La primera cita

Con un pomito de agua y un nailon amplio por si llovía salió mi abuela Clara hacia el consultorio del Médico de la Familia en Paso del Medio; antes de tomar el rumbo mi abuelo Roberto se cercioró de que el sombrero estuviera limpio y el reloj con buen tiempo para llegar a la cita, porque en la intervención sanitaria se participa voluntariamente, pero es un proceso organizado.

A la sombra del portal, en espera del turno para recibir al candidato vacunal Abdala se encontraron con personas con las que hacía rato no coincidían; realmente no hablaron mucho, aunque lo saben, les advertimos en casa sobre mantener las distancias y no quitarse el nasobuco.

Allí estaba Oria, la maestra que a muchos del barrio nos enseñó a leer y a escribir; la lúcida Onelia, que con 97 años recuerda cuáles fueron las primeras casas construidas en la comunidad; Elsa, la laboratorista jubilada, y frente al matrimonio de 57 años de mis abuelos, Esther y Jesús, otra pareja consagrada que entiende el valor de hacer las cosas importantes juntos.

En la mañana no pocos pacientes apelaron al té para calmar la presión arterial, tal vez por eso en la tarde calurosa del lunes reciente las enfermeras saludaron con tranquilidad y sondearon los estados de ánimo para diluir tensiones y evitar retrasos.

Realmente me alegró no ver encendidos los cachetes de mamá Clara, buen indicio de su tranquilidad; papá Roberto igualmente se mostraba sereno, tal vez porque antes de la convocatoria médica no dejó de sembrar algo en la tierra como todos los días. Creo que fui yo la más aliviada cuando la doctora confirmó que todo estaba en orden, creo que ni pestañearon cuando las agujas rompieron sus pieles y pusieron la ciencia en sus hombros.

La aguja no era tan grande como se veía en el televisor, no es verdad que duele como algunos dijeron, fueron comentarios coincidentes entre los vacunados. Una hora tras el pinchazo papá Roberto se mantenía con buena temperatura y adecuada presión arterial, mamá Clara debió aguardar 30 minutos más porque parece que se emocionó un poquito.

Aunque el cielo se nubló retornaron a casa sin tener que usar el nailon amplio que llevó mi abuela, pero lo dejó a la vista para volver a llevarlo al consultorio dentro de dos semanas. El 14 de junio recibirán la próxima dosis, bonita fecha para reencontrarse con Abdala.

2 comentarios

  • Yenli, ¡qué lindos tus abuelos! Tan junticos después de 57 años. Yo creo que esos amores, ese respeto por la pareja, por la familia, ya no existen. Admiro tu amor por la tierra donde descubriste el mundo, tu sentido de pertenencia, ese asumir tu origen campesino… Linda crónica, Yenli, como deben ser las crónicas: salidas del alma. Si cada cual escribiera sobre las emociones que despiertan los hechos en uno, estas páginas fueran mejores. Besos para Clara y Roberto, me recordaron a mi abuela con eso de «…un nailon amplio por si llovía». ¡Benditos los abuelos!

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