Raúl es Raúl

“Y que nadie lo dude, mientras viva estaré listo con el pie en el estribo para defender a la Patria, a la Revolución y al Socialismo”. Estas emocionantes palabras pronunciadas por Raúl Castro Ruz en el VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) exponen, sin lugar a dudas, la verdadera magnitud y las cualidades del General de Ejército, un hombre cuya vida ha sido un eterno batallar, al decir del escritor Abel Prieto Jiménez y que justamente hoy celebra sus 90 años de edad.

Durante su intensa y fructífera vida destaca como combatiente guerrillero, dirigente político, estadista y jefe militar.

Desde el comienzo de la lucha armada para derrocar a la dictadura de Fulgencio Batista, Raúl fue el más fiel de los compañeros de su hermano Fidel, el mejor discípulo del eterno Comandante en Jefe y líder histórico de la Revolución.

Cuentan sus allegados que pocas veces Fidel y Raúl se separaron. Siempre juntos por la admiración, el respeto mutuo, el cariño y las ideas. Muchas batallas unirían a estos hermanos de sangre, de pensamiento y de acción: el Moncada, la prisión en Isla de Pinos, México, el Granma, la Sierra Maestra y luego, en la obra de trazar el camino de la Revolución triunfante y preservar con éxito el destino soberano de Cuba.

Raúl Modesto Castro Ruz, quien nació el 3 de junio de 1931 en Birán y fue el menor de los siete hijos del matrimonio de Ángel Castro y Lina Ruz, no buscó protagonismo. Realmente hizo honor a su segundo nombre y con proverbial modestia nunca aceptó ser comparado con Fidel, pero sus cualidades, su valor a toda prueba y sus logros al frente del Partido y la Revolución resultaron también sorprendentes en tiempos particularmente complejos y difíciles.

Como lo enfatizó en el 8vo. Congreso del PCC el presidente Miguel Diaz Canel Bermúdez, “los aportes de Raúl a la Revolución son trascendentes…”: su loable desempeño como ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el legado de resistencia que demostró siempre ante las constantes agresiones y amenazas. Cuando asumió la dirección del país demostró su dimensión de estadista al encabezar, impulsar y estimular profundos y necesarios cambios estructurales y conceptuales, como parte del proceso de perfeccionamiento y actualización del modelo económico y social cubano.

 

Con sabiduría condujo hechos importantes para la nación, como el regreso a la patria de los Cinco Héroes, tal y como lo había prometido Fidel; el restablecimiento de relaciones diplomáticas con EE.UU. y la visita a la Isla del exmandatario norteamericano Barack Obama; la partida física del Comandante en Jefe y sus honras fúnebres; el debate popular y la aprobación en referendo de la nueva Constitución, entre otros procesos complejos de alta política.

Al dolor humano supo anteponer el amor revolucionario y el sentido del deber, besó la urna que guarda las cenizas de Vilma, saludó militarmente la piedra que abriga las de su hermano Fidel y dirigió el país sin descanso y con devoción.

Raúl es Raúl y los hombres como él conquistan el corazón de quienes saben reconocer a los auténticos combatientes, por su coraje, lealtad, firmeza de principios, honestidad, su entrega y dedicación a las causas justas.

El siempre General de Ejército celebra hoy su onomástico con el respeto y la admiración de su pueblo. Merecido homenaje a este gran líder revolucionario, cuyo nombre está ligado para siempre a la historia de Cuba.

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