El cigarro y la reventa, dos vicios que debemos dejar

Entre todas las carencias que vivimos producto de la pandemia hay una que llamó particularmente mi atención: la ausencia de cigarros en las tiendas matanceras, específicamente de las marcas H.Upmann y Popular. Otras como Hollywood, Dunhill y Cohíba aparecen esporádicamente en alguna que otra tienda.

Bastó con dar una vuelta por la ciudad para ver que el problema era general. Pero después de algunas llamadas a colegas en las emisoras municipales, la situación alcanzó niveles provinciales. Las dependientas incluso reconocían que no recibían cigarros desde hacía aproximadamente un mes, si la memoria no les fallaba.

Lo curioso es que el cigarro no desapareció del todo y lo pude comprobar al acudir al mercado cuentapropista. Ahí estaban las cajas extraviadas. Al alcance de mi mano tenía todo el H.Upmann que quisiera comprar, lo que su precio se elevaba de 24,50 pesos a 30 y en ocasiones a 35. También había cigarro Popular de todos los colores y tamaños con similar aumento en el coste.

Pero el asunto no quedó ahí. Si se camina un poco por Matanzas nos podemos encontrar con incluso más vendedores de cigarros: el viejito que vende café a tres pesos y que ya de paso te vende los cigarros sueltos, donde un H.Upmann puede costar entre 3.00 y 4.00 pesos. O ese joven que te recarga el gas de la fosforera y que te brinda la oportunidad de probarla comprándole una caja de Popular rojo a 35 pesos.

Aquí les dejo una tabla de cómo se comportó la relación de precios entre tiendas estatales y cuentapropistas en nuestro pequeño recorrido por la ciudad de Matanzas. 

Cuando le pregunté a uno de estos revendedores por qué subían tanto el precio del cigarro en comparación con el precio original de las tiendas, me respondió que todo era culpa de la oferta y la demanda. En otra ocasión la respuesta fue que todo estaba caro y que él necesitaba vivir.

Por suerte esas personas cuando van al médico los atiende un profesional que no entiende de oferta y demanda, sólo de salvar vidas. O cuando mandan a sus hijos a las escuelas a esos maestros que les dedican el día a prepararlos, para los cuales la vida también está cara.

Nuestra economía no puede caer en manos de personas que revenden sin generar ningún valor agregado a los productos y solo están al tanto de cuándo entran las mercancías a las tiendas estatales. Mientras el resto trabaja y produce. Es cierto que el cigarro es solo un ejemplo y que a la larga es un vicio que se puede y debe dejar. Pero la reventa y el lucro a costa del trabajo de otros es un freno enorme a nuestras aspiraciones de un país mejor.

Infografía y fotos: Félix González Pérez

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