Levantamos la barrera de muchos años

Tengo un amigo de los años que no simpatiza con el proyecto social
cubano. Siempre que nos vemos conversamos mucho, pero el tema de
la política está vetado entre nosotros. Nos unen lazos de amistad que no
debemos estropear, ya que no nos entendemos en esa materia.

Hacía algún tiempo no conversábamos, la covid nos distanció, pero la
amistad está firme. Ayer nos vimos y me dijo: “Quiero levantar la
barrera y hablar contigo de política, no te atrincheres porque estoy
convencido de que vamos a estar de acuerdo”.

Mi respuesta no se hizo esperar y le respondí: «Si tú lo prometes,
recuerda que por muchos años no se ha quebrantado ese acuerdo». Me
imaginé una conversación larga y tortuosa.

“Voy a ser directo, me dijo, tú sabes cuál es mi posición, pero estoy
asqueado de todas esas vulgaridades y palabras obscenas que utilizan
esos individuos para atacar la Revolución por las redes sociales. Yo
quiero un cambio, me dijo sin tapujos, pero un cambio que involucre a
personas que me representen y que pueda confiar en ellos, no esa turba
de delincuentes mal hablados y sin proyecciones serias.

“Qué persona educada, con nivel y con un poco de sentido común puede
seguir a esos sicarios y mercenarios. Mira, conmigo que no cuenten,
porque no los apoyo”.

No me dejó responderle, tan pronto concluyó su monólogo me expuso:
«Vamos a bajar la barrera nuevamente». Acepté, nos tomamos un trago y
me dijo: “Brindemos por esta amistad verdadera y duradera”.

Respeté el no querer hablar sobre el tema y volvimos a nuestras
charlas de siempre: los recuerdos de juventud, la familia, los hijos,
nietos, la covid y de otros asuntos de los que hablan los amigos que
se aprecian y respetan.

Cuando se fue le dije a mi esposa: «Cuán oprimido está ese corazón
para que se expresara de esa forma, no lo había visto, ni escuchado,
tocar un tema con tanta fuerza».

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