Partido Revolucionario Cubano: un aliento de resistencia y liderazgo

El 10 de abril de 1892 José Martí proclama el Partido Revolucionario Cubano, organización dirigente de la guerra de 1895. ¿Qué diferenciaba esta organización del resto existente? ¿Qué convergencias existen entre aquel de hace más de 120 años y  el que defendemos ahora?

Estudios  sobre el pensamiento martiano desarrollaron los catedráticos universitarios, doctor Arnaldo Zaldívar Leyva, el máster Ciro Labrada Silva y la licenciada Etna Noriega Rodríguez, a partir de un trabajo investigativo titulado: La concepción martiana del Partido Político Revolucionario.

Se plantea que el juicio martiano parte de su composición dentro del pueblo cubano, lo cual deriva en su participación activa en la vida del partido y en la política trazada por este, la que tiene en cuenta los intereses y aspiraciones de las distintas clases y grupos sociales etno-raciales. Por eso planteó: “nada son los partidos políticos si no representan las condiciones sociales”.

En la investigación se enfatiza en que el Maestro concibió un partido libre de todo tipo de ambición personal, con una extensa base popular, regido por una amplia democracia, consultante en mi criterio, con una estrecha unidad de intereses entre el partido y las masas.

En sus textos Martí indica: “Y cuando se amasa un partido político libre de todo interés de persona para convertir a la tarea de fundación de los elementos que tantean, ineptos, en el disimulo y el desorden; para levantar la Patria a escuadra y a nivel por lo torcido de los muros, para poner a la patria independiente cimiento de siglos, no es un partido en verdad lo que se amasa, sino un pueblo”.

En la investigación, los profesores precisan que “ante la tendencia anexionista existente en parte de la oligarquía terrateniente cubana y en la ambición expansionista de los Estados Unidos, Martí concibe también la idea del partido político revolucionario que organizara una guerra rápida, justa y democrática, que culminara con la fundación   de   una   república   democrático-burguesa   avanzada   que   impidiera   la expansión  de  los  Estados  Unidos  sobre  Cuba  y  las  demás  Antillas.”

Nos movemos en aguas en que diferentes corrientes tratan de levantar en vilo arcaicas concepciones anti-independentistas, de brutal escarnio a los valores patrios, con el apoyo de quien Martí consideraba el enemigo mayor. De ahí la importancia de mantener bases inexpugnables en las filas del actual Partido Comunista de Cuba, bajo el legado de nuestro Comandante en Jefe, tan martiano y preclaro en sus principios.

La visión del Apóstol, de plena vigencia, se extiende en su claridad a plantear precisiones de compromiso y comportamiento en la formación de la militancia, cuando dice a los miembros del Partido Revolucionario Cubano: “a nuestras  fuerzas  se  les  tratará  de  manera  que  se  vaya  fomentando en ellas, a la vez, la disciplina estricta y el decoro de hombres, que es el que da fuerzas y razón al soldado de la Libertad para pelear; no se perderá ocasión de explicarles en arengas y conversaciones, el espíritu fraternal  de  la  guerra,  los  beneficios  que  el  cubano  obtendrá  con  la Independencia, y la  incapacidad de España para mejorar la condición de Cuba y para vencernos.”

Y como precisa el estudio investigativo de esta plataforma martiana, “con esta Circular,  Martí  inicia  el  proceso  de  un  trabajo  político, como se diría hoy, encaminado al fortalecimiento de los ideales de las fuerzas mambisas y de preparación de la República, pues perseguía el objetivo de preparar a los soldados para la guerra y para la República.”

Arribamos al octavo Congreso del Partido Comunista de Cuba, en tiempos sumamente difíciles, tanto por la duración de la Pandemia a nivel mundial y del país, como por el acoso genocida del imperialismo con su injusto bloqueo y la existencia en lo interno de mecanismos y mentalidades que ralentizan nuestro desarrollo, ante lo cual el trabajo de la militancia es titánico.

Sin embargo, en mi opinión, se  siente en las filas partidistas un aliento de resistencia y liderazgo, que se fundamentan en el convencimiento de la justeza de nuestra lucha, superior a cualquier concepto contrario a la soberanía de la Patria. Hay mucho por hacer y el Partido reafirma su lugar cimero en la conducción de nuestra sociedad, como lo concibieran Martí y Fidel, a lo largo de estos años de intenso combate.

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