Miriam, la camarera de Varadero
Para Miriam González Verde no existen diferencias entre la habitación de un hotel cinco estrellas de Varadero y la sala de terapia intermedia del hospital pediátrico Eliseo Noel Caamaño, en la ciudad de Matanzas. Ella le pone amor a todo lo que hace.
“Siempre me esmero en lo que hago, no importa donde esté”, confiesa la camarera de piso del hotel Iberostar Bella Costa, en el principal balneario cubano.
Dos décadas en el turismo le han enseñado a Miriam la magia que habita en hacer bien las cosas. Leal a esa máxima, disfruta dejar bellamente dispuesta una sala donde llegó en enero de este año.
“Trato de sobreponerme a este cambio de labor. No es fácil estar rodeada de niños enfermos”. No pocas veces la realidad la vence y termina con el corazón roto. “Estoy acostumbrada a trabajar donde la alegría es lo normal. Aquí no, aquí se hospeda un poco de dolor”.
La actitud de Miriam de ser reubicada en otro sector es la misma de decenas de hombres y mujeres de la industria de ocio de la provincia de Matanzas, que aportan donde más se le necesite, pondera Maylén Alemañi, secretaria general del Sindicato provincial de la Hotelería y el Turismo (SPHT).
“Me siento muy útil aquí, pero no puedo ocultarlo, extraño a mis compañeros, el ajetreo de mi hotel, el sube y baja de piso con las ropas de cama para hacer las habitaciones y hasta el cansancio tan grande con que termino un día de trabajo. Ese es mi mundo”.
El nefasto impacto del nuevo coronavirus en todos los ámbitos nadie lo olvidará, de eso está convencida Miriam, sin embargo cree que después de haber estado tanto tiempo fuera de lo que hacemos, al regreso, “la gente cuidará más el trabajo”.
Neysi y Regla, otras dos camareras de Bella Costa, también están en el hospital pediátrico. “Tenemos compañeros en Comunales, la Construcción, en cualquier parte, porque no le tenemos miedo al trabajo, pero la Covid-19 nos apartó de nuestra cotidianidad laboral. Vino a cambiarlo todo, a quitarnos mucho, a privarnos de lo que mejor sabemos hacer en afectos que es dar cariño, abrazarnos, besarnos”.
Tanto el tiempo que estuvo sin trabajo como al momento de su reincorporación, han sido notables las atenciones del sindicato y de la dirección del hotel Iberostar Bella Costa, muy en particular, pondera, el gesto de dotarla de los medios de protección. “Nos siguen cuidando y eso nunca podremos olvidarlo”.
Después de terminada su hora de descanso, Miriam sube las escaleras que conducen al interior de la institución sanitaria. Antes de su despedida, expresa su deseo del fin de la pandemia y el retorno a la normalidad y “sí, que vuelva el turismo, para la que economía del país avance y yo regrese a mi trabajo.”
Mientras tanto, afirma, la sala de terapia intermedia del hospital pediátrico de Matanzas tiene que lucir tan limpia o más que la mejor habitación de cualquier cinco estrellas de Varadero. “Mi trabajo es mi pasión”.


