Con una pizca de amor y grandes dosis de interés

La formación de los jóvenes atletas resulta clave en el desarrollo deportivo de la provincia, pero ¿qué sucede cuando las ganas sobran y son escasos los recursos? ¿Qué hacer cuando no solo las carencias, sino el interés de los responsables se notan ausentes de los centros de formación deportiva? O peor aún, ¿a quién culpar de las faltas cuando varios organismos responden por la institución?

Varias centros educacionales relacionados con el deporte en el municipio de Matanzas muestran hoy pésimas condiciones que influyen de manera negativa en el proceso educativo. Por solo citar dos ejemplos haremos énfasis en las aulas anexas a la Escuela de Profesores de Educación Física (EPEF) José Alfredo Sosa Morales y al terreno en activo más antiguo del mundo, el estadio Palmar de Junco.
En la aulas anexas, responsables de impartir la docencia a estudiantes de décimo, onceno y duodécimo grado, está lejos la comodidad, tanto de los profesores como de estudiantes, pues resulta imposible concebir una clase durante un día lluvioso. No creo probable impartir una asignatura y estar pendiente de las precipitaciones que se internan en el aula por el techo y las ventanas, atender a la profesora mientras el sol hace nido en el brazo, la frente o la espalda o contar solo con dos libretas y un lápiz que quedaron del curso anterior. Estas son solo algunas de las dificultades que los aquejan.
Mientras tanto, los peloteros de la categoría juvenil asisten cada tarde al Palmar de Junco, ese lugar donde la hierba crece libre sobre la grama, la chapeadora no llega y cuando lo hace transita sobre el terreno fangoso dejando surcos que se convierten en huecos sobre los cuales es imposible correr para alcanzar un fly. Más allá de las condiciones de la academia donde se albergan dichos jóvenes, la falta de aparatos en el gimnasio o de implementos para el juego, la alarma se enciende, pues hablamos de historia viva, no solo de deportes, ¡es el terreno del legendario Palmar de Junco!
Y me pregunto una vez más, ¿a quién asistir para buscar respuestas? Son tantos los que deben velar por el cuidado de estos dos centros que aún no deciden quién arreglará los problemas. Propongo la unión de todos, con un poco de presupuesto, una pizca de amor y grandes dosis de interés podrán brindarle el mínimo de condiciones a dos grupos de trabajo, que aún con enormes carencias llenan de orgullo a Matanzas por sus resultados.






