, seguir estudiando, eso forma parte de uno, es muy difícil desvincularse del estudio constante y también me gusta ver la televisión, el cine o el teatro.

-¿Por qué Vidal no se ha ido de Matanzas?

-Aunque pude irme de Matanzas en varios momentos, decidí quedarme, pues aquí nací, aquí hice mi familia y aquí debo terminar mis días.

-¿Hablemos un poco de los valores?      

-Con sentimientos de miedo, culpa, poder y apego se fue formando la humanidad. Al carecer de conocimientos, el miedo se convertía en la esencia. Desgraciadamente el hombre se desarrolla, pero sigue con ese tabú. El sistema con que se educa a los hombres parte del miedo, de la culpa y aplicando el poder. A cualquier nivel, al familiar. La familia lo utiliza, pues no conoce otro método.

-Los valores, cuando los aprendes son externos, son valores formales. Estás en la dicotomía de ser sancionado cuando haces algo o te corroe la culpa por determinada actitud. El valor se convierte en un valor formal, externo, compulsivo. Para que el valor sea por convicción tiene que estar en armonía el sentido personal, lo afectivo y lo cognitivo. Lo que yo piense, coincida con lo que yo siento y con lo que yo hago. Cuando esa triada se rompe, el valor funciona externamente y no existe armonía, pues estás haciendo algo diferente a lo que sientes y a lo que piensas.  Cuando el hombre rompe con el miedo, sencillamente es libre. Esta es la esencia de la incorporación de los valores.

La única manera de enfrentar estas contradicciones es educar con amor. Un profesor que no respete el criterio de sus estudiantes y piense que con tener el poder va a imponer el respeto, está perdido. No puedes ser el único que tiene la razón. El estudiante es libre de decir lo que siente. El estudiante debe pensar, no con el pensamiento lógico formal, sino como una unidad dialéctica, en sistemas. De lo contrario es un pensamiento dogmático. Con los estudiantes se aprende todos los días. Si no se logra eso, no se logrará que el estudiante te respete y mucho menos que te quiera. Se convierte en alguien que por compromiso va a tus clases.

-¿Cómo ha sido su labor como docente?

-Ha sido una labor dedicada a la enseñanza y al aprendizaje de los estudiantes. Siempre he estado vinculado con la docencia desde que era estudiante de Medicina. En los años que llevo como docente me he dado cuenta de que los estudiantes tienen que ver en su profesor a alguien que piensa, siente y actúa armónicamente, de lo contrario es desastroso.

-Algo fundamental es enseñarle al estudiante a autoevaluarse. Cuando el profesor pide la autoevaluación está formando dos valores: responsabilidad y honestidad. Los valores se aprenden con acciones, no con discursos ni elementos fríos. El profesor debe establecer un diálogo con el estudiante y comprometerte con él.

El doctor Lázaro Arturo Vidal Tallet es uno de esos hombres con los que uno disfruta conversar. Su experiencia y sabiduría lo convierten en referente obligatorio de la Pediatría en Matanzas. La humildad, carisma e inteligencia para hablar de su vida hicieron de esta entrevista un momento mágico, un encuentro para aprender de ética y valores; por eso sin lugar a dudas el doctor Vidal es fe de vida.

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